Artistas rescatan cabina

telefónica del olvido

Ibón Herrera y Andrés Montoya intervinieron una cabina telefónica en el barrio La Macarena, objeto que había pasado años desapercibido en la acera, hasta ahora.

Octubre 23 de 2019

Por sus 13 años de existencia, Carlos Torres, dueño de la librería Luvina, en La Macarena, (Bogotá) tenía en mente realizar una intervención en la esquina de la carrera 5 con calle 26C, donde está su local. A partir de una conversación con los artistas Ibón Herrera y Andrés Montoya, o 'Zestoner', nació la idea de intervenir la cabina telefónica que, invisible permanecía frente a este espacio cultural. 

"Quisimos apropiarnos de la cabina y darle otro significado, porque la gente pasa por allí pero este objeto se pasa por alto. Parte de mi trabajo tiene que ver con la memoria y con objetos tecnológicos que han perdido su utilidad, pero que están ahí esperando" explica Herrera, quien es licenciada en artes plásticas y visuales de la Universidad Santo Tomás. 

El 26 de septiembre ambos artistas se reunieron frente a la librería para llevar a cabo la intervención, por casualidad a una cuadra de una protesta estudiantil frente al Colegio Mayor de Cundinamarca. Recordando los nervios del momento, Herrera cuenta que "el Esmad estaba a dos cuadras. Nos vieron y todos se vinieron encima de nosotros, pero era lo menos malo que estaba pasando en ese momento y por fortuna no nos dijeron nada". 

Torres dice: “Esta era una conversación que habíamos tenido con Ibón. En Luvina estamos haciendo un trabajo de extender el café hacia la calle o de meter la calle al café, depende de cómo se le mire. Queremos hacer un espacio más amable para los libros y la cultura, en un entorno que a veces puede ser sórdido. Yo creo que el hecho de que la gente que se ha fotografiado frente a la cabina (todo el día pasa gente y se toma la foto) es una señal de que eso está bien”.

Para Montoya, estas intervenciones son normales, pues es artista del grafiti desde el 2008."También gestiono proyectos para pintar en la calle y talleres culturales que finalizan con la entrega de murales, para que la gente aprenda a apropiarse de la calle, que sepan que el espacio público es de todos", manifiesta. 

 

El día de la intervención, estando en el lugar,  sin planear un boceto o cómo sería la intervención, cambiaron el tradicional color gris de la cabina por distintos colores. "El color lo hace todo, transformamos la cabina, la volvimos atractiva y en cierta medida útil porque la gente empezó a interactuar con ella. No pensamos que pudiera tener tanta incidencia, pero han llegado hasta fotógrafos con modelos", dice Herrera. 

 

Hasta el momento, han recibido comentarios positivos, como el de María Fernanda Sánchez, vecina del barrio, quien les expresó que "ese teléfono fue la salvación cuando me pasé al barrio, hace casi 30 años. Era la época en que tocaba esperar un tiempo para tener línea nueva, no había celulares ni internet, pero sí existía ese teléfono...". 

 

A raíz de la buena acogida del proyecto, cuentan que tienen en mente poder continuar con estas intervenciones. "Es algo con lo que nos gustaría seguir, porque ha tenido una recepción importante", señala Herrera, quien trabaja con obra digital, big data, grabados y apropiación de objetos.  

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