Perspectiva en el camino
- hace 2 horas
- 4 min de lectura
El nido Una reflexión desde el Camino del Norte del Camino de Santiago. Cómo el viaje, el paisaje y la historia del arte transforman la mirada y ofrecen una nueva perspectiva cultural.
CARIDAD BOTELLA
PARA ARTERIA OPINIÓN

Me llevé la columna de vacaciones a un viaje por una parte del Camino de Santiago. Generalmente ‘El nido’ nace en un escritorio en Bogotá, en un teclado de computador, rodeada de cositas de la persona cositera que soy, pero, en esta ocasión, no quise cambiar la fecha para así librarme de un deber en el descanso, con la intención de enviar palabras con aires de otro rincón del mundo. Confiaba en que el cambio de lugar y el camino me darían algo que decir. En esta ocasión, la parte norte del Camino.
Ese cambio de perspectiva es, de hecho, el tema que ha ocupado mi mente a lo largo de senderos, valles, montañas y acantilados costeros. Debo aclarar que, de albergue en hostal mi herramienta ha sido el celular, y es esta una reflexión casi a pelo (sin consultas online), nacida de observaciones que han ido alimentándose de una mirada muy contaminada por tantos años de estudiar y de ver con el filtro de la historia del arte.
Emprender cualquier viaje, así sea a la villa de al lado, conlleva siempre tomar perspectiva con respecto al lugar de partida original. Ver la propia vida desde lejos es algo que siempre ofrece realizaciones y, con suerte, alguna conclusión. Tener la oportunidad es maravilloso pero tener la capacidad de hacerlo, sea donde sea, es el verdadero lujo.
El Camino de Santiago, tiene un aura histórica innegable; he sentido dar pasos por caminos recorridos desde hace más de mil años. Es inevitable preguntarse cómo habría sido realizar este recorrido en el siglo XIII, por ejemplo. El sendero se ocupa de recordarnos que tiene historia. Caminamos por un pliegue del tiempo en el que el pasado y el presente se juntan al andar.
El recorrido está lleno de vistas sobrecogedoras, ‘parchecitos’ rurales tranquilos, horas silenciosas sin ver a nadie más; bosques maderables de pinos y eucaliptos; cultivos de distinta índole, como vid, maíz, manzanas o kiwis; animales de granja como vacas, caballos, ovejas, cabras, todos pastando a su ritmo mientras aparecemos y volvemos a disolvernos en el espacio y el tiempo.
Hay animalitos que acompañan el camino, como abejas, abejorros, libélulas y arañas, cada uno con su zumbido o casa tejida; plantas que nos han flanqueado y regalado color y lecciones de botánica, como la zanahoria salvaje, la zarzamora, la campanilla blanca, el diente de león y la margarita.
Caminando en paz —pues no es un tramo especialmente transitado—, se puede observar y entender cómo y de qué vive la gente en las poblaciones a lo largo del recorrido; cómo son mantenidos los animales; las diferencias que hay entre un bosque natural y otro en concesión forestal. Por ejemplo, los bosques de monocultivo son más silenciosos porque no hay tanta variedad de especies y al salir de ellos volvemos a oír el piar de varias especies.
Como conjunto, desde la distancia cualquiera de estos bosques se ve encantador, como parte de paisajes sobre los que he podido proyectar nostalgias, deseos, preguntas. Dentro del bosque mismo surgen otras de carácter concreto sobre las características del mismo.
Ciertos temas de la historia del arte me han acompañado a menudo, especialmente el de la perspectiva. Al avanzar en el camino, hay elementos que se veían en lontananza y terminaban, después de un rato, apareciendo delante de nuestras narices. Desde lejos, una casita en la mitad de una montaña, en un día soleado, con vacas pastando al frente, árboles aquí y allá, bosque y más montañas alrededor nos arroja una imagen idílica y pintoresca.
Una hora después, al pasar al lado de la misma casa, vemos sus detalles: la gente que vive ahí, una mujer haciendo tareas domésticas, una niña pequeña a su lado. La imagen pierde el carácter anterior volviéndose ahora cercano, real, con olor, textura y sonido.
En todo este camino transité por lecciones de estética del Neoclasicismo y el Romanticismo recibidas en la Universidad que saltaron de los apuntes de estudiante a la vida.
Quizá es esta una observación muy básica y obvia, pero les aseguro que no es lo mismo leerlo en un libro y analizarlo en una obra de arte que llevarlo en la retina de la experiencia personal y comentarlo en voz alta como aprendizaje incorporado, como ha sido el caso. Y no es que en Colombia no haga caminatas, es que ninguna me había dado tanta perspectiva.
En últimas, quiero compartir aquí mi asombro que afortunadamente sigue ahí, que no se ha desgastado con el paso del tiempo. A medida que íbamos avanzando, la perspectiva visual cobraba un carácter metafórico, filosófico y vital. Salí de viaje justo después de las elecciones y el alejarme por un momento me ha dado perspectiva otra vez.
Una de las conclusiones a las que he llegado es la necesidad de sacar la mirada hacia afuera, desregionalizar el trabajo. No creo que lo ajeno sea tantísimo mejor pero que bueno sería lograr ver más exposiciones internacionales e internacionalizar las locales para que ese cambio de perspectiva sea parte de la pedagogía de los museos, instituciones y galerías. Independientemente del gobierno de turno, hay que seguir haciendo el trabajo que nos eleve por encima de las montañas y del mar.

Caridad Botella Lorenzo (Madrid, 1977) Licenciada en Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Magister en Museología de Reinwardt Academie, Ámsterdam y en Estudios Fílmicos - Universiteit van Amsterdam. Maestra bordadora de la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo. Fue directora de la galería Witzenhausen de Ámsterdam entre 2006 y 2011. Desde el 2012 reside en Bogotá donde se volvió mamá de dos niñas, descubrió una conexión íntima con la naturaleza y el amor por el bordado. Es co-fundadora y curadora de SINFONÍA TRÓPICO, una plataforma científico-artística con énfasis educativo, que gira en torno a la pérdida de biodiversidad, la deforestación y el cambio climático en Colombia. Trabaja como curadora independiente con enfoques en el arte textil, la naturaleza y la relación entre el arte y la literatura. Foto: Mateo Pérez /Ilustración con IA
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor.

