Publicado: octubre 25 de 2018

Una exposición y un documental sobre las memorias que guarda Jesús A. Colorado

Con una muestra de 400 fotos hechas en casi tres décadas y un documental que se está proyectando en algunas salas de cine del país, Jesús Abad Colorado muestra lo que, aún hoy,

parece no tener explicación.

Familia de Diana Fince. Portete, Guajira.

Jesús Abad Colorado. 'Familia de Diana Fince. Portete, Guajira'. Cortesía.  

“Mi trabajo no es documentar la guerra, sino la fragilidad. Trabajo con los sentimientos”, dice el fotógrafo Jesús Abad Colorado mientras enseña una de sus fotos, en la que aparece una mariposa azul posada en la mano de un paramilitar, que trata de ponerse una canana cargada de balas.

Son casi tres décadas fotografiando a los que él llama “los verdaderos perdedores de la guerra”, pues, en realidad, toma fotos desde que estudiaba. Todavía no se había graduado cuando fotografió al entonces candidato a la presidencia Carlos Pizarro, el día que visitó a la Universidad de Antioquia, poco antes de ser asesinado.

Invitado por la Universidad Nacional, 'El Testigo' es la más grande exposición de Colorado en el país y cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura, debido a que el fotógrafo paisa fue el ganador este año del Premio Nacional de Fotografía, que otorga ese ministerio.

Allí están esos “perdedores de la guerra” que en este país han sido personas de todos los bandos, razas, géneros y edades. En el Claustro de San Agustín se verán esas imágenes que muestran habitantes de pueblos arrasados mirando con desconsuelo un desfile de un grupo guerrillero por la calle principal; las caras desoladas de hombres y mujeres que huyen navegando apretujados en una panga hacia quién sabe dónde, luego de una toma de un grupo armado;  o fotos de niños, niñas entre los escombros; de hombres que intentan cuidar a su familia, de paramilitares, guerrilleros, soldados que se aferran a imágenes sagradas tanto como a sus fusiles, tema este que agrupó bajo el nombre ‘Mata que Dios perdona’, el cual motivó el premio de Mincultura.

“Yo llegué a la fotografía porque tenía miedo de escribir en un país en el que la palabra termina siendo, a veces, un peligro –dice Colorado–. La fotografía para mí se convirtió en una forma de narrar un país en el que mucha gente a veces no quiere reconocerse. Lo triste es que no nos reconocemos desde la diversidad y plurietnicidad de un país tan rico como el que tenemos”, comenta.

Colorado no está de acuerdo con la definición que se le da generalmente a él y a  su trabajo –fotógrafo de guerra–, pues él prefiere describirse como alguien que retrata la vida, así sea en contextos extremos, generalmente rodeados de muerte.

Como en un discurso, dice: “Yo le tengo que agradecer a esa forma de contar país –la fotografía– porque me ha posibilitado acercarme a mucha gente. Mis fotografías regresan a las comunidades, regresan muchas veces a las familias donde las tomé. Yo aprendí a trabajar desde los sentimientos. No soy un hombre de fotografías espectaculares. Aquí hay reporteros gráficos que les gusta la espectacularidad, a mí no; que abusan de los ‘granangulares’. Yo cargo dos lentes zum y con eso trato de contar la historia de este país… y pidiéndole muchas veces respeto a la gente. Yo soy de los que aprendió a agachar la cámara pero a sostener la mirada. No soy imprudente con la gente”.

Esa suerte de reclamo lo hizo durante un conversatorio realizado con varios fotógrafos en el Colombo Americano, en Bogotá, en la inauguración de la exposición ‘Premio Nacional Colombo Suizo de Fotografía: una mirada desde el presente’, premio que, curiosamente, nunca ganó.

De su nueva exposición tiene cosas claras: “Esta exposición da cuenta de que soy un fotógrafo de la vida, no de la guerra. Si algo me gusta es poder ver como nuestros campesinos vuelven a reconstruir su vida y ver que son los que más han perdonado, son personas que buscan volver a sembrar donde muchas veces recogieron sus muertos”, dice.

‘El testigo’, según María Belén Sáez de Ibarra, curadora de la muestra, no tiene la intención de contar la historia de Colombia, “no estamos haciendo evocaciones ni grandes gestos para decir cómo es el conflicto. Estamos mirando historias particulares”. Y en eso llevan trabajando meses, para formar un discurso que no busca ser lineal, ni trata de componer forzadamente la realidad, pues en la búsqueda de los detalles mínimos se encontraron con que en esas fotos –dice– “todo está roto como un espejo, como en una de las imágenes que aparece en la exposición que es un espejo roto, después de una balacera”.

En su búsqueda por contar lo que ha visto, ‘Chucho’ ha publicado libros y colgado sus fotos en galerías y espacios de Colombia –desde ciudades hasta municipios donde capturó las imágenes–, y también en el exterior.

“He utilizado los espacios de exposición para contar la historia de lo que nos ha pasado, en una sociedad que le da vergüenza mirarse en ese espejo roto que nos ha dejado la guerra, porque mirarse en ese espejo es mirar el rostro del otro acusándonos, porque todo pasó ante nuestros ojos y no fuimos capaces de ponerle solución”, dice Colorado.

Sin duda, ‘El testigo’ es una oportunidad para no olvidar lo que –paradójicamente– no atinamos a ver. Tal vez, las 400 imágenes presentes en la muestra valgan más que las palabras que no tenemos para explicar lo que ha pasado en Colombia.

La exposición estará en el Museo Claustro de San Agustín hasta el 17 de diciembre y el documental se presentará en algunas salas de cine del país hasta el 28 de octubre.

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