Detrás de Fanny Sanín: la humanidad del premio a la trayectoria de Artbo 2026

RÓBINSON TAMAYO
Periodista
ARTERIA
Este año, Artbo realizó la segunda versión del premio a la trayectoria artística en alianza con la joyería Bauer. La artista bogotana homenajeada lleva más de seis décadas dedicada al arte y su muestra en Ágora reunió 32 obras bajo el título: Fanny Sanín, deslumbrar gradualmente.
La curaduría estuvo a cargo de José Roca quien destacó en su texto algunos conceptos que, curiosamente, la experimentada pintora parecía confirmar con su presencia en el tercer piso de Ágora, donde transcurre la muestra.
Un día con Fanny Sanín
El viernes 25 de septiembre, un día después de la inauguración, Fanny luce un saco rojo que combina con prendas negras y joyería dorada. Su cabello corto, también dorado, luce un estilo llevado al detalle para que respete una línea a la altura del cuello. A cada movimiento que hace le precede una mirada. Sanín es casi como sus cuadros; sus colores, sus composiciones, sus gestos… Nada es casual.
“Cada variación cromática modifica el peso de una forma, altera la percepción de una distancia o reorganiza el recorrido de la mirada”, escribe el curador.
Sanín recorre la sala lentamente junto a Diomer Alejandro Ramírez, un brigadista que presta sus servicios en Ágora desde hace siete años. Hay poco público y la pintora se detiene en cada cuadro para narrarle al brigadista anécdotas y análisis de su proceso creativo. “Ella me contó que se demora entre uno y dos meses en cada cuadro”, dice él.
Añade que a él lo escogieron para asistir a Fanny por su experiencia con personas mayores. Le dijeron que era una pintora famosa que tenía un evento especial en el piso tres. Con algo de nervios bajó a cumplir su labor.

Fanny Sanín inició su formación en la Universidad de los Andes, con estudios posteriores en Illinois (EE. UU.) y Londres. Ha desarrollado su trabajo en Estados Unidos y Europa. Sus piezas integran las colecciones permanentes de instituciones globales como el MoMA, el Guggenheim, la Tate Gallery, el Museo Reina Sofía y los principales museos de América Latina y Estados Unidos.
El brigadista no conoce estos detalles, él asume su trabajo como su formación y experiencia le dictan: “La verdad, uno se prepara para que lo traten a las patadas, pero ella es muy amable. Me gusta que no está cerrada al mundo y se deja ayudar”, expresa.
La sala comienza a llenarse porque alguien reconoció a Sanín y le pidió una foto. En poco tiempo, la artista está rodeada de muchas personas. Su asistente observa con atención, le pide al público que tenga cuidado, sonríe con las respuestas que ella les da y se mueve rápido para servir de apoyo cuando Fanny le hace un gesto.
El brigadista cuenta que le preguntó si ella aún pintaba: “Me miró y me dijo: ‘Aún estoy viva, Diomer’. Siempre que le preguntan eso me mira”. Explica Ramírez quien también parece extrañado con la reacción de otras personas ante la presencia de Fanny.
“La verdad, al principio a mí no es que me impresionara su obra, yo hacía figuras parecidas en computador cuando era niño, y se lo conté a ella, pero ese cuadro que está en la entrada es mi favorito por cómo combina los colores”, comenta.
"La pintura no cambia, pero sí cambia nuestra percepción de ella. Esa transformación ocurre lentamente, en el tiempo compartido entre la obra y quien la contempla." Escribió José Roca en otro apartado del texto curatorial.
Una joven que aparenta poco más de 20 años se acerca con cuidado a pedirle una foto y cuando la obtiene le dice: “Maestra, ¿qué consejo le daría a una artista en formación?”, ella le toma las manos y le dice que trabaje con disciplina, que no abandone sus sueños. Al brigadista le dio el mismo consejo cuando él le contó que dejó de hacer dibujos en computador por falta de apoyo.
Antes de pedirle que la ayudara a salir de la sala, la pintora le concedió una foto a un grupo de más de 20 personas. La gestora cultural Eliana Salazar, conmovida casi hasta las lágrimas, le explicó que para ella y el grupo que lideraba, conformado por artistas que empiezan su carrera, sería muy importante posar a su lado.
Se trataba de participantes del Programa Tutor de Artbo, que este año llevó a cabo la Fundación Caona. Eliana no solo estaba a cargo del grupo, sino que habían pasado pocos meses desde que investigó y escribió sobre la obra de Sanín por encargo de una institución museal.
“Las pinturas de Fanny tienen composiciones sofisticadas, une colores que aparentemente no son compatibles y logra resultados que no son vibrantes sino muy humanos. Además yo sé por mi investigación que su proceso es alquímico, hay mucha prueba y error. Fue una gran sorpresa verla ahí tan amable y delicada. Algo cambió en el grupo”, expresa la gestora.
Otra cita del curador dice que: “El deslumbramiento al que alude el título no proviene del impacto, sino del descubrimiento. [...] El deslumbramiento no ocurre al entrar en la sala. Ocurre mientras aprendemos, gradualmente, a mirar con intensidad."
Con aparente cansancio, la pintora le indica a Ramírez que le ayude a salir de la sala para recorrer el edificio. Él se agacha, acomoda el posapie y le atraviesa su pierna a la rueda. Ella mira desconfiada y le pregunta: ¿Seguro que no se va a mover? Él le da un parte de confianza y salen al corredor.
El recorrido también es escoltado por Mayer Sasson, el hombre que tiene más experiencia que el brigadista, y que todo el mundo, en seguir a Fanny. Lleva más de cinco décadas haciéndolo en calidad de esposo.
Mientras la pintora da indicaciones de hacia dónde ir, Sasson está pendiente de quienes se unen al grupo o interrumpen el camino. Ramírez hace su trabajo con cuidado. Según cuenta, Sanín pide que lo envíen a él.
En el camino aparece una funcionaria del Museo de Arte Moderno de Bogotá a contarle que allá promocionan mucho sus pinturas. Mayer y Sanín le piden que les recuerde cómo funcionan legalmente las reproducciones y suvenires que están haciendo allá. La funcionaria se compromete a revisar los contratos.
"En su trabajo, la geometría no funciona como un sistema cerrado ni como una fórmula repetible, sino como un campo de relaciones en permanente ajuste", reza otro apartado curatorial de Roca.
Fanny pide entrar a la muestra de ArtNexus, revista de arte fundada en 1976, y se detiene sonriente ante una pintura de la cubana Carmen Herrera. ¿Esa le gusta?, cuestiona Ramírez. La pregunta genera expectativa porque, por lo menos desde la abstracción geométrica y la precisión formal, podría decirse que Carmen y Fanny comparten influencias.
Sanín responde: “Esa pintora murió a los 106 años”, y le indica al brigadista que sigan adelante. “¿A los 106 años? uff”, expresa el ayudante al caminar sin insistir en la pregunta.
Al salir de esa sala el recorrido es interrumpido por un hombre. Mayer y Sanín lo saludan amablemente y este les pide permiso para regalarles un libro que lleva en la mano. Ella lo recibe, lo ojea y le pide que se lo firme. “Para Fanny y Mayer con cariño y admiración”, escribe en la primera hoja.
Se trata del investigador, crítico y docente Julián Serna, quien explica que la conoce desde hace mucho y recuerda que cuando él era jefe de curaduría en la colección de arte del Museo Nacional, Sanín les donó varias obras.
“En otra ocasión, se trabajó una curaduría sobre artistas mujeres y ella nos ayudó a conseguir obras tempranas y obras de su hermana, Rosa Sanín, que fueron muy importantes para la muestra”, agrega Serna. El libro que Julián les obsequió se titula: Melancolía por el futuro, reflexiones en torno al fantasma de Pedro Manrique Figueroa, precursor del Collage en Colombia.
Es una de sus más recientes publicaciones, financiada con una beca del Programa Nacional de Estímulos 2024, y dice que quiso hacerles el obsequio para aprovechar el encuentro inesperado y manifestarles el afecto y admiración.
El recorrido de Fanny Sanín en Artbo transcurre entre encuentros similares: fotos y saludos afectuosos de quienes la reconocen. Otras mujeres que han trabajado con su obra destacan la importancia de su proceso, de su persistencia como mujer artista desde los años 70.
La directora de la recién inaugurada Trama Galería, Ángela Espitia, recuerda que como estudiante de arte conoció la obra de Fanny, pero no la entendió en ese momento como una artista con tanta relevancia.
Ya como profesional que trabajaba en el mercado del arte, Espitia empezó a ver que había obras de la artista bogotana que le parecían de gran calidad, muy apreciadas por coleccionistas, galeristas y, sobre todo, por circuitos internacionales. En otro escenario laboral, también tuvo la oportunidad de colaborar para rendir homenaje a mujeres artistas de Colombia en el espacio independiente Al Romero.
Ángela recuerda que estas percepciones maduraron también desde varios estudios académicos: “Creo que fue en 2020 cuando el Banco de la República sacó un estudio en el que decía que el 92% de su colección era obra de artistas hombres y Linda Nochlin hace rato que lanzó la pregunta de ¿por qué no hay grandes artistas mujeres?”.
Por ende, la galerista expresa sentirse conmovida y satisfecha con que premiaran la trayectoria de una artista como Fanny Sanín en Artbo. Hasta el momento, Artbo ha entregado este premio a dos mujeres, Beatriz González (2025) y Fanny Sanín (2026).
Aunque José Roca no habla de ningún cuadro en su escrito sobre la artista, la manera en que se relacionan las personas con este reconocimiento, hace pensar en el peso de este apartado de su texto: "Cada cuadro de Fanny plantea un nuevo problema de equilibrio, cuya resolución depende de las relaciones que establece entre todos sus elementos".



