'Tierra de Abrigo': la instalación de Camila Rodríguez en Bancolombia
- 28 jul
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RÓBINSON TAMAYO
Periodista
ARTERIA
Con 'Tierra de Abrigo', la artista caleña plantea preguntas sobre los lugares que caminamos y habitamos. Esta instalación exhibida en la torre Atrio de Bancolombia, en Bogotá, remite a un paisaje hecho a mano que se complejiza con tramas y códigos geométricos.
El contraste entre haber vivido en varias ciudades del mundo y su vida actual en los territorios de donde provienen sus padres y abuelos, en Cundinamarca y Boyacá, le ha permitido crear esta instalación en la que múltiples materiales —tierra, piedras, agua, cobre, madera y fique— se convierten en casa y paisaje. Juntos, forman una obra que parece levantada sobre planos con trazas geométricas.
"En la geometría hay una cantidad de significaciones profundas que ya habían sido propuestas por culturas ancestrales y que uno empieza a recordar al entrar en contacto con la tierra, al abrirse a escucharla, a observarla, a aprender de ella".
En el centro de la sala hay una estructura de madera en forma de cuadrado. Parece una casita sin techo. Las paredes llegan a media altura y están hechas de troncos delgados. Quien ingrese por una de sus dos aberturas sin puerta puede divisar el panorama exterior como si estuviera en un balcón.
El suelo de esta estructura, que Rodríguez describe como "una especie de nido en la ciudad", es de tierra y está dividido por canales diagonales de unos quince centímetros de ancho, por los que corre agua entre piedras pequeñas que la artista trajo de un río. Ver el agua que corre dentro de un "nido humano" genera cierta ilusión que involucra varios sentidos del espectador: el agua se escucha, la tierra y la madera huelen, se palpan…
El director de la sala y cocurador de esta exposición, Carlos Betancourt, junto con con Rafael Londoño cuenta que uno de los retos invisibles de esta instalación fue el ingreso de materiales orgánicos al lugar. "En la sala de Bancolombia hay una colección patrimonial, por eso tuvimos que trabajar con microbiólogos para este montaje".
La geometría como lenguaje ancestral
El cruce de las líneas diagonales en el piso forma triángulos de tierra y un rombo en la mitad del "nido". Justo en el centro de ese rombo de tierra, Camila decidió plantar un tronco delgado de forma irregular que asciende contorsionado hasta un tejido de fique dispuesto de forma circular. De lejos luce como un arbolito con hojas en un atardecer.

"Con ese tejido intento capturar los colores del cielo a diferentes horas del día. Para mí esa parte central funciona como una conexión entre el cielo y la tierra. También me interesa la función de los árboles en el oficio de las tejedoras andinas que siempre amarraban una parte del tejido a la cintura y la otra a un tronco".
Cuando habla de las piezas tejidas que componen esta obra, la artista también recuerda que, en la infancia, su abuela le enseñó a tejer, pero en la adultez tuvo que reaprender el oficio como parte de la búsqueda de sus raíces.
En el exterior de la estructura central hay más tejidos, pero rectangulares. Todos tienen la intención de capturar los colores del paisaje y rodean el nido en disposición circular. Si se mirara la instalación desde arriba, esa línea circular encerraría el cuadrado que es la estructura, que a su vez contiene en su interior el círculo del árbol central y las líneas diagonales que forman triángulos y un rombo.
"Desde mi proceso artístico y vital empecé a resignificar la geometría como el lenguaje del cosmos. Un cuadrado y un círculo son más que formas geométricas. Si ves la arquitectura de nuestros antepasados en los Andes, te das cuenta de que para ellos había otros significados y relaciones con las formas geométricas".
Carlos Betancourt también explica que la manera en que la artista conecta con algunos aspectos de lo ancestral y lo muisca del territorio de los Andes resulta muy interesante porque "no lo hace desde afuera, sino que se mira a sí misma y se reconoce como una persona mestiza que pertenece a una familia que viene de Boyacá y Cundinamarca".
La mirada a lo energético y biofísico del lugar que habitamos, propuesta por Camila Rodríguez en esta exposición, también hace pensar en lo que entendemos hoy por caminar. Los gestos que plasma la artista en 'Tierra de Abrigo' dan cuenta de un ser que caminó, recolectó piedras y palos; miró el cielo y el paisaje e intentó tejerlos, y con todo eso, como hacen los pájaros, armó un nido.
"Caminar el territorio es hacer memoria con el cuerpo, pero infortunadamente, a nosotros caminar se nos ha vuelto un asunto de ir rápido de un punto a otro, y a veces hasta con miedo de que nos pase algo. En parte por eso hablo de 'tierra de abrigo'".
'Tierra de Abrigo' se puede visitar sin costo en la sala de Arte de Bancolombia en la torre Atrio de Bogotá.




