Teresa Carvallo pone en cerámica la vida cotidiana de las parejas (y muchas mujeres)
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Teresa Carvallo Rey (1954) estuvo de paso por Bogotá con una exposición de varias de sus piezas en cerámica en LA Galería.

Su primera muestra individual en Colombia (expuso en el año 2000 en el Museo de Arte de la Universidad Nacional en una colectiva en la que también participó Miguel Ángel Rojas), estuvo curada por Emilio Tarazona, compatriota suyo que, casi sobra decirlo, conoce ampliamente la obra de la artista.
La exhibición reunió obras de distintas etapas (inició su carrera oficialmente en los 90), que tiene como tema momentos cotidianos de la vida de la pareja y de la mujer, desde una perspectiva femenina.
Aparte de un conjunto de piezas masculinas y femeninas fragmentadas que evocan una orgía (ella misma lo señala) las demás son cuadros en cerámica con escenas hogareñas. La artista nunca recibió educación formal en arte y por eso -dice- escogió esa técnica, lo que parece un poco contradictorio porque la cerámica no es, precisamente, lo más fácil del mundo.

Perteneciente a una generación en la que el papel de la mujer era definido por comportamientos propios o impropios de una “dama”, decidió desde muy joven que no sería la que se quedaría en casa cuidando a sus padres -como al parecer le tenían planeado.
Por eso se casó. “Terminas metiéndote con un hombre peor de machista que tu papá. Nunca me interesó casarme porque ví otros matrimonios de mis amigas que me parecían fatales”, dice.
Por suerte sus hermanos (tenía cuatro) le pasaban libros de filósofos y así conoció a Simone de Beauvoir. “Fue un sentimiento increíble de libertad y ver que una mujer podía escribir lo que yo sentía.”
La falta de educación formal la suplió con visitar museos en Europa. “No estudié arte pero ninguno de los universitarios ha visto lo que yo he visto -pensaba-. Uno se acerca a una obra y se da cuenta de que tienen defectos, que nada es perfecto y es esa falta de perfección algo con lo que uno se puede identificar más, porque uno no es perfecto”, dice.
“Cuando regresé, conocí a Philip (su esposo), ya tenía hijos. Entonces, me metí a clases de cerámica y tuve la suerte de que, rápidamente, desarrollé unas esculturas pequeñas, de historias que me contaban las mujeres”.
El caso es que luego de una exposición, tuvo una buena crítica en un periódico lo cual le animó mucho para seguir adelante. “Me sentí estimulada para seguir adelante contando historias de lo que me contaban o de mi vida.
Puso una galería con su pareja: “en la galería, que se llamaba arte actual, hicimos bastante ruido, porque no pedíamos permiso de nada. Pintamos cerros, hicimos performances. Tuvimos mucha prensa también, ¿No? Al contrario, cuando vas contra lo establecido, llama más la atención que si repites siempre lo mismo. Entonces, como ya tenía un nombre, tuve acceso a exponer. “La primera muestra se llamó ‘sexo, punto de vista’, porque todo el mundo tiene un punto de vista frente al sexo”.

Luego hizo ‘Cero en conducta’, lo que habla de su postura temática. “Querían que me quedara en la casa como esas mujeres que son solteronas que se ocupan de los padres hasta el final . pero no contaron con mi sexualidad, que es lo que me ha hecho una persona libre, buscar ir en contra de lo establecido, en contra de lo que tienen contra las mujeres. Casi todas las religiones tienen la represión sexual a las mujeres. Por eso fui muy feliz en París, donde los hombres no son unos machotes”.
Aún así, y aunque muchos cuadros pueden tener guiños sexuales, insiste en que su obra no es sexual. “No sé por qué todo el mundo ve sexo aquí. Yo no lo hacía por sexo, mi intención no era esa, pero hasta mís hijos ponían trapos encima de los cuadros, los descolgaban cuando venían sus amigos.
Lo de la cerámica tiene que ver con cierta facilidad para ella. No tiene que luchar con sombras ni con el dibujo. “ Con la cerámica nunca vas a poder hacer lo que tú te imaginas y al final sale lo que es, lo que puedes.Lo que sale del horno siempre es una sorpresa. Todo lo he ido desarrollando sola. Entonces me dijeron: para ser artista hay que hacer cosas grandes. Al principio las hacía más grandes, pero eran pesadas y evolucionaron los tamaños para poder transportarlas. Luego la gente no compra la cerámica porque se rompe… el mármol se rompe y la madera… pero hay más prejuicios con la cerámica. No sabe que la cerámica es un producto caro”, dice
Al final, insiste, siempre ha contado historias y situaciones: “Una amiga me contó que tenía veinte años de casada y que el marido ya no la tocaba… pero dormían en la misma cama, Entonces hice una escultura con un texto que cuestionaba esa situación”.
Algunas de las piezas son fragmentadas en pequeños cuadritos como de azulejos, otros más grandes. y otras en mediano formato enteras. se ven parejas en una escena cotidiana, una mujer planchando la ropa, otra en una cama hablando por un celular… formas de mostrar los mundos hogareños de cada día, en una técnica que, contrario a lo que algunos piensan, dura años.
Revisado por el editor.




