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Ana María Devis, en el Mambo: del arte, los hongos, la vida y la muerte

  • hace 2 días
  • 6 min de lectura


    Ana María Davis usa lo micro de la vida para cuestionarnos de una manera poco usual. /Diego Guerrero- ARTERIA
En ' de una vida a otra' Ana María Devis usa lo micro de la vida para cuestionarnos de una manera poco usual. /Diego Guerrero- ARTERIA

DIEGO GUERRERO

Editor

ARTERIA


Los sótanos suelen llevar a la mente a un lugar oscuro, a veces, tenebroso. No importa lo iluminado que pueda estar o lo bien que pueda oler, un sótano es un lugar al que hay que descender y los descensos no producen casi nunca imágenes bondadosas.


Se desciende a los infiernos, al Hades; la caverna de Platón está bajo tierra (por eso es caverna). Para ver la exposición De una vida a otra, de Ana María Devis, hay que bajar al sótano del Museo de Arte Moderno de Bogotá que, aunque casi ni se note, no deja de ser un sótano.


Devis confiesa que para esta propuesta le encantó que le hubieran asignado ese lugar. Uno la entiende porque su obra tiene un poco de lo que los seres que creen que habitan a la luz del día podrían llamar oscuridad. Un seguidor de Jung puede decir que en el sótano habita todo aquello que arrojamos a sus sombras porque no soportamos verlo. Algo parecido pasa con esta exposición que, por tanto, no es fácil. Su autora lo sabe y lo disfruta.


Y no es que trate de algo psicológico, sino más bien de algo muy mundano y material, pero que también nos puede llevar a pensar en nuestro lugar en el mundo, el que tenemos y el que creemos tener, por lo cual termina por cuestionarnos quiénes somos, de qué estamos hechos y, al fin, cuál es nuestro lugar en el mundo. No en el mundo de los humanos sino en el de la creación.


Descendiendo paso a paso

En las escalas de acceso un video con una sábana y varias iguanas es la antesala de una exposición basada en hongos (reales y tejidos, estos últimos puestos en un espacio central) y un gran mural que muestra el resultado de unos pañitos de maquillaje usados que sus amigas amablemente donaron al arte. Ya esto, para muchos, puede ser un poquito «asquerosito».


Al fondo hay otras obras que recuerdan su paso por sus grabados en Arte Dos Gráfico, pero la pieza central, al menos la más impactante, la cual resulta imposible ignorar a la vez que difícil de mirar, es un plumón de cama o lo que queda de él luego de que los hongos arrasaron con la grasa que su propietario, ya muerto, había dejado en él de tanto usarlo para dormir.


"A veces, cuando yo hablo de 'Una vida a otra', la entiendo como la posibilidad de que en el tiempo pasen cosas que yo no puedo controlar y se genera otra vida a través de la materia, precisamente, porque yo no la domino", dice Devis.

Dejar que las cosas sucedan parece un privilegio del arte, pero que entraña cierta dificultad al punto que para ella el tema pasa por el poder, tal vez por trabajar con hongos, con vida.


"Siento que mi mente se fusiona con la materia. Mi mente se fusiona con los pensamientos y esos pensamientos se filtran dentro de la materia. Hay como una correlación. Cuando trabajo con microbios, yo soy el microbio y le permito entrar dentro de mí. Cuando se habla de paisaje somático, lo transcribo a materia somática. Para lograr eso hay que darse tiempo; la mente está en este proceso de transformación. En ese momento es el otro y yo, una nueva criatura», dice. Por eso sus procesos son de un año o más; al fin y al cabo, no controla la manera en que los puede ir asumiendo y eso toma tiempo.


Más cuando su manera de trabajar implica relacionarse no solo con materia sino con las personas. "Este proyecto es una recolección de paños desmaquilladores y pelo de mis amigas y la gente que quiero. Con la unión de unidades mínimas se van generando unos ecosistemas que son del afecto. Es un colectivo de afectos. Hay muchos cuerpos, mucho ADN; son pedacitos como cuando haces un pequeño collage, que yo tengo que volver a resignificar".


Digamos que, en parte, ahí, en ese sótano del Mambo, hay restos de seres humanos y no humanos. Y, como no todos los que van leen, o leen luego, lo que ven se asimila de distintas maneras. Algunos ven paisajes, humedales o cosas por el estilo. Al fin, el arte es también una manera de apreciar.


Un plumón de un hombre muerto


El 'duvet' de un hombre muerte cuelga en el mambo. /Diego Guerrero-ARTERIA
El 'duvet' de un hombre muerte cuelga en el mambo. /Diego Guerrero-ARTERIA

Decir que lo que rodea la muerte es tabú en nuestras sociedades contemporáneas no es ningún misterio. Y el plumón colgado casi al fondo de ese sótano, con sus tonos naranjas y sus desgarres, puede hacer girar al que lo ve entre lo bello o lo horroroso.


Igual, confronta y, si sabes la historia, más.

Resulta que un hombre cuya vida transcurría entre los Llanos Orientales y Bogotá falleció un día. Entre el duelo de su familia y los asuntos legales, el apartamento del norte donde vivía permaneció cerrado por varios meses.


"Nueve meses después de la muerte, llegan los hijos a abrir el apartamento y cuando entran ven que los tubos del agua arriba se habían roto. Me mostraron las fotos y lo que había era un paisaje doméstico, más paisaje que doméstico, realmente, porque ya lo doméstico se estaba desvaneciendo. Ya la huella humana estaba dejando de ser porque ya no había un dominio humano", recuerda Ana María Devis.


Justo un día antes de que un escuadrón de limpieza se enfrentara a las paredes, techos, muebles y pisos que yacían apoderados por los hongos, el propietario le dio cuatro horas a Devis para que fuera con su grupo a tomar fotos, obviamente, enfundados en ropa que los protegía de hongos, bacterias y microbios.

Más allá de que la micóloga (trabaja con una desde hace tiempo) le dijo que si se demoraban unos meses más los hongos se hubieran apoderado completamente del lugar, lo que la dejó estupefacta fue la cama.


"Tuve cuarenta minutos para entrar a ese apartamento con mi amiga fotógrafa y el luminotécnico. Al ver aquello, ¿a qué le doy prioridad? Yo no soy micóloga, no sé de hongos. Entonces registramos todo. Pero cuando vimos la cama, el lugar íntimo, la impronta de los cuerpos que estuvieron ahí, la presencia no-presencia, mi trabajo se centró en la cama".


Claro, reconoce que a la gente ver esto le produce horror, asco y terror: "Hasta a la micóloga le produjo eso cuando se lo mostré». En todo caso, envolvió el duvet en tres bolsas de basura y «me lo llevé a airear a la finca y, bueno, hay un proceso porque el duvet era la 'casa' de los hongos, entonces la micóloga lo inmunizó".


Ahora cuelga del techo del sótano del Mambo con sus tonos naranjas atrás de sus hongos tejidos a mano. "Yo necesitaba que se generara empatía, porque la imagen cruda no podía funcionar. Necesitaba que las personas tuvieran un acercamiento para que entendieran que ahí lo que hay es pura proliferación de vida, del infinito, el ciclo vital, las capas del ciclo vital", explica Devis.


Lo que pone a más de uno a pensar es que, de alguna manera, ese cuerpo humano sigue ahí: "Claro que está ahí, ahí está la impronta. Los hongos no habrían proliferado si no hubiera grasa ahí, entonces lo humano también está ahí y fue lo que potencializó a las levaduras para que pudieran habitar esa grasa. A la levadura le fascina la grasa, entonces son como la impronta de dos cuerpos. Esas levaduras dan el color naranja. Por eso, cuando tú lo ves, también es como una escena de terror, de muerte, pero es lo contrario, es de vida".


"La micóloga me dijo: 'seis meses más y se desdibuja completamente lo doméstico'. Entonces, si pasa eso, el dominio humano se va. Esto me habla de la incapacidad que tenemos para entendernos como seres interconectados.


"Siempre generamos como distancias y límites. Aquí todo casi se funde. Yo invado, pero a mí no me invaden. Todo esto es el resultado de ese esquema donde se rompe el tabú o se rompe esa línea de que a mí no me invaden. Aquí ya no había cuerpos, pero lo interesante es que sí están todos los fluidos y el ADN de los cuerpos que hubo ahí. No es tanto el cuerpo físico, pero están los registros de todos los fluidos que quedaron ahí".


"Yo domino mi espacio mediante una jerarquía que quiero adentro. ¿Pero qué pasa cuando todo esto se desvanece, cuando no cuido? Porque esto es un tema de cuidado… Pues, lo que pasa es esto. Sin piedad. Y aquí no hay nada distinto a un ciclo natural".


Vida y muerte… de eso, obviamente, también habla el arte. Para un país como el nuestro —y esta es una visión personal—, un aporte de esta exposición es que no toca esos temas desde las posturas sociopolíticas que parecen haber encasillado a buena parte de los artistas, pero tampoco lo hace desde una abstracción filosófica, sino desde un hecho real que plantea la fuerza de la vida y la inevitabilidad de la muerte, esta última, acaso, como parte primordial de la vida.



 
 
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