El escritor chileno Alberto Fuguet en Bogotá: identidad, melancolía
- hace 3 días
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ROBIN TAMAYO
Periodista
ARTERIA
El escritor chileno Alberto Fuguet habló con lectores en Bogotá sobre sus novelas ‘Ciertos chicos’ y ‘Ushuaia: Un destino melodramático’. Las contradicciones que movilizan a sus personajes literarios y cinematográficos detonaron conversaciones particulares en Corferias y en Tunjuelito, sur de la ciudad.
Ushuaia: Un destino melodramático es una novela de 340 páginas aproximadamente, publicada por Tusquets Editores, en la que el escritor chileno narra la historia de Bruno, un joven artista, y Leticia, su madre, una argentina “un poco loca”, según el escritor, que queda embarazada en Chile.
La historia se hace más compleja cuando aparece Facu, un hombre gay que mantiene un vínculo afectivo y erótico con Leticia. El entramado de estos tres personajes genera reflexiones sobre la identidad sexual, el suicidio, los matices que tiene la relación de una madre soltera con su hijo y la complicidad que hay entre hombres gais y mujeres. “La complicidad es muy fuerte, muy profunda y a veces con tintes eróticos”, expresa Alberto Fuguet.
La presentación de esta novela se hizo en Corferias en el marco de la pasada Feria del Libro en medio de gritos y voces de estudiantes de colegio que participaban de otras actividades.
Las inquietudes de los jóvenes, la salud mental y la identidad, más que temas, parecen obsesiones en la obra de Fuguet. Ushuaia la empezó a escribir porque le regalaron el disco duro de un fan suyo que se suicidó. Se lo dio el hermano del suicida y de ahí nació el personaje de Bruno. Alberto cuenta que aunque este fan escribía todos los días en un blog con una calidad y una disciplina envidiables, nadie lo leía. “Era un joven apuesto, poeta y suicida, como un Caicedo”.
La referencia a Andrés Caicedo no es gratuita, en 2008 Fuguet publicó el libro ‘Mi cuerpo es una celda, una autobiografía’ en la que escribe y juega con la información sobre la vida del escritor caleño Andrés Caicedo. Alberto ha manifestado en varias ocasiones que Colombia es más ‘Caicediana’ que ‘Garciamarquiana’.
Su pulso le ha dedicado bastante atención a personajes que no encajan y que ha veces no agradan. En varias ocasiones la politóloga Gina Borré, interlocutora del escritor en Corferias, se esforzó para sobreponer su voz al ruido de la sala y expresar su odio-amor-odio por Leticia. “¿Por qué no salvó a Bruno?”. Alberto planteó la duda sobre la capacidad de las madres para salvar a un hijo. “Sean buenas, malas madres o del medio, todos tenemos nuestros demonios”.
Una joven preguntó: “Después de tanto tiempo escribiendo desde la masculinidad ¿Qué fue lo que más le costó para hacer que Leticia se sintiera auténtica, cómo entró en su mente?”.
Entre contento y sorprendido por la pregunta de la joven, el escritor respondió que nunca ha sentido que escribe desde la masculinidad. “Yo me siento hombre y me gusta el hombre y me atrae todo lo que es masculino, pero siempre me ha interesado lo que ahora llaman nueva masculinidad: ¿Por qué los hombres lloran?, ¿por qué tienen miedo?, ¿por qué son débiles?, esas cosas me acercan mucho a lo femenino”.
‘Ciertos chicos’
La novela Ciertos chicos tiene más de 400 páginas y también fue publicada por Tusquets Editores en la colección andanzas. En el libro, un narrador omnipresente cuenta detalles de la vida de Clemente Fabres y Tomás Mena, dos jóvenes gais que intentan existir en un Chile que está bajo dictadura.
Los personajes respiran y conectan a través de rutinas aparentemente simples como escuchar música y escribir un fanzine. En la novela hay bandas que van desde Los prisioneros hasta Modern English. La canción I melt with you es fundamental en la trama.
Presentación de Ciertos chicos en el Teatro El Contrabajo
En esta presentación no hubo ruido. La conversación entre el poeta y docente Arturo Hernández y Alberto Fuguet tuvo un tinte profundo. Al final el chileno agradeció la lectura atenta que encontró en este espacio.
Para asistir al encuentro, el escritor tuvo que desplazarse a Tunjuelito, en el sur de la ciudad. En una mesa grande en medio del teatro discutió sobre música, contracultura y la situación política de Chile y Colombia.
En el lugar no se habló de ‘literatura gay’. El público estuvo conectado con una charla sobre una historia de amor. Pasado un buen rato, Alberto precisó que se hablaba de amor entre dos hombres, por si alguien del público no había leído Ciertos chicos.
Aunque la historia de amor entre Tomás y Clemente fue intensa y fugaz, el libro ocupa buen espacio y se mueve lento en el tiempo porque ser gay en una dictadura casi que implica convertirse en un agente secreto de los deseos propios. Estos jóvenes no creen en derechas ni en izquierdas. Son disidentes tratando de existir.
Para sorpresa de Fuguet, en el teatro apareció Juan María Ortiz, un antiguo librero que asegura haber tenido amistad con Andrés Caicedo. La conversación sobre música, cine e identidad sexual se expande de nuevo.
El cine de Fuguet
Además de escribir novelas, Alberto Fuguet es periodista y ha hecho películas. Esto le da una capa de complejidad al universo de sus historias. En Ciertos chicos, por ejemplo, usa un recorte de prensa en el que se informa sobre un parricidio en Santiago de Chile. Una de las víctimas tuvo encuentros íntimos con Clemente, el protagonista.
La trágica escena pasa rápido en el libro, pero en la película Cola de mono (2018), se cuenta en un thriller Lgbtiq+ de hora y media. Borja, que en la película es protagonista, tiene que cargar con sus traumas y definir su identidad en medio de la dictadura. La película referencia fenómenos culturales como los Baños Prat en Santiago.
En el cine de Fuguet el tiempo también pasa lento, los personajes parecen agotarse de mirar hacia adentro y sentir que no encajan. Casi todos tienen experiencias migratorias que empalman por momentos con la vida de este autor chileno que tiene como lengua materna el inglés.
Revisado por el editor.




