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'En la guerra no hay buenos': Salcedo sobre Goya en Fragmentos

1 sept
6 min de lectura
Doris Salcedo en la exposición 'Los desastres de la guerra', en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria. Cortesía de Liz Mariam Portocarrero Hurtado / Fragmentos.
Doris Salcedo en la exposición 'Los desastres de la guerra', en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria. Cortesía de Liz Mariam Portocarrero Hurtado / Fragmentos.


DIEGO ANDRÉS GUERRERO

Editor

ARTERIA


Pocas imágenes del arte occidental conservan hoy la capacidad de interpelarnos como lo hacen Los desastres de la guerra, de Francisco de Goya. Creados entre 1810 y 1820 como respuesta a la invasión napoleónica, estos ochenta grabados no buscaron jamás la exaltación patriótica ni la crónica militar neutral; por el contrario, Goya dirigió su mirada hacia la degradación de la vida, el sufrimiento de los cuerpos y la dolorosa normalización de la crueldad desde el lugar de quienes la padecen.


¿Les suena? Si es así, es porque, más de dos siglos después, tenemos la conciencia de que los cuerpos siguen cayendo por efecto de unas armas cada vez mejor desarrolladas, a diferencia de la ética.


Esa idea es la que convoca ahora a Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria en la exposición 'Los desastres de la guerra', la cual propone un diálogo entre los famosos grabados de Goya y el contramonumento creado por Doris Salcedo. 


La exposición se abrirá el sábado 5 de septiembre y presenta, además, poesías de Ósip Mandelshtam (El Siglo), Warsan Shire (Casa), Miguel Hernández (La Guerra), Najwan Darwish (Exhausto en la cruz), Paul Celan (Canción a una dama en la sombra), Piedad Bonnett (Pido al dolor que persevere) y Mahmud Darwish (La tierra se estrecha para nosotros).


También habrá un ciclo de acciones corales que transformarán el espacio en un territorio de reflexión viva.

ARTERIA habló con la artista Doris Salcedo sobre el peso de las imágenes, la memoria como resistencia y la persistencia de la violencia en el mundo contemporáneo.


Muestra de grabados Los desastres de la guerra, de Francisco de Goya, en Fragmentos. /Diego Guerrero-ARTERIA
Muestra de grabados Los desastres de la guerra, de Francisco de Goya, en Fragmentos. /Diego Guerrero-ARTERIA

ARTERIA: Doris, ¿por qué hay que volver a ver a Goya?

Doris Salcedo: Porque Goya es infinito. Es un artista tan complejo que se convierte para muchos artistas en ese faro: él es a donde hay que llegar, porque desafortunadamente las condiciones que marcan la vida de Goya son muy parecidas a las que nos marcan a nosotros. Goya era un ilustrado que creía en la razón, que creía en el progreso.


Se emociona profundamente con la Constitución de 1812 —en la que el poder residía en la nación y no en el rey, y se dividían los poderes— y con todos los decretos de Cádiz de 1814, para luego caer en esa gran desilusión, pues vuelve Fernando VII y con él la Inquisición, la religión...


Todos los horrores que Goya nos había anunciado ya en sus estampas y en toda su obra, no solamente gráfica sino pictórica. Yo siento que se agobia al ver que la Constitución de 1812 está anulada, como para nosotros, los colombianos, ver que el acuerdo de paz no se respeta.


— ¿Usted cree que es un momento similar?

— Ver el retorno con tanta fuerza de la religión, de los pastores en este momento, de la religión en la educación, genera muchos paralelismos, ¿no? Ver en este momento cómo la religión se toma la educación; ver que la guerra es infinita y que la violencia es infinita, que no termina.


En esta época, en la que vivimos tantas guerras —no solamente la nacional, sino tantas guerras internacionales—, ves que eso de que se acabe una guerra ya no existe. Se inventan unos ceses al fuego: un cese al fuego entre Israel y Líbano que nunca se lleva a cabo... Un cese al fuego en Gaza que evidentemente no se lleva a cabo. Nadie habla de terminar una guerra. Estamos en una época de guerra sin fin.


— ¿Le cambia algo a los grabados ser mostrados aquí?

— A los grabados no les cambia nada. Es que esos grabados son infinitos, extraordinarios, importantes y tienen un simbolismo vigente para cualquier ser humano, en cualquier parte del planeta.


Ahora, para nosotros, desde Fragmentos nos sentimos muy honrados de presentarlos para conmemorar los diez años del acuerdo de paz, y lo que yo quisiera que quedara es que, por un lado, está Fragmentos, que surge como producto de un acuerdo de paz donde se dio la oportunidad de fundir 37 toneladas de armas, desarmando a 13.000 guerrilleros, y que fue una obra realizada por víctimas de violencia sexual, violadas por hombres armados.


Eso es una opción, un camino de reconciliación, de reconstrucción, de posible comprensión, de invitación al diálogo, y es un testimonio de lo que los colombianos podemos hacer. Ya lo hicimos una vez y lo podemos volver a hacer otra vez, si quisiéramos.


Y el otro camino, pues, es el de Goya, que es: mira lo que es la guerra. Si tú la miras con detenimiento, estás viendo cómo los españoles han descuartizado a los soldados franceses porque, a pesar de que los cuerpos están desnudos y desmembrados, tienen un bigote que era característico del ejército francés; entonces ahí podemos discernir que eran franceses.


A pesar de que Goya está criticando la invasión napoleónica, esta crítica no es a los franceses, sino a la brutalidad de los españoles. Entonces es maravilloso, porque no hay nacionalismo. Nos dice que en la guerra no hay buenos, en la guerra solo hay malos.


— Cuando en la actualidad tenemos —y ya desde hace décadas— imágenes en las que podemos ver los horrores de la guerra y que, al menos antes de las redes sociales, eran hechas por profesionales del periodismo con la intención de alertar sobre ese desastre, resulta que nos acostumbramos al horror y ahora tenemos imágenes sin ningún filtro, muchas de las cuales parecen regodearse en la tragedia...

— Hay una cosa muy equívoca que se repite una y otra vez frente a Goya, y es que dicen que es un reportero de guerra. No, él no es un reportero de guerra que toma la imagen como la ve y la presenta.


La diferencia que tiene un artista genial como Goya es que hace una crítica que interpela al espectador. No es neutro, no es una pila de cadáveres. Ves a la víctima y al victimario, o ves a la niña que llora la muerte de su madre. Te está mostrando, te está componiendo las imágenes, él imagina.Entonces, hay una gran diferencia entre lo que el público puede venir a ver acá, que es ya una imagen creada, construida por una mente crítica que nos permite el análisis.


— ¿Cuál es su perspectiva actual luego de haber pasado por tantas etapas en Colombia y dentro de su obra?

— Yo nunca he sido una optimista y nunca he creído en las salidas fáciles ni en los caminos cortos ni en los atajos. Yo creo que estamos en un punto muy, muy bajo.

Siempre hemos estado así; conozco en detalle, he estudiado en detalle los horrores de la guerra en Colombia, y creo que de ahí nos demoramos mucho tiempo en salir, estamos hablando de generaciones. Es decir, nunca aspiré a ver en el corto lapso de una vida alcanzar a ver una transformación social, nunca lo esperé en el plano nacional.


Siempre me imaginé que, digamos, los asesinos tienen un impacto no solamente en sus víctimas, sino de pronto también en sus hijos. Nosotros venimos de una generación que tuvo muchos asesinos, y esas generaciones de asesinos tuvieron muchos asesinos atrás... Yo nunca tuve tanta esperanza y creo que trato de insertarme en una genealogía de artistas que trabajó la política con cierto realismo.


Donde sí me tomó por sorpresa es en lo internacional, porque yo creía cuando era joven que Colombia era un país terrible, del tercer mundo, que de pronto, si nos educábamos y trabajábamos con juicio, íbamos a convertirnos en segundo mundo y, eventualmente, en primero, y que iba a haber un progreso.


Ahora que ya soy viejita entiendo que lo que ocurrió fue lo contrario: una involución del primer mundo que se parece cada vez más al tercer mundo. Entonces, una obra que yo hacía cuando era joven pensando que era local, que tocaba unos temas puramente locales, en este momento, por desgracia, toca temas universales.


— A lo mejor siempre fue así y no sabíamos...

— Yo creo que siempre fue así, que siempre estuvo esa posibilidad, pero yo era lo suficientemente joven como para tener esa esperanza. Yo creo que cuando uno es joven necesita tener la esperanza de que esto va a mejorar; ahora vemos que es lo contrario y, pues, hay que seguir luchando.

  

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