Saber lo otro (no te disculpes, Rosalía)
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El nido Caridad Botella tercia en una carta (no enviada, pero sí escrita) a la cantante española Rosalía, a propósito de su disculpa por mencionar a Picasso como un artista favorito y del despropósito que surgió en las redes sociales.

CARIDAD BOTELLA
PARA ARTERIA OPINIÓN
Hace días que vengo rumiando el tema de las disculpas que ofreció Rosalía (cantautora, productora, actriz y empresaria española, 1992) por haber dicho que le gusta Picasso.
Es esta la ocasión perfecta para meteros en este lío que se armó y en todo lo que se me ha pasado por la cabeza desde entonces. Esto es una carta, una oda, una defensa. No sé por dónde empezar.
Desde que el bailarín y coreógrafo Álvaro Restrepo me contó que escribía cartas a aquellas personas con las que siente una conexión creativa, me la paso escribiendo cartas mentales a personajes que me inspiran.
Estoy a un paso de seguir el ejemplo y escribirles de verdad. Esta columna de hoy es casi parte de esa carta que llevo escribiéndole a Rosalía como si fuera mi hija o mi amiga un par de generaciones más joven, para poder hablarle sobre la importancia de la perspectiva histórica, de la relación persona-obra.
Algo así como: “Rosalia, querida, sacúdete el malestar, no tienes porqué pedir disculpas porque te guste Picasso aunque esto, seguro, te ha servido para verlo de otra forma. "Es esta una oportunidad para ampliar el conocimiento del contexto de una época, de la vida de un artista, de los que le rodearon.
"También para acercarse a las aristas del relato de la historia del arte. Entiendo que la presión de las redes sociales y la dictadura del ‘bienquedismo’ son parte de tu día a día, pero no te dejes avasallar por los haters y la radicalización de la cultura de la cancelación. "Tú dedícate a seguir esparciendo tu arte por el mundo. ‘Lux’ (álbum de Rosalía) es lo mejor que pasó culturalmente en el 2025, al final del año cuando la esperanza empezaba a flaquear.
"Ojalá el mundo del arte tuviera esos momentos de gloria y autenticidad, ojalá el arte contemporáneo fuera tan libre como tu música. Estoy feliz de estar viva al mismo tiempo que tú. Atentamente. Full stop”.
Lo hago en estilo telegrama para no perder el hilo. Yo le diría cosas mucho más cursis y profundas, pero paro aquí.
Total, que me pongo a oír la entrevista que dio a su paso por Buenos Aires a la escritora argentina Mariana Enríquez. Dice que le gusta el arte de este señor y seguidamente, para mi sorpresa, ella misma aborda el tema de algunas cosas que le han comentado sobre él, de distinguir entre obra y persona, toca velozmente la idea de perspectiva del tiempo, de apreciar la obra de alguien que pertenece a otra época.
No tengo idea del nivel de conocimiento que tiene de la historia o del arte de hoy en día. Picasso es un nombre de la cultura general, es como decir: “me gusta Van Gogh o me gusta Dalí". Son comodines para hablar de arte sin saber muchos detalles.
En mi carta también me imagino contándole que la historia del arte, por debajo de las obras maestras que vemos en los museos, está llena de enfermedad física y mental; o pillaje y sangre en el caso del arte religioso.
Si profundizamos, toca abrazar sin remedio la contradicción. Le recomendaría oir el podcast ArtHoles de donde se da detallada cuenta de la vida de artistas como Pollock, Picasso o Toulouse Lautrec. No tienen desperdicio. Como ella diría, son perlas sin igual.
Pollock me sigue gustando. Admiro su trabajo y lo que supuso aún sabiendo lo otro, que es desbordantemente tremendo. Claro que el conocimiento me da para decir que Lee Krasner me gusta más, además de buena artista se lo aguantó hasta el final. Le recomendaría, por ejemplo, leer La historia del arte sin hombres. de Katy Hessel, para que descubra a mujeres artistas que no tuvieron voz y pueda salir de los nombres genéricos.
En la entrevista, que sigue el llamado 'cuestionario Proust', se intercambian respuestas a preguntas sencillas como cuál es el color favorito, el escritor favorito de poesía, de prosa, etc. Es entre light, tierna y profunda, se deja oír bien, me sigue aportando información sobre esta cantante y compositora que me fascina. Aprendo que tenemos el mismo color y el mismo pájaro favoritos, una obsesión con Bach y que las dos detestamos que nos metan el dedo en el ombligo. Así tal cual os lo cuento, me quedé helada de la sorpresa.
Hay mucho name dropping (mencionar nombres de personas o entidades famosas en medio de una conversación) por el mismo formato de la entrevista y, de repente, sin mucho énfasis, pero consciente de lo que dice el nombre del artista malagueño. Querida, es una trampa tener que decir todo tipo de nombres y que te toque un campo quizá algo desconocido. A mi nunca me gustó demasiado. Este tema del artista genio siempre me ha costado. Opaca cualquier conexión honesta con la obra y me parece más interesante el mundo en el que él vivía.
Ella nos daría sopa y seco en música, poesía, composición musical y justo cayó por algo de manual. Vuelvo a mi carta y a las disculpas. Me pongo a ver en detalle el video en cuestión y me llama la atención que, además de disculpas, son palabras de preocupación por desconocer la información y palabras de agradecimiento.
Muchos dicen que es falso. Con ojo y criterio, concluyo que es genuino, como su música, como la voz que se le intuye en las entrevistas, una voz sin cinismo, que guarda la ingenuidad necesaria en alguien que busca constantemente ir más allá de lo que ya conoce.
El día de las disculpas aparecieron también largos textos analizando el asunto del maestro del cubismo, explicaciones sobre todo desde la academia que confirmaban de una manera coherente e informada lo que yo ya pensaba. No quería decir nada hasta que no viera los hechos con mis propios ojos. También revisé videos de influencers, y youtubers poniéndola a caldo, gritones enfurecidos y vale decirlo, enfurecidas con su ventana de oportunidad.
Hoy en día, con toda la información que tenemos, con la perspectiva de género, la lucha por los derechos humanos y por la igualdad y los estados de democráticos que todavía existen podemos tomar decisiones sobre si tomamos la historia para conocerla y formar nuestro juicio o borramos e ignoramos todo lo anterior, quemamos cuadros, libros, música por estar hechos por personas que no se ajustan a los valores que muchas defendemos hoy.
Somos libres de decidir odiar a un artista por haber sido un hp. Por mucho que se cancele, la contradicción y la dualidad siguen siendo parte de la historia, de la cultura y de la vida. Casos cercanos se ven día a día: escritores maravillosos que se caen de la arrogancia con los que nunca tomaríamos ni un café; pedagogas del arte autoritarias y con la misma empatía que una ameba; feministas mamás que tratan a sus hijas como lo más molesto que les ha pasado.
No creo que ir a ver una exposición de Picasso implique apoyar y perpetuar un sistema de violencia machista, ni que leer Robinson Crusoe, o Cinco semanas en globo nos señale como cómplices de la esclavitud, el racismo o la explotación desmedida de los recursos naturales. Pagar por ir a una clase sobre la filosofía de Platón no es financiar ni perpetuar la misoginia.
En fin, la lista es infinita y tampoco pretendo convencer a quien piense diferente. Cada cual que piense lo que quiera, pero sí creo que querer borrar todo esto, cancelarlo -en palabras de hoy en día- resultará en una sociedad todavía más ignorante y ciega que pensará que la única razón válida es la del segundo de vida en el que respiramos.
Pondría el esfuerzo en seguir desempolvando, descubriendo y apoyando arte, la literatura y música de mujeres que den voz y contrapeso al machismo, al patriarcado y a la desigualdad sabiendo que ellas también son humanas, tampoco son perfectas y seguro dan vueltas en el círculo de la contradicción.
Hoy se pide coherencia en todo y se niega un aspecto tan humano como su contrario. Hoy, cualquier declaración sin intención de incendiar nada recibe el odio más visceral del que se alimentan las redes sociales. Mientras tanto, los que están diciendo de todo, sin sentido y sin respeto se están tomando el poder y así lo estamos dejando pasar.
Todo esto, el arte, su historia, las categorías, las corrientes, los estilos han sido creados por los seres humanos, solo hombres hasta hace poco, pero de todas formas son productos de nuestra especie. Es clave mirar de forma crítica cómo se escriben los relatos para cambiarlos y ampliarlos. Para poder ser críticos de verdad, no solo gritones incendiarios tiene que ser posible que tengamos libertad para leer, mirar, oír lo que queramos.
Librepensadora primero y luego feminista, me niego a la quema del pasado que incomoda, defiendo la vida con los cinco sentidos más allá del odio miope. Terminaría la carta diciendo: “Rosalía: la golondrina que empecé a bordar antes de que todo esto pasara, te la regalaría ya mismo para que recuerdes, cuando tengas mi edad (48), que ya no vas a querer pedir permiso, ni disculpas por prácticamente nada.
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