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Perro de Agua: El taller de grabado en Manizales que convierte el oficio en resistencia

  • hace 2 días
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Tras diez años de dedicación, la artista Ana María Trujillo, egresada de la Universidad de Caldas, ha convertido el grabado en su forma de vida. /Robin Tamayo- ARTERIA
Tras diez años de dedicación, la artista Ana María Trujillo, egresada de la Universidad de Caldas, ha convertido el grabado en su forma de vida. /Robin Tamayo- ARTERIA


ROBIN TAMAYO

Periodista

ARTERIA

Manizales


Perro de Agua es un taller de grabado en Manizales. El lugar parece un templo de creación gráfica edificado sobre la nostalgia. En él hacen carteles con técnicas casi olvidadas como los tipos móviles inventados por Gutenberg, producen papel japonés con procesos de siembra propios, ofrecen talleres a la comunidad y residencias a artistas con y sin experiencia. Además, cultivan la costumbre de salir a empapelar la ciudad con frases como “con lágrimas sí se curan heridas”.


Esa frase, que le lleva la contraria al Guaguancó del adiós del salsero Roberto Roena, se ve desde hace varios años en muchos muros de Manizales. Esos carteles aparecen como vestigios de una correspondencia de cuidado entre la artista Ana María Trujillo y la ciudad. “Lo hago porque me interesa la música y porque me gusta que mi trabajo plástico sea eso, hablar desde lo íntimo hacia lo público”, dice. 


Comenta que hay un carácter terapéutico en su forma de hacer y compartir carteles con los demás que le ayuda a vivir más tranquila.  En otro de sus carteles más difundidos tergiversa el dicho popular que reza: “Los hombres en la cocina huelen a caca de gallina”, en el cartel de Trujillo “los hombres en la cocina huelen a flores”.  


Han pasado casi diez años desde que esta egresada de artes plásticas de la Universidad de Caldas decidió dedicar su vida al grabado. Al preguntarle por la dificultad de mantener el taller a flote ella usa la palabra “resistir”. Con una prensa que compró a cuotas cuando aún era estudiante inició su emprendimiento. “Lo fácil es mandar a imprimir mil carteles en láser, pero quedarse aquí cuadrando cada letra y untarse de tinta es resistir a la velocidad que nos imponen, esto es un oficio de resistencia”, opina. 


“Para mí los carteles de Ana María ya hacen parte del arraigo. Yo no la conozco, pero cuando llego a la ciudad y veo esos carteles por las calles digo: estoy en Manizales”, cuenta Vanessa Marulanda, manizalita radicada en Bogotá.

Robin Tamayo /ARTERIA
Robin Tamayo /ARTERIA

La técnica de tipos móviles implica que quien imprime tiene cajones llenos de letras metálicas en diferentes tamaños. Cada pieza tiene el sentido inverso, por eso los cajones parecen llenos de letras que están al revés. 


Por ejemplo, si se necesita imprimir la palabra “bobo” ella debe buscar dos tipos móviles que se ven como la letra “d” y dos “oes” del mismo tamaño. Luego, debe   pensar a qué distancia está cada letra y a qué altura del papel quedará impresa la palabra. Si lo hace bien, sobre la superficie deberían verse los metales formando la palabra “odod”. 


Cuando  tiene esto dispuesto, ubica el papel y  presiona con ayuda de una prensa manual. Cuando retira el papel con cuidado, como en un efecto espejo, queda impresa la palabra “bobo”. Si el cartel tiene varios bloques de texto en diferentes tamaños, igual debe armarlo letra por letra. Para decorar el cartel con gráfica adicional,  debe tallar con gubia sobre madera o goma bajo la misma lógica de la tinta y el espejo. Sí, como dice Ana María, es más fácil imprimir en láser.


Esta tecnología centenaria la ha ido adquiriendo Perro de agua  en litografías que cierran o actualizan sus métodos de impresión. En Latinoamérica hay pocos lugares para aprender sobre estas técnicas tradicionales. En Veracruz (México) hay un lugar llamado La ceiba gráfica, y en Cali hay otro llamado La linterna. Ambos son referentes de la gráfica latinoamericana. Trujillo ha hecho residencias en los dos lugares para aprender de esos maestros.


“En la universidad aprendí que me gustaba la gráfica pero no tanto dibujar o pintar. Yo quería  pensar en grabado así como lo hacen esos maestros. Tú ves que en lo tradicional lo que parece un error de impresión en realidad puede ser un gesto que crea un cartel único. Eso le da más valor. Al final, son formas de relacionarse con la tinta y el papel”.  


Mientras Ana María  explica, hay otras dos artistas trabajando en el taller. Giselle Hernández es ceramista, se graduó antes que Ana y  tomó una residencia en Perro de agua para crear algo que combine técnicas. Por su parte, Juliana Clavijo, recién egresada, se inclina por el dibujo y la ilustración, pero tomó  la residencia en este taller para aprender más y pensar la gráfica desde otro ángulo.


“A veces hay puertas muy duras entre generaciones. Casi que es imposible hablar con artistas mayores que uno. Aquí no pasa eso, mientras trabajamos hemos formado una amistad”, dice Juliana al cortar papel para su proyecto de residencia, con lo que hace un cartel que dice: “Quiero aprender todas las formas de volver a mí”.    


El 19 de abril Ana María Trujillo estuvo en Bogotá dictando un taller de tipos móviles en Ocio galería. En las redes sociales de Perro de agua se encuentra información de formaciones futuras.   


   

Revisado por el editor.

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