top of page
Contenidos e información sobre arte y cultura en Colombia

¿Cerrado por vacaciones?

  • Foto del escritor: Diego Guerrero
    Diego Guerrero
  • hace 1 día
  • 6 Min. de lectura
El nido En nuestra nueva sección de opinión Caridad Botella nos muestra una suerte de hastío con las redes sociales y señala esa relación dual de peligros y beneficios que presentan para quienes habitamos el mundo del arte y la creatividad.

Caridad Botella /Cortesía
Licenciada en historia del arte de la universidad Complutense de Madrid, magister en museología en Reinwardt Academy de Amsterdam y con estudios fílmicos en Universiteit van Amsterdam. Ha trabajado como directora de la Galería Witzenhausen de Ámsterdam y contribuye con varias publicaciones internacionales como Artpulse y Artnexus. Foto: Mateo Pérez /Cortesia

CARIDAD BOTELLA

PARA ARTERIA OPINIÓN


Las últimas semanas del 2025 fueron de hastío, uno sano –si es que esto existe, pensé–

porque al final del año pasa que ya hemos tenido suficiente.


Suficiente arte, suficiente dejarse ver, suficiente curaduría, suficiente opinión aquí y allá de todo el mundo. Suficiente ego, suficiente exposición a redes sociales, suficiente de ver lo mismo, suficiente esfuerzo sin saber si hemos avanzado y hacia adónde.


Yo anhelaba el gran parón que suponen las fiestas. A otra cosa mariposa: familia, comida, regalos, paseos, lectura, ¿desconexión? Pero, aunque estaba en el limbo vacacional, el flujo de las redes sociales no cesaba: todo el mundo haciendo, haciendo y haciendo, compartiendo, compartiendo y compartiendo, y yo conectadísima desde el refugio del poder descansar: reels  elaborados, éxitos de fin de año, proyecciones para el nuevo que empezaba.


Primero de enero (festivo,  paréntesis del año por excelencia) y lo mismo: no había escapatoria del streaming de actividad. Yo soñaba con un cartel que rezara “Cerrado por vacaciones” esparcido en grande por todos los muros de todas las cuentas habidas y por haber.


Imaginaba a todos los habitantes de mi algoritmo descansando en familia,o solos, pero haciendo algo distinto, desconocido para el ojo permanente; con la mente y el cuerpo ocupados en vivir en el mundo físico, en el romántico y nostálgico mundo de lo sensorial. 


Pero esa sensación de temer no estar haciendo lo suficiente en redes, o no estar haciéndolo bien es abrumadora, paralizadora, apabullante.  Porque la gente, al otro lado de la pantalla, se toma ese minuto para postear, para hacer el story, para programar sus publicaciones y que lleguen bien y a tiempo.


Además de  mostrarme cómo los demás son mejores, más felices y más exitosos, las noticias internacionales y nacionales (que salen disparadas en la pantalla nada más abrirla), me hacen pensar en el fin del mundo. Luego de ver varios negocios que no conocía hasta el momento, alguien me explica cómo ser más eficiente organizando los almuerzos y las loncheras para todo el mes, para ahorrar tiempo y dinero, y así estar más tranquila.


¡¡Uyyyyyyy, casi caigo!! Es muy tentador: paga una módica cantidad y vuélvete (¡porque te vuelves!) todavía más eficiente. Ahorra tiempo y dinero con esa herramienta taaan práctica (para después gastarlos en otras cuentas y productos). 

Bien se sabe que en el mundo de la creación (el cual habito ) esto que describo es un factor que afecta a nuestra  salud mental, alimenta síndromes, depresiones, comparaciones malsanas y manías varias. 


Sí, necesitamos que nuestro trabajo se vea, necesitamos una plataforma para visibilizar lo que hacemos, pero, ¿todos de la misma manera y al mismo tiempo y sin descanso como  si fuéramos expertas en comunicación, presentadoras de televisión, locutoras de radio, profesoras a distancia? Así me he sentido yo, por lo menos. 


Ojo: no pregono desde una elevación moral, pero se respira una inercia en la que caemos como en un sinsentido basuril que huele a haber visto los mismos trucos, seguido los mismos tutoriales sobre “cómo hacer que tu post no muera” o “cómo presentar tu marca personal”. 


En una espiral viciosa veo personajes que salen explicando cómo tener éxito en el mundo del arte. Cómo ser o no ser...; acatar o no acatar. Entiendo que  queremos vivir de lo que nos apasiona y la cosa está difícil, pero no deja de ser contradictorio que un contexto que florece y y se nutre de personas que en un momento dado ponen un punto y aparte en la forma tradicional de hacer las cosas para marcar una diferencia compre constantemente recetas para el éxito.


Llevo dos meses con la certeza de que hay algunos bien afincados en la tarea de la autopromoción y otros que se la disfrutan. Entremedias me encuentro yo que, a ratos, pico de un ladito y, a ratos, del otro, sin saber qué hacer o qué no hacer y sintiéndome fatal el 99 por ciento del tiempo, cuando hago doom scrolling por horas. El uno por ciento sucede cuando yo misma publico y alguien comenta algo que me “anima”: ¡para entender el nivel tan bajito que se genera en esas arenas movedizas!


Una de las gotas que derramó el vaso estas fiestas fue la hilera de fotos con la  maestra Beatriz González (D.E.P). Todas anunciando algo que ya se sabía y todas con un mensaje de autoimportancia, inercia, repetición; un dejarse llevar por el oleaje. Creo que yo misma caí en este tipo de post deleznable, cuando murió el maestro Antonio Caro… Quien esté libre de pecado… pero ya... una y no más.


No deja de sorprenderme lo fácil que es caer. No sabemos lo que hacemos (¿cierto?), nos dejamos llevar por una idea de lo que creemos o nos cuentan que hay que hacer, y así seguimos. Con la intención de  parecer profesionales, actuales y contemporáneos, pecamos de una superficialidad que ni siquiera tiene conciencia y es vacía de ironía, de humor. Nos olvidamos de que somos personas con agencia, también dentro de ese espacio de likes y follows.


Dejarse llevar está bien, siempre y cuando nos demos cuenta y no nos perjudique. Pero, al seguir la promesa  de un mejor desarrollo profesional, de más exposición(es), más ventas para artistas, curadores, gestores culturales nadamos en las profundas aguas de otras profesiones que pisan fuerte en un terreno que sí les favorece. 


Y, entre cosa y cosa pasamos horas y horas viendo anuncios de tiendas chinas, de juguetes llamativos, de planes de adelgazamiento, yoga facial, pilates de pared, etc. Honestamente, estas vacaciones, junto con el desasosiego de ver que no se para ni en las redes, pasé mucho tiempo viendo recetas de cocina, reels de “manitas haciendo cosas”, evitando los ‘caretos’ en primer plano, micrófono peludo en mano, y me morí de la risa con los videos de Paco de Miguel. Eso sí fue entretenimiento del bueno, del de toda la vida: comida, sueños y risas.


Todavía me parece un chiste de los dioses de la ironía leer sobre los efectos nocivos de las redes sociales en las mismas redes sociales. La salud mental no está blindada contra esto que se nos vino encima sin avisar. Algo que promete pero encadena, que alimenta nuestro ego de la forma más superficial, sin ser conscientes; que nos muestra un espejo que es la peor versión del clásico “espejito, espejito”. 


Ya en febrero, esto no es una queja sino  pura reflexión para  tomar buenas decisiones y entender mejor; para ser consciente  y  para honrar un propósito de vida más cósmico que digital.


Recuerdo conversar con una amiga sobre las ganas de volver a los encuentros en persona;  regresar a descubrir cosas nuevas haciendo paseos aleatorios por la ciudad, en vez de deglutir todo lo que el algoritmo nos presenta, porque él sabe muy bien lo que cree que me gusta o necesito para mi edad, género y condición. Las redes sociales son como un casino abierto 24 horas, una ciudad que, de verdad, nunca duerme; un territorio con pocos mapas y muchas opciones por el cual necesito aprender a navegar, a transitar, a caminar, correr, nadar, descansar…


Todo el rato pienso: quizá debería salirme (pero no puedo desaparecer). Debería ser capaz de no entrar a mirar. Debería poder trazar una ruta. Quizá suene inocente pero, poco a poco, doy pasos: bloqueo anuncios  que se repiten hasta la saciedad, dejo de seguir cuentas que ya no me aportan y creo que lo siguiente será confiar en el valor y la calidad de lo que hago, y encomendarme a la vida real, antes de que un día se caiga la red con todo nuestro tiempo, vida y dinero en su sistema digestivo.


Para poder escribir o conjurar la mejor curaduría no necesitamos* estar pegados a lo que el resto hace, dice o enseña en un espacio tan reducido como infinito. Quisiera decir lo que sí necesitamos, pero, sinceramente, no lo sé. Cada día trae su afán, como dicen por aquí.

----

*Que quede claro que el uso del plural en esta columna es una pura herramienta de (auto)terapia de grupo.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor.

  • Instagram
  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
Periódico Arteria
Periódico Arteria: arte y cultura
Otro Día Más es un producto de Periódico Arteria
Fundación Arteria
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube

Copyright © 2026 Periódico Arteria. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de cualquiera de sus contenidos, así como la traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. www.periodicoarteria.com.

bottom of page