'El humor es el nuevo punk’, dice Alberto Montt, quien presentará 'Stand up' con Liniers 

Los ilustradores Liniers (Argentina) y Montt (Chile) presentarán su espectáculo ‘Stand-up comedy ilustrado’, el próximo 18 de septiembre, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá.

Septiembre 10 de 2019

Hace más de tres años, en México, los dibujantes Ricardo Siri (Liniers) y Alberto Montt les propusieron a sus editores, entre tequilas y mezcales, una idea que rondaba sus mentes: hacer un stand-up comedy donde el dibujo entrara en diálogo con la conversación. Allí, hicieron un borrador de cómo podría ser y acordaron que encontrarían un teatro para ‘probar’.

Para los caricaturistas, la idea había quedado en el olvido, hasta que volvieron el año siguiente a México por un compromiso y les avisaron que presentarían ese espectáculo dentro de pocos días. “Nosotros nos habíamos olvidado completamente de esa conversación, entonces nos vimos en la obligación de subirnos al escenario, con gente invitada, a hacer esto que habíamos ofrecido en algún momento de calentura mental. Nos subimos y fue un fracaso absoluto”, contó el chileno Montt, entre risas.

 

Ante esto, se vieron obligados a improvisar frente a las 400 personas asistentes. “Fue un fracaso porque la gente esperaba ver una propuesta maravillosa y no la hubo. De verdad fue algo que habíamos ofrecido sin tener consciencia de lo que estábamos ofreciendo. Pero, al mismo tiempo, nos dimos cuenta de que efectivamente era un espacio que nos gustaba”, dice Montt.

 

Luego de esto, pensaron con cabeza fría la idea y lograron crear un espectáculo, que según el ilustrador “ha ido mejorando. No creas que esto es un fracaso, ya nos reímos y la pasamos bien, igual la gente”.

 

El próximo 18 de septiembre (8 p. m.) se presentarán por primera vez en Bogotá, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, con este espectáculo que ha estado en Medellín, Barranquilla y Cartagena. “Incluso si llegara a ser un fracaso, yo creo que pagar por ver fracasar a dos personas en un escenario es la mejor plata invertida”, señaló.

 

Allí, compartirán mediante monólogos y dibujos historias de sus vidas y sus opiniones frente a diferentes temas. En entrevista con ARTERIA, Alberto Montt -artista plástico chileno, nacido en Ecuador- quien se dio a conocer en 2006 con su blog Dosis diarias, dio detalles del espectáculo en Bogotá y habló sobre el mundo de las viñetas.

 

-¿Por qué sintieron la necesidad de llevar su humor a un stand-up comedy?

 

-Tanto Liniers, como yo, somos dibujantes. Entonces, para ambos el dibujo es un idioma materno, porque lo tenemos desde que nacimos. La mayoría de gente dibuja desde muy pequeña, pero muchos lo dejan; nosotros continuamos porque somos muy tercos. Siempre nos interesó la idea de poder hacer una conversación en un escenario y que aparecieran elementos, contrapuntos, acotaciones y dibujos. A ambos nos gusta mucho la idea del stand-up y ‘lo consumimos’ frecuentemente.

 

-En sus viñetas, ustedes no se exponen, pero acá sí lo hacen. ¿Cómo fue adaptarse?

 

-Creo que para ambos ha sido cómodo, porque los escenarios no nos son ajenos, estamos siempre presentando libros, haciendo charlas y en contacto con el público. La diferencia real es que cuando haces viñetas tienes todo el tiempo del mundo para hacerla y para entenderla. Pero, cuando estás en un escenario contando una anécdota, es inmediato. Funciona o no funciona en ese mismo instante, entonces te obliga a tener una velocidad diferente, que es lo que nos genera vértigo y hace que esto valga la pena. Si uno no lo sintiera, no tendría sentido subirse al escenario. Eso mismo me ocurre con la ilustración, cuando uno hace la primera viñeta para un periódico o una revista, siente un vacío en el estómago; tiene que ver con esa adrenalina de lo nuevo. Para mí es cada vez más difícil sentir eso con el dibujo, pero cuando uno sale del esquema clásico y lo lleva a otro escenario genera otras conexiones, como el contacto que hay con la gente luego de que se termina el espectáculo.

 

-¿Buscan hacer reír al público?

 

-Ninguno espera que sea gracioso. Lo que esperamos es que te presente un punto de vista diferente. O quizá que te agarre de sorpresa, pero la risa no necesariamente es el resultado que esperamos. Nos genera adrenalina porque vamos a decir cosas que no son políticamente correctas, que están un poco más al límite y que incluso a veces podrían llegar a pasarse de la raya. Pero es parte de lo que hacemos.

 

 

-¿El buen humor puede existir sin irreverencia?

 

-Yo creo que hay humor sin irreverencia, pero el humor que a mí me gusta y a mí me mueve generalmente es irreverente, porque está rompiendo con algo que tú venías pensando en el fondo. Yo creo que hoy en día, el humor es el nuevo punk. Estamos viviendo una época de una corrección política que a mí me parece enfermiza y siento que el humor es el único bastión en donde hay gente dispuesta a inmolarse por una idea.

 

Desde esa perspectiva creo que ahora los grandes rockstars son humoristas. A los tipos que yo admiro por lo que están diciendo son humoristas, más que escritores, músicos y pintores. He visto en escenarios de stand-up a gente que realmente se juega la camiseta y la sangre. Sin ir más lejos, después de lo que pasó con Charlie Hebdo y de algunas amenazas de muerte a humoristas, te das cuenta del poder que tiene el humor, que es capaz de transmitir una idea de manera muy veraz y eficiente, porque rompe todas tus estructuras de protección. Como te agarra de sorpresa, es un caballo de Troya para ideas más subversivas o de cambio. 

 

 -Sus viñetas tienen como protagonistas, en su mayoría, a personajes de la cultura pop. ¿Qué tanto aparece lo político?

 

-Yo creo que en todas aparece mucho lo político. No me gusta hablar de gente puntual ni de momentos puntuales, pues la contingencia no me emociona como para hablar de ella. Si tú haces un chiste con un contenido político un poco más amplio, es un chiste que vas a poder leer de aquí a 20 años. Si hablas del gobernador de la provincia de no sé qué o del escándalo de corrupción en la municipalidad de no sé dónde, eso va a caducar en dos semanas.

 

Entonces el humor que a mí me gusta y el humor que yo consumo es aquel que te habla de los temas de manera amplia. Siguen siendo muy políticos y obviamente mucha de la obra que yo hago es simplemente absurda, romántica, tontorrona o filosófica, pero desde ese amplio espectro también todos estamos reflejados. Hay gente que trabaja muy bien el humor de contingencia, como Matador, pero cuando lees un chiste de Quino es un chiste que sigue siendo contingente 40 años después; eso es lo que consumo con más amor. 

 

 

-¿Sobre lo políticamente correcto, qué es lo que más le enferma?

 

-La idea de que todas las ideas son respetables, pero hay muchas ideas que no lo son en absoluto. Creo que la gente merece respeto, sus ideas no. Si una idea es lo suficientemente poderosa es capaz de resistir una crítica y un argumento y si no es capaz de resistirlo probablemente no era tan buena idea. Entonces, esa gente que usa las ideas como escudo me parece que es la primera a la que hay que caerle a humoradas.

 

 

-¿Siente que sus viñetas han sido su psicólogo?

 

-Absolutamente. Yo me he ahorrado mucha plata que después me gasto en golosinas, porque al final cuando vas al psicólogo lo que estás haciendo es ordenar las ideas que, de otra forma, te hacen una maraña en el cerebro. Yo ordeno esas ideas a través del dibujo y a medida que dibujo, vacío mi cabeza.  Es una especie de exorcismo a punta de tinta y colores. 

 

 

-Se dio a conocer gracias a su blog, a las redes sociales y acumula más de medio millón de seguidores virtuales. ¿Estas han cambiado su trabajo?

 

-Lo mejor de las redes sociales es justamente lo peor, el contacto directo a la gente. No ha cambiado mi trabajo, porque las cosas que hago, las hago para mí. Yo soy el que decide si le gusta o no le gusta y luego si es que a alguien le gusta o no le gusta, la verdad no me importa mucho, porque, como dije, yo trato de ahorrarme el psicólogo con esto.

 

Entonces, inevitablemente te vas a encontrar con gente a la que no le gusta, a la que le hiere, a la que le fascina, gente que se lo tatúa, pero si te crees cualquiera de esas direcciones dentro del mismo espectro estás entrando en el juego de las redes sociales, que es un juego muy vacío. Yo la verdad ya no hago caso. Así como ya no hago caso cuando me odian, tampoco hago caso cuando me aman. Por eso me gusta el stand-up, porque tienes a las personas frente a ti, aunque a veces se levantan y se van o te gritan en la mitad del espectáculo; yo lo disfruto. 

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