'Colapso', de Joan Morey: el cuerpo oprimido por la sociedad

¿Hasta dónde las relaciones de poder convierten los cuerpos  en víctimas... Hasta dónde los cuerpos acceden a ser manipulados...? 'Colapso - Máquina de representación' del artista español Joan Morey, confronta de manera descarnada la dureza de los grupos sociales y la fragilidad de los cuerpos.

Enero 20 de 2020

Diego Guerrero

Editor

ARTERIA

 

Para ver ‘Colapso- máquina de representación’ hay que tener el estómago bien templado. Porque las imágenes de esta recopilación de diez años de la obra del español Joan Morey, ponen a prueba al que las ve.

La razón es sencilla: en los videos de este artista nacido en las islas Baleares es como si el cuerpo humano no valiera un peso. O mejor, los cuerpos. Porque son tantos los que participan en esas performances enmarcadas en ambientes sado, colmados de fetiche, cadenas, dolor, subyugación, y relaciones inequitativas de poder, que ya, de entrada, hay que advertir, pueden dejar perplejo al que mira.

Más allá de moralismos (pues cada quién hará de su capa un sayo), estar inmerso en medio de videos con tanto látex, amarres, piel, cadenas, discursos opresores de intervenciones de unos sobre las pieles ajenas y algo de sangre (Morey no escatima) estremece.

A esto hay que agregar que la exposición –programada por la Universidad Nacional de Colombia–se realiza en el antiguo edificio del Claustro de San Agustín (Bogotá), lo que le da asociaciones adicionales: por un lado, el asunto de Claustro en sí mismo, con todas las connotaciones que el dolor ha tenido en la religión católica y, por otro, que, por ser video, el espectador está envuelto en la penumbra, que solo es rota por las imágenes que salen de los televisores. Es decir: está enclaustrado.

Curada por Alex Brahim, la exposición tiene tres momentos de la obra de Morey, en dos salas, una frente a otra, separadas por el jardín interior, en donde un audio reproduce un bucle con sonidos de los videos.

“Vamos a encontrar una carga simbólica imponente, un contexto que está, también, cargado de significado y unas indumentarias, y unas gestualidades que son, propiamente, la estructura de la performance, y nos daremos cuenta, también de la cámara como uno de los protagonistas”, explica Brahim.

Pero, a la larga, toda esta parafernalia de monjas, látigos, cuchillas, pieles rotas, tacones puntilla y código de vestimenta –si no es lo de menos–es apenas un medio para las preguntas importantes sobre el cuerpo que, a lo mejor, a algunos le incomodarán más que las imágenes mismas.

 

Según dice el curador, todo lo visual es, precisamente, un pretexto que funciona como alegoría para hacernos pensar, por qué la subyugación de unos sobre otros, por qué las personas la consienten; por qué la sociedad funciona con capas de poder; por qué funciona como funciona.

Para el que sea sensible a imágenes de desnudos (así sean parciales) o a la sangre, lo mejor es que le cuenten la exposición o que vaya claramente advertido. Sin duda, no es para ir con niños.

 

En todo caso, como Morey es poco conocido en Colombia, aunque en su país ha tenido momentos en que casi ha sido como pop star, la exposición tiene algunos textos que al verlos darán un poco de contexto.

No hay que dejar de notar que la exposición comparte territorio con ‘El Testigo’, de Jesús Abad Colorado, que, de alguna manera, se asemeja en que aborda el tema de la violencia y lo que deja el poder, solo que, como dicen el curador y el artista español, el registro de Colorado es real y lo de Morey es una puesta en escena (con sangre real…). Tal vez, dos maneras opuestas de acercarse a asuntos no tan distintos.

La exposición estará abierta hasta marzo 29, con entrada gratis.

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