Los muchos Fernando Cano

Encerrado en su casa y sin idea de cuándo saldrá, el fotógrafo Fernando Cano decidió afrontar su cuarentena haciendo lo que hace mejor: tomar fotos. Solo que su modelo es él mismo.

Junio 3 de 2020

Un hombre mayor, alto, grande, con poco pelo cano, como su apellido, está sentado desnudo en un pedestal, en la misma posición del Pensador, de Rodin.

 

Fernando –es su nombre– está rodeado de fotos de sí mismo, tomadas por él mismo durante una cuarentena que, como él dice, hace rato pasó por la “cincuentena”, por lo menos en Bogotá, donde vive su encierro. “La idea era llegar a cuarenta –dice–, pero…”.

 

Fernando Cano, uno de los fotógrafos más conocidos de este país (Premio Nacional de Fotografía, del Mincultura 2017), ya pasó por las cuarenta fotos de sí mismo, en tantas facetas que podría no ser él sino cualquier otro colombiano que ha pasado por todas las etapas y sentimientos generados por este encierro obligado.

 

Iba a hacer una diaria, de hecho, la serie se llama ‘Autorretratos de cuarentena’, pero el trabajo se ha ido alargando en la medida de que la COVID 19 se niega a desaparecer de Bogotá.

 

Cano se pone a sí mismo en distintas situaciones: trapeando, lavando el baño, sacándose a sí mismo a orinar a la calle (como si fuera su propia mascota), aplanchando su propia imagen, colgando de un gancho como si fuera una prenda de vestir. También hay algunas un poco dramáticas, como cuando él permanece detrás de las rejas de una ventana, viéndose a sí mismo parado en la calle con mascarilla, mirando a esa ventana.

 

Desde su encierro nos contó el porqué y para qué de estas fotos cargadas de humor y de angustia y que son, por qué no, imágenes de lo que muchos hemos vivido.

 

 

 

 

 

 

 

–¿Por qué decidió convertirse en su propio modelo?

 

–Al comenzar el confinamiento, muertos de miedo por lo que veíamos y leíamos en la prensa, comencé a publicar en mis redes (@fercano en Instagram y Fernando Cano Busquets, en Facebook) fotografías de archivo sobre casas colombianas, tratando de hacer conciencia de lo importante que era quedarnos en casa. Pero, después de publicar unas treinta, se me agotó el tema. Me angustié mucho, pues, ¿qué es un fotógrafo sin poder salir a la luz a explorar, sin poder recorrer lugares, sin poder recoger testimonios, sin caminar por las calles de una ciudad? Fue entonces cuando, sin pensarlo, ‘voltié’ la cámara y comencé a retratar esa angustia.

 

–¿Cuál es el tema, realmente?

 

–Creo que a través de estas fotografías estoy tratando de plasmar una imagen aproximada de lo que pasa en el interior del ser humano en estos momentos en que le decretaron la casa por cárcel. Nos quedamos sin interlocutores físicos, sin encuentros personales, sin abrazos, sin peleas, sin naturaleza, sin poder viajar… Todo nos toca hacerlo a través de una pantalla o de un teléfono. El caso es que no sé si se trata de un verdadero retrato de mí mismo o una imagen de todos nosotros en este momento.

 

–¿Cuál es el proceso para componer la imagen? Es decir, ¿cómo eliges que foto harás?

 

–Precisamente, todas las imágenes han ido saliendo de leer comentarios de la gente en las redes, de lo que están haciendo en sus casas, en su encierro, de lo ‘mamados’ que están de trapear, de lavarse las manos cada dos horas. Que ya no tienen más cajones para ordenar, que ya se saben de memoria cuántos pasos hay de la sala a la cocina y del baño a la habitación.

En algunas fotografías trato de resumir esa actitud de la gente, de burlarme de ello, porque creo que esta pandemia es una cachetada al ego del todopoderoso ser humano, dizque capaz de medírsele a todo, menos a pasar cinco minutos consigo mismo…

 

 

–¿Hay mucha producción?

 

–Nada. Un trípode, un lugar de la casa, una luz natural adecuada para lo que se quiere decir en el momento y un modelo gratis, sin maquillaje y sin vestuario formal.

 

–¿Cómo es la historia con la posproducción?

 

–Como algunos de esos autorretratos son más bien retratos de lo que pasa en la mente, recurro al Photoshop para multiplicarme, para ponerme en una teleconferencia con otros seis de mis yo, para escaparme a volar por los cielos, para levitar, para aspirar mis restos del suelo sucio de mi casa. No son, técnicamente, la última maravilla del planeta, pero me importa más lo que quieren decir que la pulcritud de la técnica.

 

–¿Si no hubiera habido cuarentena, hubieras hecho estos autorretratos?

 

–Creo que no. No saben el tamaño de mi pudor. Es la primera vez que me pongo, en serio, de protagonista. Inclusive, tardé algunos días en publicar el primer autorretrato porque pensaba que había mucho de vanidad, de mostrarle al otro cómo paso mis días. Pero con el autorretrato de los trapeadores encontré el lenguaje adecuado y entonces comencé a publicar. Ahora hasta me desnudé ante la cámara para expresar lo mal que la estamos pasando los fotógrafos, los artistas, músicos, bailarines, etcétera.

No creo que lo repita, prefiero perderme en los vericuetos de Colombia que en los míos propios.

 

–¿Qué se necesita para hacer fotos de uno mismo con humor?

 

–Si se observan bien, están llenas de angustia, de miedo por el presente y por el futuro. Sin embargo, al aceptar con humildad que uno no es nadie para poder cambiar el rumbo,  tiene la capacidad de evitar la solemnidad con la que mucha gente aparenta en las redes sociales una vida ficticia y mentirosa. “La vida es un ratico” y hasta en los peores momentos hay que saber aprovecharla.

 

–¿Se ve como usted mismo o como cualquier persona?

 

–Algunas veces me veo como yo. Otras creo que soy una extensión de todos. No me gusta ni cinco este mundo aislado. No sé cuántos abrazos tengo aplazados y tampoco cuándo podré ponerlos al día, con tanto loco suelto con poder, (Trump, Bolsonaro, Cabal) haciendo que la pandemia se siga expandiendo y, por lo tanto, aplazando la dicha de recuperar nuestra libertad.

 

-¿Seguirá luego de la cuarentena haciendo este tipo de fotos?

 

-No lo creo, aunque este fenómeno de confinamiento nos ha enseñado a no dar las cosas por sabidas.

 

-¿Qué ha aprendido con este proyecto?

 

-Que cuando hay algo valioso por mostrar, por decir, por interpretar, hay que hacerlo con los pocos o los muchos recursos que se dispongan. Que se acabaron las excusas para aplazar la vida, alegando que ‘x’ o ‘y’ cosa la podemos hacer luego.

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