Libros e imágenes que son tesoros del Medioevo se pueden ver (y comprar) en la Filbo
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Actualizado: hace 3 días

DIEGO GUERRERO
Editor
ARTERIA
Detrás de unas mesas sencillas con unos llamativos libros del Medioevo, en la sección de España en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, está Omar Ramírez, un hombre de complexión media que nació en el municipio de Chocontá (Cundinamarca) hace unos 60 años, según uno puede deducir de sus planes de jubilación.
Pues este editor y propietario de Orbis Medievalis, sello dedicado a la producción de facsímiles y libros medievales, de los cuales ha publicado unos 25 títulos, proyecta sacar a la luz media docena de libros más sobre la Edad Media en los próximos seis años antes de gozar de la pensión y dedicarse a otras cosas.
No le creo mucho eso de que dejará de editar libros que son fieles copias de originales que reposan protegidos del tiempo en bibliotecas europeas. Lo digo aún sin conocerlo, pues habla con tal respeto y orgullo de sus publicaciones que cuesta creer que va a dejar de editar, simplemente porque se jubile en España.

“Había estado en Europa estudiando y la idea era volver a los dos años, pero fui echando raíces. Al final, los hijos nacieron allí. Yo había estudiado Filosofía en Bogotá, en la Universidad de San Buenaventura”, recuerda mientras ve cómo su amigo Javier Zalve, propietario y CEO de Eikon Editores —quien también edita libros del medievo y con quien “va por mitades” a muchas ferias—, atiende a algunos visitantes.
Son personas, desde muy jóvenes a veteranos, que apenas se atreven a tocar las láminas o los libros; tal vez porque reconocen en esas piezas un valor incalculable. Ante tal despliegue de historia y arte, uno no puede evitar preguntarse: ¿cómo es posible que hayan llegado hasta aquí?
La Edad Media resguardada en papel
“Empecé a trabajar en el mundo del libro con la Enciclopedia Británica en España. Di un salto y contacté con alguien que trabajaba en temas de la Edad Media. Esto me llamaba mucho la atención: los libros iluminados… me gustaba muchísimo la interpretación y descripción de las imágenes de las pinturas medievales; qué comunican y que son auténticas obras de arte que se conservan en cualquier museo o biblioteca como verdaderos tesoros”.
Con estudios en Italia, entendía perfectamente que esas imágenes narraban la estructura social, jurídica y religiosa de una época en parte de occidente, cómo funcionaba una sociedad y cómo evolucionó desde la antigüedad.
“Como pasamos del pensamiento de Aristóteles y Platón a la Edad Media, a Santo Tomás y San Francisco. Me metí en la comercialización de esto y poco a poco hice empresa. Me dediqué concretamente a hacer reproducciones de manuscritos medievales que se conservan, sobre todo, en la Biblioteca Nacional de Francia. He realizado muchos ejemplares bellísimos, de la época carolingia hasta el siglo XVI, iluminados y extraordinariamente bellos. He ido trabajando con distintos centros donde se conservan manuscritos para hacer este tipo de obras”, dice.
Sobre las sencillas mesas que comparten Orbis Medievalis y Eikon Editores están las pruebas: copias casi exactas de obras medievales, láminas coloridas de temas religiosos con esas letras que algún monje escribió hace centurias e incluso manuscritos de Leonardo da Vinci. En algunas repisas destacan volúmenes con láminas doradas.
También se pueden apreciar mapas antiguos de Colombia y copias de obras de la Expedición Botánica. Todos parecen originales, con el paso del tiempo evidenciado en el tono del papel, si bien las imágenes brillan y atraen. Las encuadernaciones varían desde estilos rústicos hasta acabados aterciopelados. Es un espacio, tal vez, demasiado sencillo para albergar piezas que parecen haber sido hechas con tanto cuidado.
“Los hacemos lo más fieles al original para que a la vista y al tacto sean lo más exactos posibles. Las páginas tienen un tacto especial de pergamino y conservan la herencia del paso del tiempo; por ejemplo, si tienen un daño o si la página fue estropeada, se conserva. Si ha sido cosida, también se reproduce exactamente igual.
“Acompañamos esos temas con estudios científicos elaborados por profesores especializados, subrayando conceptos históricos y su aporte. Luego están las referencias de la época y el estudio iconográfico, que es muy importante porque, en general, todos nuestros libros son iluminados y pintados a mano, lo cual tiene un valor no solamente artístico, sino de un significado fantástico. Recordemos que eran pocas las personas que sabían leer en la Edad Media”, explica el editor para hacer notar el cuidado con el que realizan cada paso.
Libros que son tesoros: el reto de la edición
Obviamente, hay que pagar derechos a la entidad propietaria, a los especialistas que van desde traductores del latín hasta investigadores de determinados períodos o artistas, y a los artesanos encuadernadores.
Por ejemplo, “si el original está en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, pagas unos derechos por las imágenes para reproducirlas. Tú solo estás en contacto con el manuscrito la primera vez para verlo, saber si te interesa y entender sus complejidades. Ellos te entregan una reproducción digital en alta resolución y yo tengo que partir de un programa informático, descomponer los colores y ver las características técnicas del pergamino en el original para buscar la pergaminata más exacta”, explica.
Luego hay que contratar la imprenta que va tirando color por color hasta llegar a los “temibles” tonos metalizados, que se envían de último a mano y que pueden dar al traste con todo el proceso. Claro, para ese momento ya han hecho pruebas, porque por mucho que hoy por hoy los procesos sean digitales, siempre hay riesgos.
“La impresión tiene seis pasos como mínimo por la máquina. Si tiene oro, se mete la lámina manualmente, una por una, y la plancha debe tener temperatura suficiente para que, al contacto, se adhiera a la pergaminata. Es complejo porque, con el calor, el papel se dilata si no tiene las condiciones de humedad correctas”, resalta.
Ese es otro tema porque el papel no es que se consiga en una tienda: hay que mandarlo pedir con especificaciones de gramaje y color concretos a Verona (Italia), lo cual se decide porque el grosor del papel original ha sido medido con un espesímetro. El papel se consigue en Verona (Italia) bajo pedido. “En cuanto al color, antes de aplicar los oros, contrastamos nuevamente con el original, que tiene su Pantone de referencia”.
Ahora se entiende por qué al año solo producen un título y no más de 500 ejemplares y por qué que un libro cueste más de 4 mil euros, por poner un precio bajo, sea normal. Por ejemplo, “en este libro (señala un Libro de Horas, que eran un único ejemplar hecho para un noble, con textos devotos, salmos e iluminaciones alusivas a la religión), el índice y el contexto histórico son hechos por una especialista alemana que hizo su tesis doctoral sobre el ilustrador Jean Colombe (Bourges, Francia 1430-1493).
"También realizamos la transcripción y traducción del texto. Estamos hablando de una descripción página por página. Además, el 90 por ciento de los escritos están en latín, por lo que requiere un especialista en esa lengua, que cada vez son menos. Es un libro de arte en toda regla”.
Coleccionistas de historia: quiénes buscan el pasado
—¿Y quién los compra? —Hay diversidad. No me vas a creer: un coleccionista que me compra es portero de un edificio. Gana unos 1.200 euros en España, tiene familia y ahorra 150 euros mensuales para comprar libros; nosotros le financiamos. Es curiosísimo. Los grandes coleccionistas son notarios, médicos, abogados; gente con una cierta edad, a partir de 50 años, que ya ha pagado su casa.
¿Y por qué no creerle del todo que dejará de hacer esto cuando se jubile? La respuesta está en lo que dice cuando se ve a sí mismo como editor: “Lo primero que hice fue un manuscrito enorme que estaba en la Biblioteca Universitaria de Bolonia, hecho por Avicena, médico árabe del siglo X; un documento extraordinario, que fue manual para médicos hasta el siglo XIX. También hice las Fábulas de Esopo, muy iluminadas. Lo que hago me fascina”, termina.




