Perlas que perduran: reflexiones sobre el silenciamiento de las mujeres en la historia del arte
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El nido ¿Por qué el canon del arte ha silenciado a las mujeres? Una mirada crítica por Caridad Botella a la historia del arte, el coleccionismo y el necesario cambio en la curaduría actual.

CARIDAD BOTELLA
PARA ARTERIA OPINIÓN
Siempre cuento que escogí estudiar historia del arte un poco por inercia. Decidí sin demasiada reflexión. Nadie me lo cuestionó. Entre todas las humanidades que me llamaban la atención, escogí esa. Volvería a escoger lo mismo, sobre todo porque la historia del arte, como se entendía en mi época de estudiante, simplemente ya no sería posible, o eso quiero pensar.
Pasé por la facultad sin pena ni gloria en un programa ‘casposo’, anticuado y salpicado de profesores mediocres disfrazados de excelencia académica local, aunque hay perlas que aún resuenan hoy en día.
Un año (posiblemente el 98 o 99) tuve un curso de estética con la académica y curadora Estrella de Diego. Aparte de graciosísima por su humor irreverente y provocador, también nos ponía a leer, a hacer y a pensar, dándonos a entender de una forma cercana y sin ínfulas incomprensibles, que éramos entes críticos y pensantes, lo cual no sucedía en la mayoría de los otros cursos más tradicionales.

Una de las lecturas que pasó por nuestras manos fue Mujer, arte y sociedad, de Whitney Chadwick. Este conocido libro, publicado en 1990, pone en el mapa a artistas mujeres desde la Edad Media. El libro ha continuado sacando nuevas ediciones con contenido actualizado y nuevas investigaciones.
Después de llevar varios años sentada en horas y horas de canon hegemónico histórico-artístico (entre éxtasis religioso y hombres-genio) que poco se salía del guión, sin preguntarme por qué no había mujeres artistas en las listas interminables de creadores que ofrece este fascinante campo del conocimiento, me encontré de bruces con esta compilación de nombre femeninos, de sus vidas y circunstancias que fueron clave en definir cómo y por qué fueron lo que fueron.
Me topé con la idea de que las mujeres en siglos pasados sí lograron ser artistas en su tiempo, pero la historia simplemente las silenció porque estaba escrita desde el patriarcado, desde la misoginia, desde la idea de que esas mujeres eran una excepción, una anomalía no deseable porque su deber y sus capacidades eran otros.
Ha pasado mucho desde ese descubrimiento (aunque el libro ha seguido cubriendo más décadas, con su más reciente edición de 2020) y con seguridad las cosas ya no son tan así. Ahora, vemos mujeres artistas en salas de exposición, las de antes están siendo “descubiertas” o “redescubiertas” y las de ahora resulta que son mayoría en las escuelas de arte.
Esto, una vez pasados los filtros de la calidad artística y los adicionales inevitables de la suerte de estar en el sitio adecuado en el lugar adecuado, el carisma que facilitó caerle bien a esa persona influyente, los contactos que se abren con cada salida social, la movilización de energías de ángeles celestiales, sahumerios y baños de sal…
Si después de todo eso, todavía la obra se considera relevante, pertinente y aclamada por el público (por usar un coctel de términos que pongo con algo de susto), me pregunto: ¿cuántas de estas mujeres artistas terminan en colecciones tanto privadas como públicas?
El otro día en un pódcast se hablaba de la relación entre el género dominante del poder adquisitivo, el coleccionismo y el porcentaje de obras coleccionadas con firma de mujer. Todavía falta trabajo por hacer, especialmente ahora que vuelve el conservadurismo.
Es importante reconocer la realidad de un silenciamiento histórico del arte hecho por mujeres (y otras formas de creación, pero no me quiero salir del tema) lo cual deja mucho terreno de investigación pendiente, maravillosos descubrimientos por venir y realidades diversas que entender.
Otro referente clave en este camino es Katy Hessel con su libro La historia del arte sin hombres y el pódcast The Great Women Artists. Lo que me parece alucinante es el poder inspirador que resulta de aprender sobre otras mujeres que lucharon por salir adelante en un mundo de hombres.
Lágrimas me han escurrido al oír los detalles de la historia de Artemisia Gentisleschi que dan cuenta de la terrible realidad de las mujeres; lágrimas de tristeza e impotencia pero también de admiración. Claramente son historias que si bien lejanas, resuenan aunque solo sea porque nos ponen a pensar cosas como: ¡qué suerte no haber vivido en el siglo XVII y haber sido propiedad pasada de padre a esposo resultando ser éste un violador con el que tocó casarse! Yo también decapitaría a Holofernes una y otra vez en mis pinturas. ¡Faltaba más!
Todo esto lo traigo a colación porque en el trabajo curatorial de los últimos años he podido trabajar en su mayoría con artistas mujeres, quizá por los temas tratados, aunque no siempre. Recibo comentarios sobre lo importante de esa labor, lo necesaria que es porque ese enfoque necesita atención y la más difícil de todas, la pregunta sobre el por qué lo hago.
Vuelvo, entonces, a Estrella de Diego, al libro que me abrió los ojos, a la necesidad de generar nuestras propias estadísticas más que las que encajan en el canon dominante. No sé cómo es la autoconciencia masculina y si se pregunta por qué las cosas han sido como han sido, ¿será que algún hombre se pregunta por qué su género no va por la vida pidiendo permiso y haciéndose a un lado para dejar pasar? o ¿por qué hay tantas actividades y profesiones a las que las mujeres no han tenido acceso y todavía se piensa que es porque no saben, porque su capacidad femenina no se lo permite?
Ya no estamos en el siglo XVII, pero el mundo sigue siendo patriarcal, aunque ahora está expuesto, al desnudo. Volvería a escoger historia del arte como carrera universitaria; esperaría que desde el primer día el relato fuera diferente, que pudiéramos escoger tantas historias del arte como ramificaciones al canon tradicional se puedan pensar.
Como no puedo devolver el tiempo, habrá que seguir insistiendo paso a paso en el trabajo con otras mujeres artistas para descubrir nuevas historias que alimenten la variedad del imaginario sobre qué es el arte, quién lo produce y cómo nos relacionamos con él.
Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad de la autora y no representan la opinión de ARTERIA.




