El Salón de Arte Joven de la Galería Santa Fe: 35 años en obra

RÓBINSON TAMAYO
Periodista
ARTERIA
Hasta el primero de noviembre estará abierta la exhibición ‘De la casa al universo’ que reúne las obras ganadoras de la Beca del XVI Salón de Arte Joven de la Galería Santa Fe, con un poco más de mil metros cuadrados en el centro de Bogotá. La sede funciona como uno de los espacios más importantes para el arte contemporáneo de la ciudad.
En esta edición del Salón fueron seleccionados cuatro artistas: Salomé Rojas, Christian Snyder Moreno, Mateo Sánchez y Francia Villabona, quienes tuvieron casi un mes para crear el montaje mediante bolsa de trabajo de 16 millones de pesos cada uno.
Para que el Salón de Arte Joven de la Galería Santa Fe se dé en las condiciones que se da hoy, ha tenido que pasar un proceso de 35 años. Su historia demuestra que es más viejo que Rock al Parque — que a propósito, cumple 30 años—, que fue como el papá del Premio Luis Caballero, que no siempre fue beca, que ha pasado por varias sedes e instituciones y que ha sido protagonista de la transformación de las políticas culturales de Bogotá.
Inicios del Salón de Arte Joven
El primer salón se hizo en 1991 cuando la Galería Santa Fe funcionaba en el Planetario de Bogotá. Ese siempre fue visto por muchas personas del sector como un lugar complicado para exponer porque era semicircular, por lo que era, a la vez, todo un reto para quienes exponían allí.
En ese momento, la Alcaldía planeaba que Bogotá fuera ‘Capital iberoamericana de cultura’. Un jurado conformado por John Castles (Barranquilla, 1946 - Bogotá, 14 de diciembre de 2023), Francisco Gil Tovar (Granada, España 1923 - Bogotá 2017) , Miguel Ángel Rojas y Eduardo Serrano, evaluaron la muestra y decidieron que Ricardo Cabrera ocuparía el primer puesto, Óscar Salamanca, el segundo, y Ricardo Amaya, el tercero.
Además de los tres primeros puestos —que, cabe resaltar, eran totalmente honoríficos porque los artistas no recibían dinero en ninguna parte del proceso—, el jurado otorgó doce menciones especiales entre las que figuraron nombres como: Juan Fernando Herrán, Mario Opazo y Jaime Ávila (Bogotá, 1966 - Bogotá, 2020 ). En el catálogo de esta primera versión del Salón aparecen 76 participantes en total.
El curador Jaime Cerón, que colaboró recientemente en la Bienal de Bogotá BOG25 y ha que ha estado ligado a diferentes eventos como los Salones Nacionales y regionales de Artistas, comenta que esos primeros salones “ocupaban hasta las escaleras y pasillos del Planetario. eran montajes muy apretados y generaban mala prensa”. Agrega que, de hecho, hubo resquemores porque, en algunas ocasiones, intervenían la madera de la infraestructura del lugar.
Preguntas en la curaduría del Salón de Arte Joven
La cantidad de artistas en una muestra era un punto sensible en la intención de mostrar y apoyar el arte en el país. La falta de espacio siempre era un gran dilema y la Galería Santa Fe tuvo salas alternas. El curador recuerda que la cuarta versión del Salón de Arte Joven fue llevada a cabo en Corferias con muchos más artistas e impacto.
Cerón, que participó como artista en otras versiones del Salón, llegó en 1998 a ocupar cargos de dirección en la sección de artes plásticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, entidad encargada del evento en ese entonces. Ahí tuvo que gestionar el VII Salón de Arte Joven que fue criticado porque de 360 propuestas, solo seleccionaron 15.

Además de la tensión por la cantidad de artistas, desde este salón se empezaban a priorizar propuestas no tan tradicionales como las instalaciones, el vídeo y la deconstrucción fotográfica.
Cerón escribió en esa época que no fue accidental que sólo tres seleccionados estuvieran dedicados a la pintura, sino que era “el síntoma de una expansión violenta de los códigos de representación”.
Carlos Jiménez, jurado de aquella edición, destacó cómo los jóvenes creadores utilizaban la fotografía no para el registro documental, sino para deconstruir y sabotear el propio dispositivo técnico.
Esta voluntad de deconstrucción permeó a las generaciones inmediatas. Pablo Adarme, artista seleccionado en la novena edición realizada en el año 2000, relata que su propuesta se cimentó en una reflexión teórica sobre la reproductibilidad fotográfica, que buscaba desestabilizar el mito de la originalidad en el arte. Aún en el presente, su trabajo cuestiona la función y el uso de la fotografía.
Hubo voces de jurados como José Alejandro Restrepo que alertaban sobre la posibilidad de que estas tendencias en los jóvenes fueran utilizadas por el mundo del entretenimiento y la mercancía. Para esa versión, también escribía el artista Carlos Salas sobre lo que llamaba “la vulnerabilidad del artista joven”, quien se entregaba con "precarias defensas" al desgaste institucional de los certámenes.
El concepto de ‘Arte Joven’
Entre todas las cuestiones que ha tenido que hacer el Salón en su trayectoria, la definición de juventud ha sido una de las más constantes e importantes por la propia naturaleza del evento. Las bases de las versiones iniciales siempre lo definían por edad biológica y eso generó brechas de debate.
La condición era que los participantes no podían tener más de 35 años, entonces se veían asimetrías como que alguien recién egresado compitiera con un artista que tenía 10 o más años de trayectoria.
Pablo Adarme recuerda que cuando él participó tenía 23 años y quedó en segundo lugar junto al primer puesto de Jaime Ávila, artista que pasaba los 30 y ya tenía trayectoria mediana.
Jaime Cerón señala el caso de Delcy Morelos, que ganó dos veces el Salón, Johanna Calle y Jaime Franco -actualmente con amplio reconocimiento. En ese momento Franco ya contaba con representación en galerías de Tokio, París y Nueva York, según cuenta el curador.
La calidad de los artistas mencionados no era la discusión, pero sí se evidenciaban vacíos de diseño en el Salón. Esto, junto a la falta de espacios para artistas de mediana trayectoria, estaba configurando una especie de monopolio en el evento: los artistas jóvenes de trayectoria tenían poca posibilidad ante los de carrera mediana.
Para responder a este dilema planteado por el arte joven, el Distrito crea el Premio Luis Caballero, que hoy es uno de los premios más importantes del arte contemporáneo nacional.
Inestabilidad del Salón de Arte Joven
Así, entre finales de los 90 y principios del 2000, el ecosistema del arte estaba más o menos equilibrado y el diseño del evento se pulía de a poco entre iniciativas y experimentos dentro de la misma plataforma distrital.
En el 99 (edición VIII del Salón) se abandonó el modelo tradicional de jurados y se comisionó a tres investigadores para articular miradas curatoriales específicas. Allí nacieron las muestras ‘Somatofilia express’, ‘La fotografía como objeto’ y ‘450 Kms.’, esta última enfocada en visibilizar a los creadores de Cali.
En 2006 se permitió que el Salón fuera organizado por personas jóvenes que tenían la misma edad de los participantes. El curador experto encargado de la tutoría en ese experimento fue Jorge Pachón.
Pero, ese mismo año se liquidó el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, y las gerencias artísticas fueron redistribuidas. Las artes plásticas pasaron transitoriamente a la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA) mientras se consolidaba la creación del Instituto Distrital de las Artes (Idartes). Ahí el Salón de Arte Joven de la Galería Santa Fe sufrió un apagón de varios años.
Por esto, la línea de tiempo del certamen se pone un poco confusa, porque en la FUGA se hicieron algunos eventos llamados Salón de Arte Joven, pero no continuaban la numeración que traía en la Galería Santa Fe, sino que lo anunciaban con el año en curso, ej: Salón de Arte Joven 2015. Como consecuencia de este período en que administraron las artes plásticas del Distrito, aún hacen un Salón de Arte Joven en la FUGA.
Sede propia y reactivación del Salón
En 2019 el Distrito entregó la sede propia a la Galería Santa Fe en el sector del centro conocido como La Concordia, al lado de la plaza de mercado que tiene el mismo nombre.
Allí se proponen retomar el proyecto donde quedó en 2006 en su versión XIII. Por eso, 2020 lanzaron la convocatoria para el XIV Salón de Arte Joven de la Galería Santa Fe, y lo hicieron como “Salón Nacional”.
La cobertura del Salón de Arte Joven ha variado en su historia, al parecer, cambia entre nacional y distrital según la asignación de presupuesto o lineamientos estratégicos.
En la actualidad, el Salón vuelve sobre algunas preguntas que se hizo a principio de siglo y definitivamente está eliminada la figura de concurso. La gerente de Artes Plásticas de Idartes, Catalina Rodríguez —quien tiene a cargo la Galería—, explica que la convocatoria funciona como una beca de creación con una bolsa de trabajo de 16 millones de pesos. “El premio es estar ahí y desarrollar el proyecto para la Galería”, dice.
También comenta que el concepto mismo de "joven" fue redefinido: hoy no responde a un límite de edad cronológica, sino a la certificación de que el creador se encuentra en una etapa temprana de su carrera.
Así las cosas, los artistas seleccionados entran en una dinámica que les reta más allá del arte. Producir un proyecto con el sector público supone manejar flujos de caja y conseguir proveedores eficientes con el presupuesto. Esto plantea un fuerte contraste con los primeros salones en donde cada artista presentaba su obra terminada y, si era seleccionada, la montaba y la desmontaba cuando y donde le dijeran.
Son exigencias distintas para los artistas a lo largo del tiempo. Pablo Adarme, quien hoy ya es un artista de larga trayectoria y ha sido jurado en otros certámenes, señala que hoy “la relación con el Estado obliga a los artistas a asumir roles administrativos complejos: pago de pólizas, la entrega de múltiples informes y los prolongados retrasos en los desembolsos; una carga burocrática que a menudo desgasta la producción artística misma”.
A pesar de las complejidades administrativas y los baches históricos, el balance de estas tres décadas arroja un ecosistema cultural fortalecido, cuyo mayor triunfo se refleja en el público. Las políticas de mediación cultural implementadas y la infraestructura física para el arte han transformado la relación con la ciudadanía.
Catalina Rodríguez destaca que el público contemporáneo, conformado por escolares, jóvenes y transeúntes convocados incluso por creadores de contenido digital, recorre las instalaciones y los montajes contemporáneos con una fluidez inédita.
Estas dinámicas, que van dejando atrás la pasividad y el prejuicio de requerir conocimientos especializados para disfrutar el arte, muestran que el Salón de Arte Joven se esfuerza por cumplir su misión más ambiciosa: formar a los artistas del presente y a los espectadores capaces de leerlos.

Revisado por el editor.




