Camilo Arias muestra lo mejor que ve de Colombia en Egipto

El artista colombiano Camilo Arias presenta su nueva colección de pinturas "Raíces Psicodélicas” en la Galería de Arte Zamalek, en El Cairo, Egipto hasta el 9 de noviembre. Arias también participó en la Bienal de El Cairo 2019.

Octubre 27 de 2019

Las obras de Camilo Arias son pinturas figurativas inspiradas en la naturaleza, hechas con colores radiantes. Aunque es pintor, crea obras tridimensionales sobre el lienzo usando capas de resina. Arias utiliza sus pinturas para llamar la atención sobre problemáticas sociales en Colombia, las cuales tuvo que vivir de primera mano.

Comenzó como muralista creando varias comisiones en Panamá y luego en Colombia, Egipto, Islandia y España. Este año fue invitado por el Ministerio de Cultura de egipcio a exhibir en el Museo de Arte Moderno de Egipto y ahora exhibe su trabajo más reciente, titulado 'Raíces psicodélicas', en Art Zamalek Gallery, en El Cairo. Es una serie en la que Arias venía trabajando desde hace dos años, en la que habla sobre sus raíces ancestrales. 

Arias realizó su primera exposición individual en 2014, titulada 'Manifestación', en Panamá. Su segunda exposición fue una colectiva, un año después, en colaboración con la Embajada de Panamá en Egipto, donde su obra llamó la atención de los locales. Luego participó en una exposición colectiva con la Galería Zunzun en Toulouse, como parte del evento Latino Graff, en agosto de 2017.

“En una obra de arte persigo el ideal de belleza. Cuando quise presentar una denuncia social sobre la violencia, en vez de poner un muerto o un cadáver destripado, algo que puede ser bastante impactante, abordé el mismo problema con elementos que llaman la atención, gustan y agradan. Que cuenten la historia de otra manera”.

En sus obras, Arias combina materiales para lograr perspectivas  reales en sus cuadros, haciéndolos piezas tridimensionales. A partir de utilizar plexiglás o capas de resina, busca crear sobre el lienzo el efecto que se logra al trabajar por capas en Photoshop o al modelar en 3D. A este proceso le suma las herramientas que adquirió estudiando cine en la universidad.

Para él crear es jugar con la obra y ver qué satisface sus sentidos. “El mismo proceso para mí se vuelve una experiencia y me dejo llevar. Es muy divertido”, explica. Arias aprendió desde muy joven algo que muchos otros no entendemos en toda una vida: a extraer de la vida lo bello, identificar lecciones en las dificultades y a deshacerse de lo que no sirve. Para Arias particularmente, esta enseñanza llegó pintando.

Luego de ser abandonado por sus padres a los tres años y de vivir con varios familiares que no querían hacerse cargo de él en Girardot (Cundinamarca), lugar donde nació, Cali, y Villavicencio, Arias llegó a vivir con su abuela materna, en la vereda Ojo De Agua, en Prado (Tolima), a los 13 años.

En ese entonces, el territorio estaba en disputa entre guerrilleros de las Farc y el Ejército colombiano y Arias tenía que hacer recorridos de hasta tres horas para ir a estudiar. En el camino de su casa al colegio se encontró en varias ocasiones con enfrentamientos armados y con cadáveres abandonados.

Esta era la realidad para Arias, pero él se ocupaba pintando en su salón de clases, en el colegio, alentado por su profesor de inglés. Arias no sólo se divertía, en la pintura encontraba una forma de expresión, la cual le permitió desde niño enfocarse en los aspectos positivos de la vida, sin dejar de señalar aquellos que le parecían injustos.

A los 17 años, Arias encontró una oportunidad de dejar este adverso contexto atrás, cuando su tía Beatriz, quien vivía en Bogotá y tenía algunos negocios, se ofreció a pagar su manutención y sus estudios, a cambio de que él trabajara para ella.

“Llegué a Bogotá por un negocio de mi tía, que es como mi mamá actualmente. Nosotros no teníamos una relación antes, nos conocimos en ese momento. Ella tenía varios negocios en Bogotá y estaba saturada, entonces necesitaba ayuda. Se dio esta relación simbiótica en que ella me ofrecía una oportunidad de estudio y de vivir en la capital a cambio de ayuda laboral.

“Me levantaba a las cinco de la mañana, iba al colegio, volvía y trabajaba en una papelería que se llamaba El Portal, después de eso trabajaba en una panadería, otro de los negocios de mi tía, y hacía las labores de contabilidad. Terminaba a las doce o una de la mañana, hacía los trabajos del colegio, dormía lo que podía y vuelva y arranque el día con la rutina. Mi tía vivía en el barrio Villa Magdala, cerca de Cedritos”, explica Arias.

A pesar de todas sus ocupaciones, Arias no dejó de pintar. De pintar en la pared del salón de clases, pasó a hacerlo sobre el muro de su habitación, rehaciendo murales cada tanto. Pero, aunque el arte había sido su forma de expresión desde la infancia y también su principal fuente de diversión, Arias estaba lejos de considerarlo su ocupación.

Cuando se vio enfrentado a la pregunta de qué carrera estudiar, Arias tuvo que negociar con su tía, pues ella también tenía palabra en la discusión. Él entendía que su tía estaba interesada en las opciones que mayor prosperidad y campo de desarrollo tuvieran para él, mientras Arias abogaría por la opción más artística posible.

“En medio de esa negociación terminé estudiando cine, en el Politécnico. Le vendí a ella la idea de que con el cine ya no era sólo la imagen de un cuadro, sino que también se podía hacer televisión, radio, diseño gráfico, fotografía, películas y le hablé de todo lo que involucraba estudiar medios audiovisuales. Así pude estudiar algo que me diera herramientas para aplicarlo a la imagen.

Arias terminó su carrera y luego trabajó en producción y posproducción para canales de televisión colombianos en programas de entretenimiento.

“Sentí una gran decepción por la calidad artística y la pobreza del contenido del mundo televisivo. Eso me aburrió, me abrumó y me impulsó a tomar la decisión de irme del país y tratar de encontrar otro rumbo, profesionalmente. Algo que me llenara esa parte creativa que estaba quedando tan insatisfecha en lo que estaba haciendo”, dice.

 

Sin conocer a nadie, sin un plan, Arias se fue a vivir a Panamá, inspirado en parte por la idea de que no importa qué tanto uno se prepara, uno no aprende a nadar si no se lanza al agua. Los primeros meses desempeñó distintas labores para conseguir dinero, luego se empleó como  bartender, oficio que ejerció durante año y medio, tiempo en el que aprendió extensamente sobre coctelería, campo que considera “un arte en sí mismo”.

En Panamá, Arias compartía una habitación con dos amigos venezolanos y, como era su costumbre, pintó un mural en el apartamento que compartían. Sus compañeros de cuarto quedaron tan impresionados que fotografiaron la pintura y se la enseñaron a varias personas. Una de ellas era el gerente del Hotel Tántalo, ubicado en el Casco Viejo, el centro histórico de Ciudad de Panamá. Esta persona invitó a Arias a hacer un mural en su hotel. Este fue el primer pago que recibió como artista.

“Finalmente, el arte fue el que se me presentó como la respuesta. Me cacheteó. Fue una de esas cosas de la vida que siempre tienes frente a tus ojos pero que no se te muestran hasta que no estás listo. Como dice el proverbio, el maestro aparece cuando el alumno está listo.

"El arte estuvo conmigo todo el tiempo. Siempre estuvo presente en mi vida pero yo jamás lo asumí en la importancia que debía hasta que no estuve listo para verlo. Desde Prado yo dibujaba. He usado el dibujo como forma de expresión, de diversión, reúne muchas cosas para mí”, explica el artista.

Su primera obra tuvo éxito entre los locales y así hizo otros seis murales en Casco Viejo. Participó en voluntariados para hacer clases de pintura y dibujo y llevar actividades culturales a niños en zonas de riesgo y en una de esas acciones conoció a Haydee Villareal, su esposa.

En 2015, Arias participó en una exposición colectiva que la embajada de Panamá realizó en El Cairo y su obra tuvo una recepción positiva. Tanto así, que el Ministerio de Cultura de Egipto lo invitó a exhibir 'Unidad en la diversidad', en el Museo de Arte Moderno de Egipto. Ahora, su más reciente exposición reúne dos años de trabajo que dedicó a hacer la serie 'Raíces pscodélicas', que se presenta en la galería de arte Zamalek, en El Cairo.

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