Artistas de Pereira: la reconstrucción de sus talleres (y su vida) tras el terremoto
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Más de treinta y cinco mil viviendas resultaron afectadas según el último comunicado de la Alcaldía de Pereira luego del terremoto del pasado 10 de agosto de este año. El centro y sus barrios cercanos están entre las zonas más afectadas.
En esa entidad se calcula que la reconstrucción de la ciudad tardará al menos cinco años y el costo ronda los cinco billones de pesos.
Mientras la institucionalidad trabaja en el diagnóstico necesario para mitigar y superar la tragedia, muchos sobrevivientes de los barrios más afectados buscan maneras de replantear su cotidianidad. Cuatro artistas que tenían sus talleres en los barrios Providencia y Corocito, comparten su experiencia y su visión de las circunstancias.
Óscar Salamanca y Gladys Méndez
El pintor y docente universitario Óscar Salamanca y la ceramista Gladys Méndez tienen más de 30 años de trayectoria en el arte nacional. Su taller está en Corocito, un barrio de interés cultural y turístico cercano a la plaza central de la ciudad. Parte del techo se cayó.
Perdieron herramientas, materiales, obras -algunas comisionadas que debían entregar- y entre las pérdidas más sensibles para su labor están los hornos. Sin hornos no hay producción de cerámica.
"En una catástrofe como estas prevalece la vida. Nosotros somos muy afortunados porque el taller no es nuestra casa, pero hay colegas y gente del barrio que sí están enfrentando desgracias muy grandes. La casa de nuestros vecinos se vino abajo, por ejemplo", cuenta Salamanca.
Néstor Gómez y Juan Carlos Salcedo
Néstor Gómez y Juan Carlos Salcedo llevan más de diez años compartiendo taller. Se conocieron cuando estudiaban arte y desde que decidieron invertir para tener un espacio de trabajo lo han hecho en el barrio Providencia, uno de los más antiguos y tradicionales de la ciudad, cercano al terminal y con acceso a la avenida Sur y a la avenida Las Américas.
En términos de tradición, podría ser comparable con el barrio La Soledad, en Bogotá; con Laureles, en Medellín, o con San Antonio, en Cali.
Hoy es uno de los sectores más desolados tras la emergencia, más de 30 viviendas colapsaron y varios edificios debieron ser desalojados. El taller de Néstor y Juan Carlos estaba más enfocado en dibujo, pintura y muralismo.
"Esto es muy extraño… nosotros nos hemos enfocado en tratar de ayudar a otras personas, en mi cuadra una vecina perdió la vida, por ejemplo… esas son tragedias de otra dimensión. Yo casi que vine a caer en cuenta que no tenía taller, el domingo (luego del terremoto), cuando mi hijo me dijo que nos fuéramos a hacer tareas allá, porque el taller también era un espacio donde compartíamos eso, una especie de burbuja de creación", expresa Salcedo.
La pérdida de lo cotidiano

Todos los artistas entrevistados coinciden en que sus talleres eran lugares de encuentro, espacios en los que varias personas iban a pensar y crear. Algunos de ellos impartían clases, otros simplemente pasaban todo el día en compañía y diálogo con sus creaciones.
La ceramista Gladys Méndez lo considera un espacio sagrado donde las manos dialogan con la tierra, donde la gente se encuentra consigo misma y resuelve problemas. "Yo iba todos los días desde temprano para allá, hoy me siento muy extraña, muy desubicada".
Néstor Gómez también hace referencia al taller como espacio vital: "Si revisaran los tiempos en la vida de uno, lo que se ve es que el tiempo está invertido en el lugar donde uno duerme y el lugar donde trabaja. Hoy no contamos con el segundo, toca verlo como una oportunidad para agradecer y pensar un nuevo espacio".
El optimismo y la necesidad de procesar la tragedia de su ciudad mientras inventan nuevas formas de trabajar y crear, son otras características que comparten estos artistas.
Óscar Salamanca y Gladys organizaron una venta de bajo costo para recaudar algo que les ayudará a mitigar los daños. Néstor y Juan Carlos rescataron algo de materiales entre las ruinas y ya están retomando proyectos en estaciones de dibujo alternativas.
La psicóloga y comunicadora social-periodista Liliana Vásquez Peláez ha estado apoyando emocionalmente a distintas personas de Cali, Armenia y Pereira. Señala que, en general, para los artistas, situaciones como estas pueden presentar retos que por su estilo de vida pueden ser más fáciles de superar que para otras personas, mientras que otras situaciones les pueden ser más difíciles de afrontar.
"Los artistas son mucho más sensibles y suelen lograr lecturas más profundas de estas situaciones porque logran entender la fragilidad del ser humano y la fragilidad de todos. Entonces, por un lado, impacta muy duro, pero por el otro les permite entender que son capaces de volver a empezar cuantas veces sea necesario", dice.
De hecho, recuerda que dentro de los procesos de apoyo emocional "el arte es un camino para poder soltar y transformar los miedos, el pánico y la pérdida. Los artistas tienen las herramientas internas para expresar y transmutar esto".
Comenta que parte del proceso con las personas que asesora en la zona del terremoto es animarlas a coger colores y a dibujar "porque las artes ayudan a sacar mucho más fácil los temas traumáticos, expresar el miedo y cómo volver a empezar", dice la psicóloga.
Por otra parte, indica que para los artistas puede ser más complicado asumir redes que son de mucha ayuda en estos momentos. "A los artistas les cuesta mucho formar redes de solidaridad y de trabajo porque su trabajo es muy solitario y les cuesta pedir ayuda, integrarse a sistemas de subsidios del Estado y ese tipo de cosas".
Además de convertir la adversidad en un tema de sus obras que ayudan a gestionarse tanto a ellos como a la población, Vásquez ve como una ventaja el trabajo de los artistas visuales en la medida en que si logran movilizarse y organizarse colectivamente pueden organizar subastas, ventas de arte, creación de talleres con la gente con el apoyo de entes estatales como las alcaldías.
Vásquez hace notar un aspecto de toda esta situación que no es menor y es que las personas de Pereira parecen tener un dolor que es más fuerte que en otras partes -incluso que en Cali- porque todos los días les toca ver gran parte de su ciudad destruida.
Las personas que atiende se lo han dicho. "Tenían una ciudad hermosa, las vías pavimentadas, la jardinera y de pronto ver las casas derrumbadas como si les hubiera caído una bomba es un impacto visual y emocional muy duro.
Un día a la vez
Óscar Salamanca parece ser una muestra de eso que desde hace unos años han dado en llamar resiliencia y que en el Eje Cafetero suele nombrarse como pujanza o verraquera, confianza en sí mismos, fe o ganas de vivir y de crear, y de vivir el día a día mientras llega la acción del Estado.
Al reflexionar sobre la gestión estatal, Salamanca señala que a la crisis de la bolsa en 1929 se deben artistas como Jackson Pollock: "Estados Unidos creó un fondo para que los creadores no dejaran de crear como estrategia de recuperación".
Esto coincide con lo expresado por la artista y curadora pereirana Rosa Ángel cuando se le preguntó en este medio sobre por qué era importante pensar en la infraestructura cultural en esta emergencia: "Podemos reconstruir muros, carreteras y todo lo que esté dañado, pero para reconstruirnos como sociedad, vamos a necesitar de los espacios culturales".




