La obra de María Villa reaparece en una exposición en Medellín

María Villa ya era una mujer adulta cuando empezó a pintar en su casa en Medellín. Había nacido el 27 de marzo de 1909 en Guarne (Antioquia) y cuando promediaba sus 50 años empezó a pintar.
Tal vez animada por su esposo Federico Vargas, un pintor de academia alrededor de 30 años menor que ella.
Eso cuenta Raúl Zuleta, que ha investigado su obra y es cocurador junto con Carlos Uribe y Camila Téllez de la exposición ‘Volver a María Villa’, en la Galería Carlos Orozco, de Medellín.
Recientemente una veintena de sus obras -todas en pequeño formato, pues siempre pintó así- fueron ofrecidas por la galería en la feria Un-Fair, en Bogotá.
En Medellín la galería exhibe un centenar de piezas. Zuleta cuenta que el pequeño formato era porque ella solía pintar en los sobrantes de los lienzos de su pareja.
“En los 70 y 80 en el arte colombiano se empieza a dar un valor especial a ciertos artistas que venían de una formación empírica y de pronto quedan más cercanos al arte popular -cuenta Zuleta-. En el caso colombiano se les empieza a llamar los primitivistas, que es un poco a raíz de lo que fue el arte naif a nivel internacional.
“Eran estos artistas empíricos, como Noé León, por ejemplo. María Villa está incluida en esa categoría y en todos los libros de la historia del arte en Colombia usualmente hay un capítulo que habla de arte primitivista y se hace referencia a ella”.
De hecho, su obra no pasó desapercibida para el entorno cultural. En general su obra es mencionada en apartados de libros de arte colombiano como pintora primitivista, aunque su pintura dista mucho de ser la clásica obra casi pueril con que los críticos suelen encasillar a estos pintores.

Su obra llamó la atención y aparte de participar en un Salón Nacional de Artistas -cuenta Zuleta- algunos coleccionistas empezaron a comprar su obra. Incluso la Biblioteca Pública Piloto le encargó un viacrucis para la iglesia del Pueblito Paisa, ese lugar turístico de Medellín ubicado en el cerro Nutibara.
“María Villa tiene un arte muy particular, porque siendo popular tiene una cercanía más al ‘Expresionismo alemán’, por ejemplo, es muy gestual, y no se queda con esa estética artesanal qué es común de las características del arte primitivista”, dice Zuleta.
Hay que tener en cuenta que la mujer nunca recibió una sola clase de pintura. El investigador lanza una hipótesis sobre su estilo de pintura: “Ella dejó Guarne muy joven y se fue para Medellín donde fue empleada durante muchos años de una familia alemana.
"Un poco mi hipótesis es que ella tuvo que ver algo de arte alemán en en esa casa para que por lo menos en el inconsciente le quedara esa información de que era válido pintar así. Yo creo que esa información queda en el inconsciente.
"Lo digo porque cuando yo daba en la casa de la cultura de Guarne, veía que las personas que no tienen formación en arte siempre tienen la idea de que el arte tiene que ser algo muy bonito, algo bien hecho. Y esta señora incluso viendo que el esposo pintaba tan bien, en vez de sentirse frustrada, de no poder pintar “bien” un retrato, no le importaba y se sentía feliz que lo hubiera quedado así.
"Por eso digo que tuvo que haber visto imágenes en libros, en esa casa para darse cuenta de que era válido pintar así también”, postula Zuleta.
Más que ignorada pues sus pinturas casi siempre hechas a partir de láminas religiosas y algunos retratos, están en colecciones privadas y en públicas como las del Museo de Arte Moderno de Medellín, el Museo de Antioquia y hasta tuvo una exposición póstuma en la Biblioteca Luis Ángel Arango (con su viavrucis), puede decirse que ha sido una artista local, si bien, recientemente sus piezas han sido ofrecidas en subastas en Bogotá. También se puede ver un documental sobre ella en Señal Colombia.
La exposición ‘Volver a María Villa’ estará abierta hasta el 31 de octubre en la galería Carlos Orozco, de Medellín.




