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'El enano', de Teatro Tierra: una obra de culto que sigue llenando salas después de 30 años

  • hace 21 horas
  • 5 min de lectura


 Presentación de Corazón Rudo en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella - Foto ARTERIA.
Magda González interpretando a Piccoline en la obra El enano durante el FESTA 2026. /ARTERIA.

ROBINSON TAMAYO

Periodista

ARTERIA


En 1990, el grupo Teatro Tierra estrenó su obra El enano durante un festival en Manizales y la función fue un éxito que marcó su trayectoria. En pleno 2026, en el Festival de Teatro Alternativo (Festa) de Bogotá, la volvieron a presentar y el público se tuvo que apretar para que no quedara nadie por fuera.


Desde la fila, que sumaba entre 80 y 100 personas, se sentía cierta tensión al intentar entrar. Claramente, no se trataba del desorden masivo en la entrada de un concierto pop, pero, igual, había que cuidar el puesto. Cada que una pareja o un grupo recién llegado se paraba en la puerta de la sala El Galponcito de Umbral Teatro, los de la fila se juntaban más o se ponían de pie como para hacerse sentir.


En ese cuarto piso ruidoso del Centro Comercial Los Ángeles había tensión.

Era como si la gente tuviera muchas ganas de ver algo raro o eso que llaman “arte de culto”. Tanto así que una mujer joven, angustiada y por fuera de la fila, le tiraba cuentas al aforo y manifestaba llevar mucho tiempo esperando ver esa obra. En otro sector, un grupo de señores comentaban estar felices por poderla repetir. Ya sobre las 8:15 de la noche, Catalina, la encargada del ingreso, alzó la voz y empezó a pedir boletas.


¿Por qué una obra de teatro independiente con más de 30 años aún llena la sala? ¿Qué hace que haya personas dispuestas a apretarse durante una hora para verla o repetirla?... ¿Qué hay detrás de esta obra incómoda que hoy hasta podría ser reprochable por personas que podrían considerarla denigrante?


‘El enano ’ en el cuerpo de una mujer


'El Enano' /ARTERIA
/ARTERIA

Esta es la historia

Ambientada en una hipócrita corte italiana durante el Renacimiento, El enano es un perturbador unipersonal que funciona como una cruda parábola sobre la perversidad y los horrores de la guerra. La historia sigue a Piccoline, el siniestro enano del palacio que vive confinado en un calabozo y quien, movido por el rencor, el asco somático y el desprecio absoluto hacia la humanidad, se convierte en el confidente secreto y brazo ejecutor de un príncipe maquiavélico.

La actriz Magda González, que tiene una estatura promedio para nuestro entorno, aparece convertida en una persona de poco más de 60 centímetros llamada ‘Piccoline’. La protagonista sale de un barril metálico de 55 galones, de los que se usan para empacar petróleo, y en los primeros minutos de la obra se confiesa asesino al decir: “Lo maté con mis propias manos porque aquí el único enano soy yo”.


Hay otras escenas donde este ‘Piccoline’ iracundo levanta el barril con sus brazos, se para sobre él para hacerse alto o se deja caer en su interior para luego rodar por el escenario mientras grita diálogos venenosos. Él odia el mundo que lo rodea y en la sala hay gente incómoda con él. También hay quienes muestran su desconcierto por lo que logra la actriz que, además, encarna cuatro personajes

más.


“Este monólogo es muy exigente. El cuerpo adopta una posición que no es cómoda, hay que calcular el peso de la caneca para lograr un contacto orgánico con ella y sostener la tensión. Yo termino muy cansada, pero la obra tiene una estructura muy bella que exige precisión. Es como una partitura física muy rigurosa”, dice la actriz.


Magda también explica que entrena para desarrollar al personaje desde lo que ella es, desde lo que ya estaba en ‘Piccoline’ cuando lo interpretaba Clara Inés Ariza, cofundadora de Teatro Tierra, y desde lo que exige Juan Carlos Moyano, director, dramaturgo y cofundador del grupo.


A finales de los 80, Moyano —de quien dicen en algunos recortes de prensa que abandera un arte polémico e incómodo— decidió crear una versión libre para teatro de El enano, la novela del nobel sueco Pär Lagerkvist. “Yo estaba en Estocolmo y ahí este autor ya era un referente literario. Cuando tuve la novela en mis manos quedé impactado con su lucidez para retratar la crueldad humana”, dice.


Lo político


En 2025, Juan Carlos y Magda decidieron remontar la obra. Para la actriz era primera vez; para el director era volver a un trabajo con el que viajó por el mundo. Esta obra la ha presentado en más de diez países de Europa y América. Las razones para volver a ella son las mismas que le motivaron en el primer montaje: la indignación por la guerra y la situación geopolítica.


“Ya había visto la obra hace muchos años. Creo que tiene una descarga muy fuerte a nivel actoral y la dramaturgia tiene unas reflexiones muy potentes sobre la guerra y sobre esos seres abominables que rechazamos, pero que llevamos dentro”, dice Édgar Rodríguez, editor periodístico que asistió como público.


Cuando Teatro Tierra estrenó El enano en 1990, George Bush (padre) recién había atacado Irak. Era una época de guerra en el Golfo Pérsico. Igual que en esa época en que el público entendía la referencia, en las funciones de estos días no hace falta mencionar a Trump, Putin, Netanyahu ni a ningún conflicto. En el Galponcito de Umbral Teatro el público también entendió la locura de ‘Piccoline’ y su barril petrolero.


El método

Durante la hora que dura la función, el único elemento en escena es aquel barril negro, metálico y pesado. Con ese objeto Magda tiene que contar la historia. Además de transformar su cuerpo y cambiar de vestuario para cada personaje, la actriz debe interactuar con la caneca como si esos personajes no pudieran existir sin ella.


Esa forma de hacer teatro es parte de lo que convoca al público, la gente quiere ver eso. La vigencia del grupo tiene que ver con esa esencia de complejizar los objetos al servicio de la historia. Moyano cuenta que el Ministerio de Cultura va a publicar dentro de poco un libro llamado Teatro Tierra: el mapa de los objetos encontrados.


El dramaturgo también agrega que “en el método que nosotros utilizamos, que llamamos ‘La poética del objeto’, estos no son utilería, no son cosas decorativas, sino que cada objeto interactúa casi como un sujeto”. Y es verdad: tal vez lo más disruptivo y raro en esa obra no es ‘Piccoline’, sino el hecho de que un barril petrolero sea protagonista, que sirva de casa y de tumba, porque… mejor no contemos el final…

Teatro Tierra tiene obras en circulación constantemente. Para enterarse de su programación puedes ubicar sus redes sociales o visitar su sede en el barrio La Perseverancia de Bogotá.

Revisado por el editor.

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