Ante la crisis, arte 'Atendido por sus Propietarios'


‘Atendido por sus Propietarios’ es una iniciativa que busca mitigar la crisis que viven los artistas, comercializando sus obras ellos mismos y compartiendo ganancias.

Un modelo cooperativo, en el que cada participante se ve beneficiado por el trabajo del otro, es el que propone Atendido por sus Propietarios (APP).


 Se trata de una bolsa solidaria y rotativa para artistas independientes alojada en el portal https://atendidoporsuspropietarios.art que llega para que, cada mes, diez creadores de diferentes regiones del país exhiban sus trabajos y conquisten a los coleccionistas.


Los artistas Angélica Teuta, Ada León y Gabriel Zea se unieron para crearla, buscando una manera de superar las dificultades que les ha impuesto la crisis por la pandemia de la Covid-19, pensando en cómo poder ayudar a sus colegas.


“Los tres somos amigos. Como artistas teníamos intereses comunes fuera de este proyecto y decidimos crear este pequeño grupo de trabajo, que es una respuesta desde el arte a la crisis que ha tenido el medio, sobre todo los artistas independientes que no estamos representados por ninguna galería, quienes hemos sufrido la caída de muchos proyectos y hemos padecido que los espacios de exhibición se estén apenas abriendo, muy lentamente”, cuenta Zea.


Entonces, plantearon que APP fuera una bolsa común para apoyarse, presentando cada mes las creaciones de diez artistas, para que oferten creaciones con valores especiales.


“Cada mes elegimos a diez artistas que están en diferentes lugares de Colombia, no solo en las ciudades principales, sino en la mayor parte de la geografía nacional posible. 


"Este mes, tenemos artistas de Medellín, Bogotá, Barichara, Barranquilla y Cali, para dar un panorama de lo que está sucediendo en el arte contemporáneo colombiano”, agrega Zea.


Hasta el 3 de agosto, los artistas invitados son Ernesto Restrepo Murillo (Montería, 1960), Laura Ruiz (Bogotá, 1995), Luis Mendoza (Barranquilla, 1991) Nicolás Cadavid (Bucaramanga, 1979), Angélica Teuta (Medellín, 1985), Catalina Toro (Medellín, 1989), Iván Tovar (Cali, 1987), Siu Vásquez (Bucaramanga, 1987), Tatiana Zambrano (Medellín, 1982) y Gabriel Zea (Bogotá, 1981).


Sobre la selección de los artistas y las obras, Angélica Teuta explica que, en principio, han planeado hacer tres ediciones, “con la posibilidad de seguir revisando de acuerdo como suceda la pandemia”. Buscan ser equitativos entre hombres y mujeres, y, por eso, esta vez eligieron cinco hombres y cinco mujeres. 


“Para la segunda edición, estamos buscando artistas de la Zona Cafetera y del sur del País. Es una conversación de artistas de trayectoria media, con invitación a algunos emergentes. Esta vez, la artista emergente es Laura Ruiz, egresada de la Universidad del Bosque”.


El modelo solidario

APP es una apuesta por el modelo solidario, cooperativo. Dice Gabriel Zea que son un catálogo virtual temporal: “Asumimos que las obras que están en cada edición del catálogo tienen un precio especial. Son, en su mayoría, piezas de mediano y pequeño formato, asequibles para compradores y coleccionistas.


“Hacemos una revisión del modelo de comercialización de una galería, que se maneja un estándar del 50% del valor de la obra como comisión, que es para que la galería asuma todos los gastos que tiene este modelo de negocio.


“En nuestro caso, el artista que vende también se queda con el 50%, y ese 50% de comisión se utiliza para repartirlo, cada mes, entre todos los artistas. No importa quién venda, porque recibes los aportes de los artistas que sí han vendido. Eso hace que todo el dinero se redistribuya entre los participantes.


“El proyecto, APP, cuenta como un artista más en la repartición de la bolsa, que nos ayuda a cubrir los gastos operativos que tiene el proyecto, como el sitio web, el diseño de los catálogos, el tiempo que invertimos haciendo llamadas y estableciendo las conexiones entre los compradores y los artistas”.


Así, APP apela a la solidaridad, a tenderle la mano a un artista que está en crisis, pensando en colectivo.  “Las comunicaciones están centralizadas en nosotros tres -continúa Zea- pero, si los compradores nos piden hablar con los artistas, establecemos la conexión”.


Ante ello, debe abrirse la pregunta por el tema legal, por cómo clarifican la relación comercial, de derechos y, sobre todo, de fidelidad, para que no se terminen perdiendo los negocios dentro del proyecto.


“Primero, es muy importante aclarar que el proyecto se basa en la confianza, asumimos que las personas que están participando en el proyecto lo hacen porque les interesa y asumen las condiciones de participación, que implican que el grupo organizador se encarga de la gestión, pero también cada participante tiene que aportar su trabajo al proyecto para que esto funcione, como que nos aporte sus redes de contactos y apoyo para mover de mejor manera el proyecto y el catálogo, de esa manera generamos lazos de confianza con los artistas.


“Sin embargo, tenemos una asesoría legal. Por eso establecemos un contrato previo que permita salvaguardar el proyecto, dejando claro los límites, los derechos sobre las obras, las responsabilidades. 


"Decidimos firmar un contrato con cada uno de los artistas para dejar todo lo más claro posible, muchos son nuestros amigos y no queremos afectar las relaciones con ellos por algo laboral y que involucra dinero, que siempre es cuestión delicada”.


Historias desde los territorios

Nicolás Cadavid, uno de los artistas que participa de la primera selección de APP, siente que, en algunos territorios del país, vender arte es casi un milagro. Por eso, celebra la iniciativa como una manera de visibilizar las prácticas que están tomando fuerza en las regiones.


“La pandemia, en términos económicos, no me ha afectado mucho, porque desde hace mucho rato sé que en Bucaramanga no hay un circuito artístico muy desarrollado. Por ende el tema de las ventas de arte, de la comercialización a través de galerías, es prácticamente inexistente.


“Yo no vivo de vender mis obras, vivo de dar clases y, por fortuna, las clases no se han detenido”, dice el artista, que es docente de la Universidad Industrial de Santander y la Universidad Autónoma de Bucaramanga.


Para él, en Bucaramanga viven “en una cuarentena eterna. Las cosas siempre están estancadas para los artistas. No es una novedad para mí. Estoy bastante acostumbrado, aunque sé de otros artistas en otras ciudades que se han visto muy afectados”.


La fotógrafa Catalina Toro plantea que en Medellín  “hay artistas que venden, que tienen sus coleccionistas, pero el nicho todavía es muy pequeñito. Falta abrirlo un poco más. Los coleccionistas también son pocos y compran por nombres. Si compran, compran obras de artistas de Bogotá, gente más reconocida. En el 2019, con la apertura de Policroma, la llegada de La Cometa y lo que ha venido haciendo Lokkus, se ha intentado que haya una apertura al mercado, que con la pandemia se detuvo de nuevo”.

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