Hubo un tiempo entre París y Bogotá…

DIEGO ANDRÉS GUERRERO
Editor
ARTERIA
‘Entre París y Bogotá, hace medio siglo’ es el nombre de la curaduría basada en la obra de una treintena de pintores que se desplazaban entre esas dos ciudades y algunas de cuyas obras se pueden ver en esta exposición curada por Álvaro Medina para la Feria Un_Fair.
Así que entrar a esa gran sala de dos pisos ubicada en el Centro Internacional Tequendama, sobre la carrera 13 es devolverse medio siglo casi en el arte, pero, a la vez, entender cómo esos pintores han evolucionado hasta hoy. Esto porque cada uno de los invitados que coincidieron en París es su búsqueda de conocimiento, fama y fortuna, tiene dos obras: una de la época y otra actual.
Junto a esos artistas que partieron para muchos regresar, otros quedarse o morir allí, estaba Álvaro Medina, que por esos días trabajaba en la Unesco. Un testigo de lo que sucedía allí y que ha contado el arte que sucede en Bogotá (es de Barranquilla pero a su regreso se instaló en Bogotá) desde entonces.
La curaduría entre París y Bogotá
El montaje es bastante amplio y digno de verse, no solo porque permite recorrer la obra con un espacio generoso para cada obra, sino porque cada pareja de piezas es un viaje en el tiempo.
Sin duda, entre los 60 y mediados de los 80 los colombianos en París pintaban sin descanso y, al parecer, lograban vivir de ello. Otra cosa es que hayan logrado fama y fortuna. Medina cuenta que la idea de la curaduría surgió por invitación de Christopher Paschall, el director de Un_Fair
“Me invitó a hacer la curaduría de su exposición central. Discutimos varias posibilidades y finalmente llegamos a la conclusión porque nos conocimos en París. Nos preguntamos por qué no hacer una exposición de todos estos amigos de París que habíamos tratado durante nuestra larga permanencia allá y se concretó rápidamente”, dice Medina.
Tal vez la primera en partir en esta tanda (no hay que olvidar que pintores colombianos han ido a París desde el modernismo) fue Ema Reyes, que fue una especie de orientadora de los colombianos que llegaban a París, incluyendo a Botero.
“A mí me tocó la mudanza de Botero desde en Nueva York. Estuve en su apartamento cuando los muebles estaban recogidos porque se iba a París y sé que antes de llegar llamó a Ema Reyes y le pidió orientaciones de todo tipo, que era lo que hacían muchos: un sitio donde llegar, un lugar apropiado para conseguir un apartamento, cosas de ese tipo. Porque ella era la veterana y llevaba ya como 25 años. Botero se fue en el 73”.

Diez años antes la diáspora había comenzado, según recuerda el curador: “En el 63, por ejemplo, llegaron los cartageneros Heriberto Cogollos, Darío Morales, Cecilia Delgado. Un poquito más adelante llegó Luis Caballero y en los en los años 70 se produce una especie de invasión, porque mucha gente comienza a llegar, eso me incluye a mí que llegué en el 78 y permanecí hasta el 93”, recuerda Medina.
Según dice, nunca hubo tantos artistas colombianos en una capital europea –unos 30- todos viviendo del arte. No ricos ni extremadamente famosos, pero sí siendo artistas. Bendita la Unesco que lo empleó y le permitió ser testigo no solo de esa situación sino del arte de entonces en las capitales del arte del primer mundo.
“No era un grupo propiamente y yo prefiero usar la palabra colonia. Confluyen por casualidad. Todos estos creadores se relacionan y conocen entre ellos, son muy distintos el uno del otro, que es además una particularidad del arte colombiano. Aquí nunca ha habido, como ocurre, por ejemplo, en Argentina, Uruguay o Brasil, que desde el punto de vista generacional los artistas coinciden en usar cierto tipo de lenguaje, por ejemplo, en Venezuela con los cinéticos. En Colombia, en cambio, es lo contrario y eso produce una singularidad”.
En la exposición abunda la pintura aunque también hay esculturas. La razón es que mientras en este país en los 70 y 80 estábamos en el arte conceptual, esa tendencia -“tardía” a los ojos de Medina-, ya había dejado el camino libre a la pintura. “De los colombianos que estaban en París, ninguno era artista conceptual, todos eran pintores y dibujantes".
Este cambió de lo conceptual a la pintura –explica el experto- se produce porque “en la Bienal de Venecia del año 80 aparece la ‘Transvanguardia italiana’ y tienen un papel preponderante también los neoexpresionistas alemanes que eran pintores. Y entonces hay una especie de regreso en Europa de la pintura. Vuelve a nacer mientras acá está diciéndose la pintura ha muerto”. Todo nos llegaba (llega) tarde, hasta la’Transvanguardia…
En la Documenta del 82 pasó algo similar con los italianos y los alemanes y eso reforzó la idea de que el arte conceptual ya es del pasado, “cosa que no era totalmente cierta, pero lo cierto es que en Europa se respiraba ese ambiente”, dice el experto.
El techo de cristal

Cuenta Medina, y se nota en las obras, que los colombianos eran juiciosos en su trabajo. Pero una cosa es ser dedicado y bueno en lo que se hace y otra cosa es sobresalir como latinoamericano en Europa.
“El único que realmente estaba en primera línea era Fernando Botero. El resto podríamos decir que estaban en segunda y hasta en tercera línea, pero eso tiene una explicación y yo lo puedo testimoniar porque lo viví: El mercado internacional vamos a describirlo como una torta de cierto tamaño y está repartido entre los países del primer mundo, los países ricos.
Tuve una experiencia con un buen pintor que le presenté a un galerista de París. Él vio las obras de este artista, le dice: "Me gustan", y después pregunta: “¿En cuánto vendes tus cuadros?”. Vale decir que el artista había tenido exposiciones en París y en Madrid, en buenas galerías.
“Entonces, él le responde, ‘Mis cuadros valen de 25,000 a 35,000 francos".
El galerista responde muy franco y cordial. ‘Vamos a hacer una cosa, sigue trabajando y voy a seguir tu trayectoria. Cuando tus cuadros valgan más de 100.000 francos, búscame y te hago una exposición’.
"El galerista voltea a mirarme y me dice, ‘Porque esa es mi clientela, es de cuadros muy valiosos’. Eso detiene el flujo de los artistas del tercer mundo que llegan al primer mundo con sueños que se vuelven de cierta manera irrealizables porque no llegan a esos niveles”.
Artistas participantes en ‘Entre París y Bogotá, hace medio siglo’
Antonio BarreraAlfonso DiazAlberto SojoAna Patricia PalaciosArturo Denarváez @denarvaezarturoConstanza AguirreDarío MoralesDiego Mazuera @diegomazueragomezElsa Zambrano @elsa_zambranoEmma ReyesGregorio CuartasFernando BoteroFrancisco RoccaGabriel Silva @gabriel_silva_rubioGloria UribeGustavo Vejarano @gustavovejaranoJairo TéllezLorenzo JaramilloLuis CaballeroLuis Fernando ZapataLuz LizarazoMario OssabaMaría de la Paz JaramilloMaría Teresa Viecco @vieccomariateresaSaturnino RamírezVictor Laignelet @victorlaignelet
Medina opina que un curador de un evento importante le pasa al teléfono a un galerista destacado de Nueva York, pero duda que le pase a uno colombiano. Es el techo de cristal que no permite que un colombiano por bueno que sea llegue a las ‘grandes ligas’.
“Los mejores artistas latinoamericanos que a mi juicio están en el nivel internacional más alto, al nivel de cualquier otro de Alemania o Italia o Estados Unidos o Japón, no figuran en esos eventos o rara vez figuran. Uno que otro curador que de pronto se enamora de una obra y entonces incluye a dos o tres artistas latinoamericanos. Pero yo estoy casi convencido de que nunca la representación latinoamericana va a tener los niveles que tienen los países del 'Primer mundo'”.
Así que muchos de los que entonces luchaban en París y hoy son profesores de universidades colombianas o artistas que exponen continuamente en Colombia, vivían de vender a precios “llamémoslo económicos. Cuadros buenos, pero no caros, que siempre tienen una clientela en París y podían contar también con el mercado colombiano, haciendo exposiciones aquí cada dos o tres años y entonces eso les permitía sobrellevar el trabajo, porque lo cierto es una cosa: salvo unas cuantas excepciones, todos vivían en sus talleres pintando y para estar en el taller todos los días pintando, quiere decir que los ingresos dan para comer”.
Lo anterior lo dice Medina quien, a propósito, era una especie de corresponsal de la revista Art Nexus, escribiendo sobre los artistas latinoamericanos, muchos de los cuales pasaban sin pena ni gloria para los medios europeos. Un hombre del ‘Tercer mundo’ escribiendo para el ‘Tercer mundo’ de lo que pasaba con sus artistas en el primero.
Hoy París no parece tan importante como lo fue hace medio siglo y antes. El mundo ha cambiado y existe Internet y el planeta se ha ido abriendo por la facilidad de viajar, si bien la economía sigue manejándose –por lo menos aún- en los viejos centros de poder que luchan ahora con los Brics, por ejemplo.
Ahora que volviendo a la exposición, vale mucho la pena darse una pasada porque fueron artistas que vivieron su momento de juventud y sus sueños a tope. “Se trata de un grupo realmente notable, no muy visible en la Colombia del momento. Eso en primer lugar.
"Entonces, es recordar este grupo de pintores que han trabajado con constancia y hacen exposiciones regularmente en Colombia. Vivieron en París, fueron reconocidos. Que yo sepa, en París siguen viviendo como seis de esos treinta que estuvieron en la época.
"Hay que recordar que algunos vivieron seis, ocho, diez, veinte años. Algunos murieron allá y allá están enterrados. Aquí estamos considerando los artistas que realmente vivieron allá mucho tiempo, que es un caso distinto al de el que se gana una beca va y estudia dos años, se queda un año más y regresa enseguida. No, no, estos son artistas que vivieron allá muchos años”.
La exposición hace parte de la feria Un_Fair y la entrada es gratuita.




