Obregón, Nereo, Cecilia Porras y Grau, cien años de nacimiento de cuatro imprescindibles

Cecilia Porras (Cartagena, octubre 20), Enrique Grau (Panamá, diciembre 18), Alejandro Obregón (Barcelona, 4 de junio) y Nereo López (Cartagena, primero de septiembre), todos del 1920. Todos costeños, todos parte del ‘Grupo de Barranquilla’. También está Negret (octubre de 1920, Popayán). Unos con mejor suerte que otros, marcaron el arte de este país. Aquí una mirada a algunos de ellos por varios artistas contemporáneos. (Les quedamos debiendo a Negret).

Este año se celebra el centenario del nacimiento de cinco de los más grandes artistas del siglo pasado en Colombia. Creadores contemporáneos nos cuentan cómo  ven y en qué les influyeron algunos de de ellos.

 “La que más me interesa es Cecilia Porras”, dice la pintora Luz Helena Caballero, que ha desarrollado diferentes investigaciones sobre el color. “Para mí  –continúa– fue una revelación descubrir que hubo algunas mujeres presentes en el proceso moderno en Colombia.

"Es una artista mucho menos estudiada que Obregón, Grau o Negret. Yo la descubrí tardíamente. No era de las artistas tomada en cuenta por la historia del arte cuando yo estudié en la universidad. Me parece muy interesante que su trabajo es muy libre, entre la abstracción y la figuración. Tiene una potencia en el color muy cercano al fauvismo.

"Creo que ella fue de gran influencia para los pintores modernos que rozaban formas de la modernidad cercanas al cubismo y a otras vanguardias”.

Muriel Angulo, artista costeña, cartagenera, que trabaja temas sociopolíticos y la presencia de la mujer en la sociedad, cuenta que sí tuvo una cierta influencia de Obregón, en un principio por “la cuestión gestual, emocional, la impronta del gesto. Pero finalmente, la influencia consciente más grande, creo que es Cecilia Porras, porque Cecilia fue una mujer que se enfrentó a la sociedad de su época, una sociedad un poco machista y conservadora.

 

"Su papel más importante fue el papel performático que hizo en los grandes clubes, en los grandes eventos sociales, con una familia totalmente en contra de lo que ella hacía”.

 

Para el artista colombiano radicado en EE. UU. Gonzalo Fuenmayor, que se enfoca en complejas elaboraciones de mundos contrastados y ‘barrocos’, fue Obregón quien tuvo una mayor influencia.

 

“Creo que para mí Obregón fue muy importante dentro de mi formación por varias razones, mi abuelo José Félix Fuenmayor era muy amigo de él, entonces siempre había como el mito sobre el maestro. Yo conocí a Obregón, no en persona, pero sí por medio de la historia que podría relatarse acerca de lo que era él. Ya sea como figura de ‘La Cueva’, como pintor, como amigo, como tomador de tragos, en todas sus facetas.

"Pero, particularmente, creo que cuando decidí que quería estudiar arte, tenía unos libros de Obregón y unas entrevistas que veía. Por ejemplo, fue el primero al que le oí un poema de Octavio Paz que se llama La casa de la mirada. Es un poema muy bonito y para mí fue fundamental. Una de las estrofas dice: ‘El ojo es una mano, la mano es un ojo, estamos en la casa de la mirada y no hay nada que ver. Hay que ser libres a la vista, hay que crear para poder ver’.

"Esta alusión entre el ojo y la mano, me cautivó bastante por el hecho de que la anécdota que le escuchaba a mi abuelo, que Obregón se estaba quedando ciego a medida que estaba envejeciendo y él se lo achacaba a que era algo hereditario, pero no era hereditario, sino que era un tumor que tenía en el cerebro.

 

"Lo que me impresionó de él en esta entrevista que le hacen, es que relata ese poema y al ver a esta persona que está enamorada del color y que lo usaba como bandera en sus pinturas, está diciendo que el arte se crea con las manos, ese intento por seguir haciendo arte, pero recurriendo a otra forma de hacer”.

“Esta relación del ojo, la mano, la mirada, creo que fue un punto de partida muy importante para mí. En cómo entender el gesto, y creo que siempre llevo esa historia conmigo, ese sabor de verlo a él tratar de negociar ese cuerpo que se le está yendo y, recurriendo a este poema, a esta idea de hacer el arte con las manos, pero teniendo anclada la visión”, termina Fuenmayor.

Algunos de estos artistas señalan la trascendencia de La violencia (1962) de Obregón.  El pintor Carlos Alarcón, por ejemplo pasó un tiempo haciendo ensayos sobre esta obra. “Escribí también en mi tesis sobre ella. Entonces, entreviste personas que habían conocido a Obregón y sobre por qué había pintado el cuadro.

 

"Se me hace una proeza pictórica, de las obras pictóricas más importantes de Obregón porque, la técnica es impecable, la imagen es totalmente impactante para cualquiera que la ve, sepa o no sepa quién es Obregón o la obra, sienten el dolor de ese personaje que está ahí, muerto. Es parte de la historia del país en una sola imagen”.

Para el artista Rodrigo Echeverri la importancia de esa pintura radica en que “tal vez la imagen que mejor resume la colombianidad como un signo del que no hemos podido escapar ni pasar la página”. Por otra parte, señala cierta influencia de Negret en su trabajo:

 

“Guardo profunda admiración por el trabajo de Negret, que, aunque desarrollara la mayor parte de su trabajo en escultura, sin lugar a duda, atraviesa lo pictórico lo atraviesa. En mi caso, ha sucedido todo lo contrario y es que la escultura ha permeado mi trabajo en pintura”.

Frente a estos artistas centenarios, el fotógrafo Fernando Cano, premio Nacional de Fotografía, opina: “Cada uno desde su disciplina, reflejaba un poquito lo que la realidad le daba, le mostraba. La violencia, de Obregón, es una época muy interesante de la historia del arte colombiano”. Pero, por ser fotógrafo, la figura de Nereo López le resulta ineludible, como una persona que dejó un testimonio del tiempo.

 

“Cuando empiezo a conocer a Nereo me llaman la atención sus fotos porque me hablan de un país que yo, personalmente, pues no había visto, que parecía quedar muy lejos, pero que a la vez era de una riqueza impresionante y son un testimonio”, dice Cano.

Otro de los fotógrafos que reconoce la cercanía de la producción de Nereo es el fotógrafo Federico Ríos, ganador de distintos premios internacionales y fotógrafo para The New York Times: “El trabajo de Nereo es como esa frontera invisible entre la fotografía documental y la fotografía cinematográfica. Esto es como un ejercicio de tres fases: la primera, un ejercicio de contemplación, el momento de observar, la fotografía es un ejercicio, instantáneo en la toma, pero largo en la observación y yo creo que, en el trabajo de Nereo, se evidencia eso.

 

"Uno alcanza a ver a un Nereo que está observando la cotidianidad y preparándose para que en la cotidianidad suceda un instante que es el que él captura… casi una premonición. La segunda, un ejercicio notarial, del registro de la historia. Entonces, un retrato espontáneo de García Márquez se convierte en una foto histórica, pues también es parte fundamental de la obra de Nereo y es la fotografía que ha sido investida de esa absoluta verdad, que queda como un registro histórico de los sucesos.

 

"Y, el tercero, un ejercicio reflexivo en el que no se anticipa, no es un notario, el momento en el que él de manera autónoma decide qué imágenes quiere crear, pero ya esto es como su voz, su reflexión, sus resultados, sus preguntas o las respuestas a sus propias preguntas. Yo me siento muy identificado, muy cercano al trabajo de Nereo, porque son también los tres momentos en los que yo pienso que podría dividirse mi trabajo”.

Y, sobre el escultor Édgar Negret, el también escultor Ricardo Cárdenas reflexiona: “Uno va creciendo, va pasando el tiempo y guarda como unos referentes que se quedan por allá, en la memoria. Y resulta que cuando ya tuve la oportunidad de hacer escultura porque me familiaricé con los metales, pues el referente inmediato y más cercano era el maestro Negret”.

Finalmente, Clemencia Echeverri reconoce que más que las obras en sí mismas, o un estilo de crear, la influencia de ellos tiene que ver con su manera de asumir el arte. “Siento que la mayor influencia que uno tiene es la persistencia de estos artistas, la seriedad, el compromiso.

 

"Realmente, la convicción de que lo que están haciendo vale la pena. De Obregón me parece que la fuerza de él transmitida en su pintura fue muy importante en una época para mí. Sentía que era un hombre de una potencia y una fuerza muy interesante para desarrollar un trabajo artístico. No son influencias formales, son más que nada de intención y de proyecto de vida”, concluye.

Si desea conocer sobre la biografía de estos aritstas: Grau, Obregón, Porras, López.

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Cecilia Porras

Obra sin título. Témpera sobre papel. Cortesía de Pablo Zuloaga.