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La guerra que Nam June Paik predijo

  • hace 1 día
  • 5 min de lectura
Fuera de Campo* ¿Estamos en guerra con nuestra humanidad? Fernando Cuevas Ulitzsch analiza el legado de Nam June Paik frente a la 'epidemia' global de atención fragmentada y el control digital.

FERNANDO CUEVAS ULITZSCH fcuevasu74@gmail.com  @fcuevasu74


PARA ARTERIA OPINIÓN




Nam June Paik cambió la historia del arte y parió el videoarte —quizás sin saberlo— expresando una profecía bienintencionada: "El tubo de rayos catódicos reemplazará al lienzo", y la acompañó de otra no tan positiva: “Nuestra vida es mitad natural y mitad tecnológica. Mitad y mitad es un estado funcional. No se puede negar que la alta tecnología es progreso [...] Sin embargo, si sólo se desarrolla alta tecnología, el resultado es la guerra".


Hoy, miro a mi alrededor en la calle, en el transporte, en los cafés o me descubro en mi sala, baño o cama y sí… estamos en guerra con nuestra propia humanidad. Paik acertó parcialmente en su primera profecía, pues son las pantallas digitales y no el tubo de rayos catódicos lo que está dinamizando el arte, pero en lo que sí acertó totalmente fue en anticipar el poder transformador de la tecnología. 


Somos un rebaño de zombis jorobados obsesionados con vistas, corazoncitos y manitas, mientras fuerzas que apenas vislumbramos nos manejan algorítmicamente para enfrentarnos unos a otros y con esa energíavendernos más “cositas” que no cabrán en nuestras casas invadidas por pantallas, que luego tendremos que poner en bodegas alquiladas que nos ofrecen mientras vemos en videos de 15 segundos a gatitos y piolines bailando el Tic, tic tac del grupo brasileño Carrapicho.


Datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y estudios de la Universidad de Stanford indican que el usuario promedio global interactúa con su teléfono móvil entre tres y cinco horas diarias (!). Con tasas de conectividad superiores al 70 por ciento de la población mundial, y un promedio de unas 12 mil millones de horas de consumo digital global al día, no es exagerado decir que estamos frente a una epidemia global de atención fragmentada.


En este sentido, la obra de Paik es más pertinente que nunca, pues su deconstrucción de los flujos de información y la manipulación física de televisores mediante imanes y circuitos modificados significó, según John G. Hanhardt,   "la transformación del video, un medio hasta entonces de transmisión industrial y comercial, en un soporte de análisis estructural", y este análisis, este llamado a la intervención activa del receptor es —para mí— uno de los remedios frente a esta ‘pandemia’.


La curadora Michelle Kuo precisa que la potencia de este legado subyace en "su capacidad para otorgar materialidad a la señal electrónica; hizo tangible un flujo de información que, por definición, era efímero". De este modo, el artista expuso la infraestructura técnica que soporta la comunicación de masas y potenció nuestra capacidad de enfrentarlo y asumirlo activamente.



Las instalaciones monumentales de Paik, como Electronic Superhighway, permiten contrastar sus proyecciones con la infosfera actual. El artista anticipó la interconectividad global, pero esa red hoy derivó hacia modelos de control corporativo y manipulación de masas.


Para el filósofo Byung-Chul Han el régimen digital actual no opera mediante la coacción, sino "a través de la transparencia algorítmica, la estimulación digital y la autoexplotación voluntaria basada en la producción constante de datos". La autopista visionada por Paik se convirtió en la infraestructura de un mercado que extrae la experiencia íntima para transformarla en capital computable.


La guerra vaticinada por Paik se libra en el plano de la atención y el aislamiento social ya que, como nos dice Sherry Turkle (profesora titular de la cátedra Abby Rockefeller Mauzé de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología en el Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad del MIT), los dispositivos ofrecen "la ilusión de la compañía sin las exigencias de la amistad", propiciando un estado de aislamiento simultáneo pues las plataformas están diseñadas para inducir una distracción permanente que sustituye el debate crítico por la arquitectura del clic.


Hoy, nuestro rebaño digital experimenta la disolución de las fronteras entre el espacio físico y el virtual —condición que Luciano Floridi (catedrático de filosofía y ética de la información en Oxford) define como la existencia onlife, donde no hay distinción ontológica entre estar conectado y desconectado—, y ahí, las propuestas de Paik ofrecen una alternativa, pues la resistencia se encuentra en sus propios postulados teóricos: "El arte cibernado es importante, pero el arte para la vida cibernada es más importante, y este último no necesita ser cibernado".


Los artistas reales (no la IA) son nuestras legiones. El arte crítico es la resistencia. El agenciamiento crítico exige una desconexión consciente. El restablecimiento del equilibrio requiere recuperar la proporción entre la técnica y la vida natural mediante el acto más revolucionario hoy en día: apagar el dispositivo, jaquearlo y manipularlo.


El mejor homenaje a Paik y la respuesta al control mediático se ejecuta interrumpiendo el flujo digital. Es en el off donde cobra vigencia la consigna de Paik: "La televisión nos ha atacado durante toda una vida; ahora, nosotros contraatacamos".



*Para Gilles Deleuze, "todo encuadre determina un fuera de campo", estableciendo que no existe un cuadro que no remita a una "reserva de presencia que lo desborda por todas partes" (La imagen-movimiento, 1983). Bajo esta premisa técnica, el fuera de campo designa aquello que, aunque "no se oye ni se ve, sin embargo está perfectamente presente", identificándose con "el Todo" que "se comunica con el conjunto e impide que este se cierre sobre sí mismo".

FUERA DE CAMPO será mi iniciativa de contenido digital y de reflexión pública en mis redes y canales, y que explorará también en esta serie de columnas de opinión con el mismo nombre para ARTERIA, cómo la potencia de un artista no reside en el objeto aislado, sino en cómo su obra actúa como un sismógrafo de lo invisible, obligándonos a explorar otras artes, otras creaciones y el contexto sociopolítico —esas presencias desbordantes— que sostienen y dotan de sentido a la estructura de lo visible que nos abraza.



Fernando Cuevas/Cortesía

Artista, gestor cultural, curador y experto en conectar la expresión estética de la experiencia humana e impulsar procesos de creación, intervención y difusión. Comunicador Social con énfasis en televisión educativa de la Universidad Javeriana,

Especialista en Creación Multimedia de la Universidad de Los Andes, Magister en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional y Magister en Creación Literaria de la Universidad Central, en proceso de acreditación como experto en tasación de obras de arte y pintura y experto en falsificación de obras de arte.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no comprometen a ARTERIA.

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