El globo Museo Aerosolar se quedó en tierra y al arte le tocó adaptarse al clima bogotano
- Diego Guerrero
- 1 oct 2025
- 3 Min. de lectura
La fría mañana del pasado sábado 27 de septiembre el cielo del Parque de los Novios, en Bogotá, no tuvo el suficiente calor para un gran ascenso del Museo Aerosolar -un globo gigante construido con bolsas de un solo uso-, pero fue una oportunidad para una lección de adaptación.

ÓSCAR SILVA
Periodista
ARTERIA
La pieza del artista argentino Tomás Saraceno para la Bienal BOG25 se elevó apenas unos pocos centímetros del área de despegue. La razón: no hubo suficiente sol.
El sol bogotano, fuente de energía para esta obra, no fue el suficiente para calentar los 300 metros cuadrados de plástico reciclado, y permitir que su aire caliente lo elevara a una altura significativa.
El vuelo fue incompleto, pero para Manuela Convers, coordinadora del proyecto, tiene un significado profundo: la obra es el proceso y su mensaje es la adaptación
El Museo Aerosolar es una escultura aérea que lleva casi dos décadas recorriendo el mundo y ha aterrizado en cerca de 59 ciudades, con un mensaje claro, imaginar futuros más allá de los combustibles fósiles.
Para su versión bogotana, cerca de 600 niños intervinieron de manera creativa las bolsas junto a los estudiantes de diferentes universidades y gente común que asistió a los talleres creativos, que se hicieron a lo largo de casi cuatro meses por toda Bogotá.Los participantes plasmaron sus ideas y sus sueños para el futuro en cerca de 5.000 bolsas plásticas de un solo uso reutilizadas en el globo.
Para Adriana Botero, subdirectora de Gestión Cultural y Artística de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte, esta experiencia es un acto simbólico “Tenemos que superar esa mirada adultocéntrica del mundo y recoger las ideas de los niños, de cómo sueñan una ciudad en la que puedan habitar mientras interactúan con el arte”Conversexperimentó en primera persona el desafío climático de levantar el “tetraedro no regular” (como llama ella al globo) de 300 metros cuadrados de plástico.
“A medida que cambia el clima por el cambio climático, tenemos que aprender a adaptarnos a las condiciones de naturaleza. Si bien el Museo Aerosolar no se elevó porque no nos hizo el sol que necesitábamos, pues eso también es una enseñanza”.
La riqueza del proyecto, insiste, no está en el resultado, sino en las vicisitudes que conlleva la construcción “El proceso mismo de construcción del Museo Aerosolar, pues yo creo que es la obra... es como todos esos pequeños momentos que tuviesen que pasar para que toda la obra se juntara.
”Convers y el equipo que la apoyó en el montaje de tan gigantesca obra usaron cerca de 7.000 metros lineales de cinta, para unir las 5.000 bolsas que, una vez armadas e infladas formaban una estructura que alcanzó una altura aproximada de 12 metros y un ancho de unos 10 metros.
La estructura estará en el Centro Cívico de la Universidad de los Andes desde el próximo viernes 3 de octubre hasta el final de la Bienal de Arte y Ciudad BOG25 el próximo 9 de noviembre.
vivo.
Editado por Diego Guerrero

















