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Fallar mejor, fallar diferente

  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura
Fuera de Campo* En nuestra sección de opinión Fernando Cuevas Ulitzsch destaca al error como la posibilidad de progreso de la humanidad, en contraposición a la "perfección" de las tecnologías como la IA.

FERNANDO CUEVAS ULITZSCH fcuevasu74@gmail.com  @fcuevasu74

PARA ARTERIA OPINIÓN


Fernando Cuevas/Cortesía
Artista, gestor cultural, curador y experto en conectar la expresión estética de la experiencia humana e impulsar procesos de creación, intervención y difusión. Comunicador Social con énfasis en televisión educativa de la Universidad Javeriana, Especialista en Creación Multimedia de la Universidad de Los Andes, Magister en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional y Magister en Creación Literaria de la Universidad Central, en proceso de acreditación como experto en tasación de obras de arte y pintura y experto en falsificación de obras de arte.

Francis Bacon solía lanzar pintura o paños sucios contra sus lienzos para forzar una marca que no estuviera planificada, buscando que el accidente fuera faro de creación y dictara el sentido de la obra, allí donde la técnica fallaba o su pulsión dudaba.


Este gesto simple lo leo hoy como una estrategia de resistencia contradigital… Me explico: el flujo estático de información sin fricción al que nos sometemos voluntariamente (hay una demanda que dice que no es tan voluntario) al consumir la estética de la perfección omnipresente en las redes sociales no es un estándar artístico, sino, como señala Orit Halpern (2023), una forma de control y administración visual que busca la previsibilidad del comportamiento humano.


Ante el algoritmo que busca la solución óptima, el error surge como una maniobra que preserva la singularidad del individuo frente al cálculo maquínico… El error es nuestro trapo, o como lo diría en inteligente Yuk Hui (2021): “El error es lo que permite que el pensamiento escape del cálculo recursivo de la máquina."

Para Hanno Sauer (2023), la imperfección no es un estado de déficit, sino el motor de la agencia humana; el progreso no es una trayectoria lineal hacia la perfección, sino el resultado del procesamiento, corrección –y aceptación, diría yo–  de nuestros propios errores.


En la era de la inteligencia artificial esta noción cobra una dimensión política, como nos advierte Byung-Chul Han (2022): "La verdad es una narrativa, no una acumulación de datos. Los datos no tienen errores, pero tampoco tienen espíritu; la imperfección es el refugio de lo narrativo".


En el campo de la creación artística y en el contexto social actual la valoración de la falla desplaza el foco desde el resultado hacia el proceso, hacia la huella de la autoría y de lo real, pues el salto, la falla, la mancha o el glitch son los verdaderos certificados de autenticidad humana.


Werner Herzog ya nos lo había advertido: “El error técnico en una toma puede revelar más sobre el alma humana que una composición perfecta", y también Robert Rauschenberg: "Fui a ver a De Kooning. le dije que quería borrar uno de sus dibujos. Él entendió que era un experimento sobre el vacío. Me dio un dibujo que fuera difícil de borrar... para que el esfuerzo del error provocado fuera visible."  Mejor dicho, fallar sin pena y con orgullo.


¿Será la materialidad del error el refugio futuro de lo humano frente al tsunami digital que nos ahoga? "Para Federico Campagna (2021), sí: «La IA solo puede repetir el pasado. Nuestra capacidad de 'fallar' de formas nuevas es lo que nos permite imaginar futuros que no están en el dataset»."


Mi apuesta es fallar mejor como acto de soberanía, fallar diferente como defensa de nuestra diversidad.


*Para Gilles Deleuze, "todo encuadre determina un fuera de campo", y así establece  que no existe un cuadro que no remita a una "reserva de presencia que lo desborda por todas partes" (La imagen-movimiento, 1983). Bajo esta premisa técnica, el “fuera de campo” designa aquello que, aunque ‘no se oye ni se ve, sin embargo está perfectamente presente", identificándose con "el Todo" que "se comunica con el conjunto e impide que este se cierre sobre sí mismo". Fuera de Campo será mi iniciativa de contenido digital y de reflexión pública en mis redes y canales, y que explorará también en esta serie de columnas de opinión con el mismo nombre para ARTERIA, cómo la potencia de un artista no reside en el objeto aislado, sino en cómo su obra actúa como un sismógrafo de lo invisible, obligándonos a explorar otras artes, otras creaciones y  el contexto sociopolítico —esas presencias desbordantes— que sostienen y dotan de sentido a la estructura de lo visible que nos abraza.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no comprometen a ARTERIA.

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