El 'grafiti domesticado' de Juan Uribe: cuando el arte urbano entra a las casas de los coleccionistas

RÓBINSON TAMAYO
Periodista
ARTERIA
El artista bogotano Juan Uribe exhibe el proyecto documental y pictórico 'Grafiti interior' en la SGR Galería. Con este proyecto, Uribe ironiza sobre las dinámicas del mercado del arte y sobre la naturaleza del grafiti urbano, a la vez que documenta espacios interiores de estratos medios y altos de Bogotá.
“Tengo haters del mundo del grafiti que dicen que soy artista ‘riquillo’ o gentrificado. Yo, la verdad, respeto mucho los oficios, pero claramente uso un oficio que no es el mío para aplicarlo en otras narrativas, otros códigos”, dice.
El artista estuvo rayando con aerosol las paredes internas de casas, restaurantes o talleres de amigos y conocidos. A diferencia del código del grafiti urbano, Juan pidió permiso y conversó con quienes habitan los espacios para consensuar la intervención en la pared.
La mayoría son frases como: “Haré arte aburrido”, “El amor es una vida de lujo”, “Los DJ también lloran (y harto)”, entre muchas otras. Fueron 63 casas en total en las que escribió, solo en una hay un dibujo.
“Esto fue un primero de enero. Hice un pajarito porque el dueño me dijo que no le encantaba el proyecto, pero que no quería frases huevonas”, cuenta Uribe mientras señala una obra en SGR.
Lo que no se negoció en el proyecto de Juan fue el punto de la pared donde puso cada grafiti. La clave era que su intervención siempre quedara tapada con un cuadro o una fotografía que la persona tuviera colgada allí desde hace tiempo. Por eso la Galería SGR está llena de cuadros duales en los que se ve una foto de la pared rayada sobre otra foto del grafiti tapado.
Cuando el grafiti está tapado la exposición parece una muestra fotográfica de interiores bogotanos donde no está pasando nada, pero cuando se miran las dos fotos con detalle, se ve el gesto de apropiación que propone Uribe. En algunas fotos sus intervenciones están tapadas por obras de artistas como Beatriz González, Óscar Murillo, Carlos Castro, Juan Mejía, Wilson Díaz y María Elvira Escallón, entre otros.
Según el artista, con este ejercicio asume para su propio trabajo la "plusvalía histórica" y las "cargas de representación simbólica". Su gesto queda escondido como habitante intruso del pedazo de pared que ha sido designado para la obra de otro artista.
Ese pedazo de pared, claramente, ha sido designado por coleccionistas o personas con la capacidad financiera para participar del mercado del arte.
Frases irónicas como: “Hay que volver al bodegón”, “Grafiti domesticado” o “Estos lotes no están en venta”, quedan sellados en la pared como un secreto transaccional donde el coleccionismo asimila su propia crítica.
El artista comenta que es consciente que trabaja con y para un mercado donde hay especulación, poca regulación, evasión y otras prácticas comerciales complejas especialmente para artistas de este lado del hemisferio.
“Me parece chévere que en estos juegos haya un espacio de diálogo, como esa develación de cosas que pasan tras bambalinas que pueden ser violentas o que uno las permite. La precarización del artista en la actualidad es real”, opina Uribe.
La muestra Grafiti Interior estará abierta al público en la Galería SGR hasta el 31 de octubre y las fotografías que la componen fueron publicadas en un libro por la editorial Caín Press.
Revisado por Diego Guerrero




