2025: un año movido en el arte
- Diego Guerrero
- hace 7 días
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El 2025 fue, tal vez, uno de los años más agitados en el arte en Colombia. Nos remitimos aquí a las plásticas, pues por fortuna la cultura en general en el país sigue moviéndose intensamente.

Este año coincidieron casi al tiempo, el 47 Salón Nacional de Artistas, que bajo el nombre de Kauka, Asamblea de Mundos Posibles se realizó en ese departamento colombiano, centrándose en propuestas desde comunidades indígenas, negras, si bien contó con invitados del exterior. Así, Minculturas buscó dar un giro a la manera como el SNA ha entendido el arte, con la intención de generar nuevos diálogos.
Después de años de no celebrar un evento que involucrara a toda la ciudad (el más reciente había ocurrido hacía 10 años –el MDE 15) Medellín decidió realizar una nueva versión de bienal de arte que, esta vez, incluyó municipios del departamento, por lo cual se llamó Bienal Internacional de Antioquia y Medellín. Curada por Lucrecia Piedrahita y Óscar Roldán buscó volver a poner a Medellín como un lugar de relevancia dentro de las artes.
Para ello será indispensable que el evento continúe cada dos años y pueda generar en el resto del país una inquietud por entender lo que desde allí artistas y curadores tienen para ofrecer.

Armenia realizó la edición 22 del Salón de Artistas Quindianos. No es un hecho menor, en cuanto es un evento regional que muestra lo que muchas veces falta en los eventos: perseverancia. Hacerlo en la calle y no en un espacio cerrado, y, de hecho, en una de las áreas más complejas de Armenia, señala el interés de vincular a la ciudadanía a las corrientes artísticas del lugar, lo que, sin duda, beneficia al sector del arte y a la gente.
La Biblioteca Nacional nos permitió ver a Gabriel García Márquez en todo su

esplendor con una exposición que recabó en lo más íntimo de su vida y obra. Oportuna (a dos años de la celebración del centenario del natalicio del escritor) y amplia, fácil de recorrer y libre de lugares comunes (sin mariposas amarillas…).
La exposición en el Museo Santa Clara de Débora Arango (museo adscrito a Minculturas) llegó un par de meses después de que ese Ministerio negó la autorización para la venta de obras de la artista envigadeña al Banco de la República, aduciendo que todos los cuadros Arango deberían conservarse en una misma colección.

Unos, contentos porque la decisión estaría respetando el deseo de la artista de que su obra permaneciera en un lugar; otros, no tanto, pues las piezas “Rojas Pinilla” y “Madona del silencio” iban a ser vendidas al Banco de la República y no a particulares, lo que, de alguna manera, podría ampliar la posibilidad de que la obra circulara entre más colombianos y no solo estuviera en Medellín. Ya tomada la decisión, la exposición en el Santa Clara –ese antiguo convento de monjas enclaustradas- permite otras interpretaciones de las pinturas de Débora Arango.
El premio Luis Caballero tuvo como ganadora este año a Angélica Teuta, quien

lideró un grupo de artistas que trabajaron en ‘Arquitectura Emocional’. No es muy usual que sea premiado un trabajo de esta índole en la que muchos ponen de su parte bajo la tutela de una artista, en este caso, Teuta. Aun con tantos eventos al tiempo, el Luis Caballero continuó siendo importante y, de hecho, se vinculó a la BOG25, la bienal de arte de Bogotá.

Otro evento que se vinculó a la BOG 25 fue Unfair, una apuesta que copó varios pisos del hotel Tequendama, en Bogotá, en el Centro Internacional. Con obras en las zonas peatonales y un gigantesco jaguar que servía de tarima a artistas, causó impacto y generó otra forma de acercarse al arte, incluso para aquellos que no están muy acostumbrados a ir a exposiciones.
La gran novedad del año fue la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25. Para una capital que tiene casi de todo en materia cultural, faltaba un evento que desde la Alcaldía y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte generara un acercamiento a la ciudadanía, al estilo de los grandes eventos ‘Al Parque’. El Palacio de San Francisco, su sede principal se vio repleto de personas.
Los autorretratos de los asistentes con las obras debieron ser millones. La asistencia y el disfrute muestran que las personas de Bogotá tienen el arte y la cultura como parte natural de sus vidas.
El editor.









