El nuevo ministro de Cultura, Felipe Buitrago, afronta el reto de consolidar la ‘Economía Naranja’

Desde el 12 de enero este economista con maestría en políticas públicas internacionales asume la cabeza del Ministerio de Cultura en un país desigual que parece que no le da del todo la oportunidad a la ‘Economía Naranja’. Entrevista con ARTERIA.

Enero 10 de 2021

/Cortesía Mincultura

DIEGO GUERRERO
Editor
ARTERIA


Que Felipe Buitrago haya sido nombrado ministro de Cultura de Colombia no es sorpresa. En realidad, lo sorprendente es que a Buitrago –que se posesiona este martes 12 de enero– el presidente Iván Duque no lo hubiera nombrado desde el comienzo de su mandato.


Al fin y al cabo, estuvieron juntos en el Banco Interamericano de Desarrollo –BID­– (Buitrago como consultor de la División de Asuntos Culturales, Solidaridad y Creatividad) y escribieron el libro La economía naranja, una oportunidad infinita. Hasta el sábado pasado, el libro había sido descargada 70.311 veces en inglés y 467.087 en español.


Dicen los editores del libro publicado en el 2013 (Aguilar y el BID)– que para Buitrago la publicación es el resultado de haber trabajado “más de once años de desarrollo de la Economía Naranja desde varios ángulos: Ministerio de Cultura de Colombia (se refiere al período en que fue coordinador del Programa de Economía y Cultura), British Council, Observatorio Iberoamericano de Derecho de Autor (ODAI), consultor independiente y profesor universitario”.


Hay que decir que en el Mincultura le acreditan que durante su anterior vinculación fue coordinador del Programa de Economía y Cultura, “cargo desde el que ayudó al desarrollo de la Cuenta Satélite de Cultura de Colombia (la primera de este tipo en el mundo), así como en el diseño y negociación de la ‘Reserva cultural de Colombia en el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos' (estableciendo un modelo que de ahí en adelante el país seguiría utilizando en las demás negociaciones comerciales internacionales)”.


Es bueno recordar que en el 2017 el entonces senador Iván Duque logró la aprobación de la llamada ‘Ley Naranja’, la que, como Presidente, se convirtió en una de sus políticas bandera. Así que el nombramiento resulta más que obvio. Pero la mencionada ley ha sido blanco de críticas sin misericordia de parte del sector de la cultura del país y Buitrago, por ser coautor y haber encabezado su ejecución en las políticas culturales del Mincultura, desde su cargo como viceministro de Creatividad y Economía Naranja, ha recibido los ‘tomates’.


Lo que es cierto es que, por lo menos en los últimos diez años, ninguna jefa de esta cartera (recordarán que ya casi era una tradición que fuera una mujer quien estuviera al frente del Mincultura) ha tenido tanta experiencia y conocimientos específicos en la política que se pretendía desarrollar en ese ministerio, como la que tiene en este momento  este economista de la Universidad de Los Andes con maestría en políticas públicas internacionales de Johns Hopkins University - SAIS (Washington, DC).


Basta ver que la ministra saliente, la abogada Carmen Vásquez, había trabajado en derechos humanos de las mujeres, género, población en situación de discapacidad, minorías étnicas, democracia y fue Contralora Delegada para el sector de Defensa, Justicia y Seguridad, entre otros cargos.


- Diego Guerrero: ¿Uno que puede esperar de un funcionario que no tiene que acomodarse a la política, sino que representa su continuidad?


- Felipe Buitrago: Todo gobierno trabaja sobre un plan de desarrollo. He trabajado con la ministra Carmen desde el primer día de gobierno en la formulación del plan de desarrollo y, después, en su implementación, primero como Consejero para Asuntos Económicos Estratégicos y, luego, como viceministro de Creatividad y Economía Naranja.


Va a haber cambios en el estilo, pero el propósito sigue siendo implementar un plan de desarrollo que es muy ambicioso en tres frentes muy importantes. Primero, descentralizar y democratizar el acceso a la oferta cultural del Ministerio, que ha sido un proceso que se ha venido dando desde la creación del Ministerio, pero que le hemos puesto el acelerador con profundidad.


Segundo, es el desarrollo de nuestras industrias culturales y creativas. Era un tema comparativamente marginal en otros gobiernos pero que siempre ha estado presente, porque es parte integral de nuestra Ley General de Cultura, del Plan Decenal de Cultura y es parte de nuestros compromisos internacionales.


Lo tercero es un tema que hemos hecho mucho la tarea y que, a veces, es curioso que no lo reconozca el sector, pero estamos haciendo un fortalecimiento institucional que le estaba haciendo mucha falta al sector de la cultura, que tuvo una transformación muy fuerte cuando se creó el Ministerio. Desde entonces ha tenido muchas leyes y políticas, pero muchas se quedaron en el siglo XX. Estamos poniendo al Ministerio en función de las necesidades contemporáneas de la cultura. Nuestras necesidades vienen cambiando afectadas por la tecnología, por una población que piensa diferente, por unas necesidades o estructura del sector que es diferente.


Naturalmente, en la medida que yo soy quien soy y que he estado muy al frente del segundo componente, pues es, tal vez, el más evidente para muchos en relación conmigo.


-D.G.: ¿Cuáles son los principales problemas del sector cultural para proyectarse?


-F.B.: Hay dos temas: uno es de capacidades y otro de mentalidad. El primero: el sector es muy débil en su capacidad de gestión. Formular proyectos, ejecutar, hacer seguimiento… hay debilidades grandes. Esas debilidades técnicas se convierten en una especie de ancla que impide pensar en grande. El sector, muchas veces, se queda pensando muy chiquito. Esto no quiere decir que todo tiene que ser grande, pero hay cosas que tienen un potencial enorme y los gestores, los artistas se contienen mucho porque las debilidades técnicas no les permiten liberarse.


Es la principal talanquera. Necesitamos mucha capacitación, mucha formación en gestión y me refiero a capacidades administrativas y técnicas: de cómo hacer funcionar un proyecto, cómo hacer que las ideas se puedan escalar, porque eso nos libera y nos permite romper la barrera de la mentalidad de que en la cultura todo tiene que ser pobre y chiquito.


-D.G.: Lo pobre también tiene que ver con el acceso a respaldo económicos que te permitan pensar en grande…


-F.B.:Eso tiene que ver, precisamente, con la capacidad de gestión, porque si como artista vas a dedicarte a gestionar todo lo que haces, ¿a qué horas creas? Y si como gestor no tienes las herramientas, ¿cómo le vas a presentar al gobierno o a un privado una idea bien estructurada? Muchas ideas que la gente tiene en el sector cultura no fallan porque sean malas ideas sino porque la ambición no es suficiente para esa idea.


-D.G.:: Pero la gente no sabe administrar…


-F.B.: Es un círculo vicioso: pienso que no hay plata porque como no tengo idea de presentar un proyecto, me dicen que no a todo. Y como me dicen que no a todo, para qué pienso en grande.


-D.G.: ¿Qué puede hacer ahí un Ministerio de Cultura?


-F.B.:Uno de los temas grandes que hemos tenido, y que es una de las grandes transformaciones que estamos haciendo, es transversalizar la importancia del sector de la cultura. Estamos trabajando más cerca que nunca con el Sena, pero todavía no es suficiente para las ambiciones que tenemos de que el Sena nos ayude a formar a toda la gente del sector cultura constantemente, para que tengan mejores herramientas de trabajo y administrativas.


Una de las barreras es que en el país no hay suficiente capacidad técnica en lo no creativo y lo no artístico. Si quiero hacer una gran producción de algo en Colombia, por ejemplo, algo como el Circo del Sol, de dónde saco a la gente formada para poder ofrecer eso al Circo del Sol. No las tengo. Porque mucha formación es técnica: es montaje, iluminación, sonido, logística.


La parte creativa y artística tiene una limitación muy grande: el entorno técnico no da abasto para las necesidades y capacidades que tiene el país. Los técnicos que necesita el sector cultura para crecer se están formando en otros sectores del país donde les han dicho claramente que los necesitan. Una persona no tiene que ser artista para trabajar en la cultura, puede ser un excelente técnico de sonido. No hay suficiente articulación a través de gestores y emprendedores apropiados que conecten esa necesidad con el Sena.  Por eso estamos trabajando con el Sena para ofrecer muchos cupos de formación para llenar esos vacíos.


-D.G.: ¿Y los recursos económicos?


-F.B.: Por eso es tan importante trabajar transversalmente la cultura: si yo tengo que hacer formación técnica no le puedo decir al Ministerio que nos olvidemos de todos los programas de fomento, cojamos ese presupuesto y se lo metamos a formación técnica para acompañar al sector. Para eso existe el Sena. Yo tengo que acompañar al Sena para que entiendan cuales son las áreas que necesitan más formación para el sector cultura. De esa manera podemos ir llenando esos vacíos... porque tenemos vacíos desde el patrimonio hasta en las habilidades digitales.


-D.G.: ¿Y el tema de la mentalidad?


-F.B.: Si logramos que la gente acepte que alguien puede ser un artista muy talentoso, pero que si quiere dedicarse a crear necesita tener conocimientos básicos de ciertos temas para poder estar tranquilo y trabajar con otras personas... Porque un creador necesita delegar a alguien que se encargue de la protección de sus derechos de autor y sus contratos. Necesita de alguien que abra espacios en las galerías, porque si el artista tiene que hacer todo el trabajo a qué horas crea. Pero si puede entender que tener un mánager, alguien que lo represente… El artista tiene que aparecer en algún momento de la negociación, pero no tiene que estar negociándolo todo.


Eso funciona con actores, artistas plásticos diseñadores… Es muy importante que siempre haya gente para poder confiar. Y para poder confiar se necesita tener ciertos conocimientos, no para ejecutar sino para poder entender en la conversación que no lo están tumbando.


En la mayoría del mundo es una dificultad ese tema. Únicamente hace menos de dos décadas comenzaron a incorporase algunas cátedras de artes en el Reino Unido, en las que artistas, dramaturgos tienen que tomar como cursos básicos derecho de autor, mercadeo y contabilidad. No es que sean vendedores ni contadores ni abogados, sino que puedan hablar con el mánager y el abogado que los representa.


-D.G.: ¿Cómo puede ser ministro de Cultura en un país donde la cultura pasa por gente que estudió en universidades –incluso del exterior–, por artesanos del Magdalena, o artistas y gestores en las comunidades que llevan las tradiciones?


-F.B.: Es una de las dificultades porque el día que le pongo toda la atención a una artista plástica contemporánea, por ejemplo, todo el mundo le cae al Ministerio por abandonar el patrimonio y el día que voy a ponerle atención al patrimonio, entonces todo el mundo dice que uno abandonó el arte. 


En realidad, el Ministerio siempre está en todos los frentes y parte de lo que hemos profundizado es estar más presente en los territorios donde hay muchas expresiones que no son reconocidas en Bogotá, pero que son expresiones fundamentales de nuestra cultura e identidad.Las parteras del Pacífico son absolutamente irrelevantes en Bogotá desde el punto de vista de expresión artística, cultural o patrimonial, pero en el Pacífico son agentes fundamentas de la transmisión de saberes y la preservación de estilos de vida rurales y, en este caso, casi que siempre de selva. 


La cultura es muy diversa y es muy amplia y en Bogotá hay una preeminencia de actividades mucho más formales, pues en Bogotá están las grandes industrias culturales. Ahora, el centro no puede ser fuerte si la periferia es débil y las periferias no son sostenibles si el centro no funciona. No es lo uno o lo otro. Las tradiciones son fundamentales para que la diversidad continúe inspirando, transformando, preservando una identidad que es distintiva y que le da un valor especial a la cultura colombiana, que cuando llega a la corriente principal y se conecta con lo industrial se convierte en algo que nos conecta con el mundo.


No es fortuito que la lista de las canciones de Billboard haya colombianos. Tampoco que el país tenga un creciente reconocimiento en sus expresiones de patrimonio inmaterial registradas en la lista representativa (de la Unesco). Eso es parte de un esfuerzo que el país ha fortalecido en sus últimos 30 años, precisamente porque la Constitución le dio al país un mandato especial en la cultura. Y ese mandato está madurando en muchos frentes en este momento. Ahí sí como dicen: ¡Cómo duele crecer! Porque estamos experimentado muchos dolores de la adolescencia. El país está superando su adolescencia en lo cultural porque el trabajo que se ha hecho en los últimos 30 años, con sus altos y bajos, ha sido extraordinario.


-D.G.:¿Por qué a pesar de que las cifras dicen que la cultura tiene un porcentaje importante en el PIB, y que aporta al empleo, el país no siente al Ministerio de Cultura como algo importante?


-F.B.: Porque apenas tú publicas las cifras del PIB de la cultura, los primeros que salen a decir que eso no es importante son los del sector. El sector es el primero en venderse bajito. Juan Ángel (exdirector del Idartes) publicó en un artículo que los números en la cultura, las mediciones, son para elevar el debate, no para distraerlo. Desafortunadamente, en lugar de decir: hombre, ya que pesamos tanto en el PIB, entendamos cómo y por qué podemos mejorar. Pero como en lugar de querer construir sobre el debate más elevado, sobre mejor información, la salida de algunos es salir a criticar que por qué medimos, y la forma de criticar la medición es diciendo que el sector no es importante económicamente, y lo repiten tan duro que mucha gente que no es del sector se lo cree...


Uno de los trabajos que hay que hacer es hacia adentro. Primero, que la gente entienda que hacer mediciones de cultura no es para abandonar la cultura ni para abandonar sus aportes a la formación de ciudadanía ni todos estos elementos inmateriales que son centrales en el sector y que conforman la identidad. Es porque es muy difícil administrar algo sobre lo que usted no tiene mediciones.


Cómo puedo evaluar, por ejemplo, una política que busca proteger un patrimonio si no estoy midiendo, por lo menos, cuánta gente se está enterando de que eso es un patrimonio. Si no tengo la información cómo hago yo para saber de qué manera se está comportando económicamente, para ver si es sostenible y diseñar medidas que corrijan las fallas. Sin investigación y conocimiento del sector, cómo hago para poder atraer los recursos que se necesitan.


¿Que el sector de la cultura siempre tiene el presupuesto más chiquito? Pues claro, es un sector que se rehúsa a evaluar sus políticas. Pero en la medida en que hemos podido fortalecer la evaluación, sí vamos creciendo. No tan rápido como todos quisiéramos, pero le pongo un ejemplo: el esfuerzo fiscal histórico del sector cultura se había ubicado sistemáticamente por el punto 12 o 13 del presupuesto.


Para 2021 tenemos el presupuesto global más alto en términos nominales. En términos de inversión es el presupuesto real más alto en la historia del Ministerio de Cultura. Si pensamos que el presupuesto no solamente es eso, sino –como en ciencia y tecnología– contamos los esfuerzos fiscales, los incentivos a la inversión, usted puede sumar los 517 mil millones de esfuerzos fiscales que se van a hacer para incentivo e inversión a los 506 mil millones del sector cultura para el próximo año y tenemos por primera vez más de un billón de pesos dirigidos al sector cultura.


El presupuesto del Ministerio es 444 mil millones de pesos. El del sector, que es el del Ministerio con las entidades adscritas, es de 506 mil millones y a eso usted le puede sumar el esfuerzo fiscal para las inversiones en el sector cultura. Inversiones o donaciones. Y eso nos lleva a un presupuesto de un billón 23 mil millones de pesos.


-D.G.: ¿Por qué cree que a la Economía Naranja no le han dado la oportunidad en parte del sector cultura?


-F.B.: Este es un sector que tiende a ser ‘antiestablecimiento’ y su naturaleza es crítica, y, en algunos casos, hay también una fijación ideológica de oposición. Sucede que las verdaderas transformaciones estructurales toman tiempo. Piense que el concepto de cultura y desarrollo tiene su origen en 1982, en la ‘Declaración de México de Mondiacult’. De allí a la convención del 2005 pasaron 23 ños para convertir eso en un compromiso multilateral y Colombia está entre los tres primeros países que desde 2005 genera una política integral de economía creativa, de acuerdo con los parámetros de la convención.


Nos tomó 12 años para la ‘Ley Naranja’ y, luego, otros tres para sacar la política. Esto no fue que un día se levantó Felipe Buitargo o el presidente Iván Duque, diciendo: vamos a destruir la cultura y nos inventamos la ‘Economía Naranja’. Nosotros estamos trabajando sobre los preceptos de lo que las personas más importantes sobre el rol de la economía y el desarrollo han planteado durante casi 40 años, donde nosotros hemos hecho algunas contribuciones. Pero lo que más hemos hecho es comprometernos con volver realidad eso que muchos han planteado y soñado durante tanto tiempo y que muy pocos se han atrevido a materializar.


En el caso del país, poder sacar dos leyes que le hacen ajustes importantes al sector. Haber sacado una serie de decretos, generado la transversalización de la responsabilidad del sector con el Estado… lograr que por ley el Sena, Findeter, Bancoldex, Mintic, Mintrabajo y Mincomercio tienen que trabajar con el sector cultura y generarle desarrollo al ecosistema. Si es difícil para el sector adaptarse, imagínese lo que significa para un funcionario en Comercio que le expliquen qué es cultura y cómo se trabaja con el sector. El Ministerio también tiene que tener su curva de aprendizaje.


Pero la transformación profunda es un proceso cultural. Se está construyendo sobre un proceso de muy largo aliento que es fundamental para un país que aspira a dejar de ser dependiente de las materias primas. Usted no va a encontrar ningún país del mundo que sea desarrollado y que no tenga un sector cultural fuerte.


-D.G.:¿Cómo dialoga la tradición y el patrimonio inmaterial que no se aprende sino de generación en generación con esa institucionalización?


-F.B.:Los saberes están dispersos por todo el territorio y la aproximación, digamos, ‘artecentrista’ que a veces se da en algunas políticas excluye todo eso. Nosotros hemos estado tratando de llegar allá construyendo sobre las fortalezas que ya teníamos en el país. Aquí ya teníamos una red de escuelas-taller reconocida como una buena práctica, con debilidades en su institucionalidad y su gestión. Estamos fortaleciendo las capacidades de gestión y convirtiendo cada escuela en un nodo de escuelas-taller. Vamos directo al hacedor: puede ser partera o talabartero y le invertimos en el mejoramiento de sus condiciones de trabajo. Lo convertimos en un transmisor de conocimiento.


Hoy, el sistema legal en Colombia no me permite reconocer a una persona por su experiencia como docente. Para ser profesor en Colombia hay que ser profesional. Vamos avanzado con el Ministerio de Educación en el ‘Marco de Cualificaciones’, que se planteó en el 2008 y durante diez años no lo desarrollaron. Hemos retomado el tema y queremos reconocer que prácticas como la del circo o prácticas ancestrales se puedan validar por mérito de la experiencia.


No queda como título profesional, pero se puede convalidar como maestros en el tema para poder ser transmisores con sueldo como profesores. Queremos que con el tiempo se pueda convertir en algo muy parecido a lo que tienen los japoneses, que reconocen a los maestros tradicionales como tesoros nacionales. Es parte de lo que estamos planteando en la ‘Ley del Artesano’, que se le debe al país hace 20 años y estamos haciendo esfuerzos con Hacienda, con Comercio con Artesanías para poder plantearle al país un reconocimiento de esos saberes. 


Saldrá el crítico diciendo: usted ahora quiere mercantilizar los hacedores y ponerlos a sueldo del Ministerio… No. Quiero reconocer que pueden ser transmisores y, como el conocimiento es un bien público, se le pueda decir: coja tres aprendices y se le paga por formarlos.


Mucha gente se va a formar en las escuelas-taller. ¿Cómo dar sostenibilidad a esas personas para que no sean formas de vida precarias? Necesito reforzar la formación en el saber ancestral, con habilidades contemporáneas que les ayuden a planificar mejor su vida, a manejar mejor sus insumos a conectarse con sus clientes potenciales.  Porque la partera no existe porque es chévere tener parteras, sino porque se necesita su trabajo y si el trabajo se va a trasmitir, pues los mecanismos de reconocimiento a la labor de la partera puedan formalizarse. Porque, si no, la partera recibe las propinas que le dan por su trabajo y no tiene la posibilidad de hacer la contribución de seguridad social y el día que deje de trabajar, entonces ¿de qué pensión va a vivir? O el día que se enferme, ¿que EPS la va a atender?


-D.G.:Se critica que lo que se entrega en estímulos ahora incluye cupos para personas de otras áreas distintas a los creativos, como, por ejemplo, programadores...


-F.B.: Esa crítica es superficial. Pasamos de 14 mil millones de pesos en estímulos a 25 mil millones. De esos 11 mil millones de aumento, menos de la mitad son para nuevas líneas. El Ministerio nunca había tenido estímulos para galerías y esos son estímulos de ‘Economía Naranja’. ¿Está mal que las galerías puedan acceder a estímulos para promover artistas?


Hubo un estímulo para crear asociatividad en el sector del circo. Es un estímulo de ‘Economía Naranja’. Estamos llenando los vacíos que existían en la concepción de estímulos, donde nada más se entendían como estímulo la parte de creación. ¿Y qué pasa con la estructura que le da sostenibilidad a la creación? Todavía así, el aumento de casi 70 por ciento en los recursos, menos de la mitad está concentrada en los nuevos estímulos. El resto está concentrado en ampliar los que ya existían o en mejorarlos.


Antes el Estado decía: si usted quiere estímulo tiene que pensar de una sola forma. Ahora estamos diversificando las opciones: puede pensar comunitariamente, emprendedoramente, asociativamente. Antes solo se podía comunitariamente.

La cultura tiene muchas formas de ejecutarse. Entender que necesito un estímulo para una acción comunitaria en un lugar como Ciudad Bolívar no quiere decir que un galerista que está empezando en otro lugar como Teusaquillo a promover artistas no necesite un estímulo también.


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*En una versión anterior escribimos "Banco de Cualificaciones" donde el entrevistado se refería al "Marco de Cualificaciones", lo cual fue corregido en esta actualización.

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