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Periódico Arteria

La complejidad de este 47SNA está diseccionada en un mural de casi 15 metros en Popayán

  • Foto del escritor: Diego Guerrero
    Diego Guerrero
  • 2 dic. 2025
  • 3 Min. de lectura
En la historia del arte, los dibujos que explican procesos van desde los registros rupestres hasta los diagramas contemporáneos de Beuys o Lombardi. Pero en el 47SNA esta tradición adquiere una capa distinta: el mural también es ritual, archivo y cartografía de un “organismo vivo”.
Sobre tres paredes naranjas hay un mural de 15 metros aproximadamente que retrata a personas conectadas con componentes y acciones del 47SNA. / Róbinson Tamayo-ARTERIA
Sobre tres paredes naranjas hay un mural de 15 metros aproximadamente que retrata a personas conectadas con componentes y acciones del 47SNA. / Róbinson Tamayo-ARTERIA


RÓBINSON TAMAYO

Periodista

ARTERIA

Popayán

La sala más grande del Museo de Arte Moderno de Popayán (Mampo) parece una sala de disección en la que se pueden ver y palpar todos los órganos del 47 Salón Nacional de Artistas (47SNA).    


Sobre tres paredes naranjas hay un mural de 15 metros aproximadamente que retrata a personas conectadas con componentes y acciones del 47SNA. Todos los procesos y sentidos de territorio que tiene el evento están explicados ahí.


Además, en el suelo de la sala está la Siembra simbólica del Salón, es decir, los elementos que se usaron cuando las comunidades indígenas dieron inauguración al Salón en el Morro de Tulcán, en Popayán.  


Estos elementos le dan un toque tridimensional al diagrama que está en las paredes. Entre ellos hay tierra, piedras, un machete y una vasija de barro que fueron usados cuando comunidades indígenas, colectivos, equipo curatorial, artistas y comunidad en general se reunieron en el Morro de Tulcán, en un ritual junto al fuego para declarar intenciones de este 47SNA. 


“El diagrama es ese lugar flexible donde podemos traer esas cosas que narran los laterales y los bordes del proceso. Por eso la idea es que esas otras materialidades que hay en la sala se entiendan como parte del diagrama.”, expresa la artista Angélica Ramírez.


Ella es licenciada en artes visuales de la Universidad del Valle y su práctica se centra en el dibujo y en la pedagogía. En el pasado ha sido ilustradora botánica y científica.   Ha hecho parte de este Salón desde sus inicios en el territorio caucano como integrante del equipo de lo que el Ministerio ha denominado “Escuelas Itinerantes”. 


“Ella estuvo conectada con ese espíritu donde se sembró el salón y ha estado desde el principio en esa escucha profunda del proceso, desde la asamblea, desde caminar el territorio… por eso fue como muy natural invitarla”, cuenta la curadora del componente editorial, Catalina Vargas. 


Los antecedentes en ilustración de naturaleza que tiene Angélica se notan en el diagrama. Si se lee de izquierda a derecha se ve primero la Laguna de Ñimbe, lugar donde están sembrados los procesos del Salón, según las tradiciones indígenas. 


Luego aparecen las cartas en las que se invitó a mayoras y mayores a hacer parte de la asamblea del Salón. Con formas orgánicas, estas cartas conectan con una especie de célula grande en las que se retrata a los asamblearios. En este grupo de nueve personas se ha apoyado el equipo curatorial para crear el Salón, a la asamblea se le pide consejo a medida que el proceso del Salón va avanzando.


De la “célula” que retrata a la asamblea se siguen desprendiendo formas que parecen develar el interior de un organismo vivo, una disección de los seis componentes y las acciones de cada momento del 47SNA. Al final, el mural es desbordado por el dibujo del río Guapi, en donde terminará el Salón con una balsada.


“El río desborda el espacio porque, como muestra el diagrama, el Salón recoge procesos que ya estaban y esos procesos van a seguir después del Salón”, opina Angélica.


En la sala también hay dispositivos multimedia que complementan el relato informativo de este diagrama. En algunos audífonos se pueden escuchar las voces de los asamblearios y en tabletas se ve a integrantes de colectivos. Allí responden varios porqués sobre este salón que disputa prácticas tradicionales de los salones de artistas. Disputas que sobre todo se centran en equiparar la importancia entre obra y proceso, y en dar un lugar a procesos comunitarios del territorio. 


De manera que quien visite esta pieza en el Mampo podrá tener una experiencia de inmersión en el concepto de Kauka, asamblea de mundos posibles. Cabe aclarar que este diagrama no está considerado como una obra dentro del Salón. Podría decirse que es una pieza de comunicación sensible que se le encargó a una dibujante.


Angélica dice al respecto: “Hay una coautoría. Muchas manos me ayudaron a pintar. Había cierta reserva por llamarle diagrama pero a mí me gusta ese lugar porque se explican cosas con la imagen. Las demás materialidades, como la siembra, se fueron integrando en conjunto con el resto del equipo”, concluye.




Róbinson Tamayo. Revisado por Diego Guerrero.


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