Fabián Romero cuestiona el mestizaje que lo formó en su exposición 'Barroco Mestizo'
Actualizado: hace 8 horas

En el Museo Norte de Santander, en Cúcuta, cuelga la primera individual de Fabián Romero.. siete retratos de gran formato miran de frente al visitante: niñas, madres y matronas vestidas con el lujo de la pintura de una corte europea, pero con la piel, el gesto y los símbolos de los pueblos prehispánicos.
La muestra abrió gracias a las Ayudas Lucho Brahim a la Creación 2025, un programa de la Fundación Centro Cultural Pilar de Brahim – El Pilar que, desde 2023, apoya a artistas emergentes de Cúcuta y su región. Romero fue el elegido de esa convocatoria, y el respaldo le permitió, por primera vez, investigar y producir a la escala de un museo.
Romero nació en Maicao. Cuando tenía unos dos años, su madre se separó de su padre y se lo llevó a Bogotá. Ahí, en un colegio público, apareció el primer indicio de lo que vendría: "Empecé a darme cuenta de que me gustaba el arte", cuenta y ‘culpa’ a un tío, docente de artísticas, por haberlo animado a seguir pintando.
Después vinieron estudios técnicos en diseño gráfico, por lo menos la primera parte, y una mudanza a Bucaramanga porque su hermano, policía, fue trasladado allá y querían mantener la familia unida. A sus 27 años, tuvo un hijo lo que le motivó a ir detrás de su pareja a Cúcuta, donde ella vivía. Fue la ciudad que lo adoptó.
Las cuentas lo llamarón y el arte tuvo una pausa obligada para obtener recursos, pero la vida suele poner a la gente en el destino y terminó por trabajar en la sección de arte de un almacén de cadena: "Otra vez se concretó el sueño del arte", dice.
Tenía 27 años cuando decidió estudiar arte los fines de semana y buscar un trabajo que le diera tiempo para hacerlo. Tardó casi una década en tomar esa decisión, dice, por el mismo temor que enfrentan muchos: "El arte es muy bonito, pero no me iba a pagar los servicios". Romero terminó su técnico académico en artes plásticas. Uno de sus maestros fue el artista Samir Quintero, quien más adelante abrió su taller de artes plásticas, y ahora Romero dicta clases allí.
'Barroco mestizo': una pregunta sobre el origen

Con el anuncio del apoyo para su primera individual Romero pudo buscar respuestas a la pregunta que desde hace tiempo rondaba: quién era él en un país supuestamente multicultural. "En Cúcuta dicen que soy rolo, en Bogotá que soy de Cúcuta y en la Guajira…", cuenta, y recuerda una encuesta del Dane que le hicieron de niño, cuando un familiar respondió por él, entre risas, que era indígena.
"Me quedó eso", dice. Con los años, ese comentario se transformó en una indagación sobre el desbalance social que rodea a las comunidades indígenas y en el hallazgo de una palabra —mestizo— que, según fue descubriendo, no es neutra.
"Empecé a indagar más a fondo en temas propios, étnicos, temas de territorio", cuenta. El texto curatorial de la muestra lo explica así: "Mestizaje" es una "palabra histórica de doble filo, atravesada por mezcla, asimilación, promesa nacional y condicionamiento estético y cognitivo".
Romero llegó a una conclusión parecida por su cuenta: "la palabra mestizo viene de todo el tema colonial, un tema de castas donde te dicen que el grupo al que ‘pertenezco’ –el mestizo es menor que el europeo y mayor que el indígena".
En su incomodidad leyó a pensadores latinoamericanos de la decolonialidad, entre ellos, a la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, de quien tomó un concepto clave para nombrar lo que buscaba: ch'ixi, una palabra aimara que designa el tono gris de la serpiente o de ciertas piedras, que aparece a partir de puntos blancos y negros que nunca terminan de mezclarse. "Son dos colores yuxtapuestos y no se combinan", una especie de puntillismo, explica Romero.
El barroco como herramienta y como arma
El proyecto reúne conceptos como mestizaje, ch'ixi, el aforismo aimara qhipnayra uñtasis sarnaqapxañani (algo así como Caminar con el futuro detrás y el pasado adelante ) y la transmodernidad de Enrique Dussel, con los que Romero arma su propio vocabulario visual.
Para el artista, el Barroco "fue una de las armas más importantes de la colonización europea porque fue un reciclaje psicológico". Romero encontró, sin embargo, que dentro de esa misma tradición existieron grietas.
Hubo obras hechas por artistas indígenas bajo maestros europeos donde, entre la opulencia obligada, se colaban referentes propios —una planta, una flor—. "Esto, en una forma subversiva, casi imperceptible –dice– es el barroco mestizo". La pregunta que se hizo entonces fue por qué ese gesto tenía que seguir siendo algo al margen y no el centro de la escena.
La referencia a Las Meninas, de Diego Velázquez, es el punto de partida. En La piel de la realeza, Romero recompone la puesta en escena cortesana con cuerpos que él llama ‘meninas ch'ixi’. Una de las obras está basada en la infanta Margarita, pero con rasgos indígenas y con un totumo en la mano, en lugar del búcaro que sostiene la infanta en el cuadro original.
Los rostros "No son pertenecientes a una sola etnia", aclara Romero sobre las mujeres que retrata. Tienen rasgos indígenas, pero el maquillaje mezcla referencias de distintos pueblos de América. Ninguna imagen es un retrato étnico literal.
En una suerte de declaración personal pinta No te pertenezco, que muestra a una niña vestida como menina, con el puño cerrado frente al rostro. Romero lo resume como una declaración de independencia frente a la tradición que le enseñó a pintar: "No le pertenezco a esa línea europea, con el estilo, el manejo del material, su iluminación, de todo lo que me ha enseñado. Sé todo eso pero, no le pertenezco".
Tampoco idealiza su parte indígena y se niega también a pertenecer solo a esa herencia. Para él, “el barroco mestizo es como crear un nuevo pasado, para generar un rompimiento”.
La última pieza de ese recorrido, Influencias reales, deja atrás la pintura de época. En marcos dorados intervenidos con espirales y referencias al tejido aparecen creadoras de contenido, periodistas ambientalistas y artistas de distintos pueblos indígenas colombianos. Mujeres reales.
Vale decir que todas las imágenes que aparecen en esos cuadros cuyos marcos rococó fueron hechos también por él muestran en el fondo una admiración por la presencia femenina y sus luchas, algo que tiene que ver, cómo él acepta, con un reconocimiento a lo que ha significado su madre en su vida y a mujeres indígenas que, al igual que su madre, luchan en condiciones que él considera muy desventajosas pero que sostienen.

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