¿Qué pasa cuando un artista gana un Premio Luis Caballero?

Algunos artistas ganadores del Premio Luis Caballero, que convoca a artistas colombianos de edad mediana, hablaron con ARTERIA contaron su experiencia luego de haber recibido el reconocimiento.

Septiembre 5 de 2019

"cuando gané el Premio Luis Caballero, fue polémico. Era uno de los artistas menos opcionados frente a la trayectoria de los otros, en su mayoría reconocidos. Conté con la suerte de que los jurados miraron la obra. Eso me abrió muchas puertas”, recuerda Fabio Melecio, ganador de la sexta edición, en 2011.


De Barbacoas (Nariño), vio en el premio una oportunidad de impulsar su carrera. “Quería saber qué podría ocurrir con una persona provinciana que no tenía tanto conocimiento del arte, pero dispuesta a recibir críticas”, dice. Melecio ha sido el único afrocolombiano ganador del Premio.


BMR (Bamba, martillo y refilón), resaltaba la labor de los corteros de caña de azúcar. El mayor reto fue la estructura circular de la otrora Galería Santa Fe, que funcionaba en el Planetario de Bogotá, y saber si el cielorraso soportaría el peso de 581 machetes y afiladores, colgados para mostrar la amenaza a la que se enfrentaban los corteros.


“Tenía fe en que lo iba a ganar, pero cuando sucedió fue una sorpresa y generó una exigencia sobre mí. ¿Qué iba a pasar con este tipo y qué obra iría a mostrarnos al ser el ganador? Fue un asunto conflictivo frente a mi creación, al ser un artista joven que se ganó el premio colombiano más importante del arte contemporáneo”, recuerda Melecio

 

Según cuenta, el Premio fue como una catapulta para incursionar en el arte contemporáneo afro. “Me dio un estatus que se ha mantenido hasta ahora e hizo que mi nombre se conociera”, dice. Pese a ello, tras la emoción del momento, sintió que “fue una cosa que no trascendió y que se quedó en el ámbito local. Uno esperaría que los espacios artísticos y las galerías llamen, pero no pasó”.


Para él, eso se debe a la falta de difusión. Opina que el premio podría ser conocido en el ámbito global, “para que instituciones como la Tate, el Guggenheim, el Moma se den cuenta de qué pasa acá, así como nosotros nos enteramos de sus exposiciones”.

 

En contraposición, reconoce que el premio da validación internacional frente a eventos como una bienal de arte. “Para mí, fue un plus para obtener una residencia en Senegal, que unía el arte colombiano y el africano”.

 

Madurar artísticamente


El bogotano Fernando Uhía (1967) ansiaba tener 35 años para participar en la cuarta edición del premio (2006). “Quería realizar una obra grande para la cual nunca tuve dinero. No estaba pensando en ganar, sino en hacer la obra Masa crítica”, cuenta.

 

De hecho, la instalación de más de 30 grabadoras, que cuestionaba la noción de crítica de arte mediante el sonido, dejó de existir antes de que se anunciara el ganador, pues Uhía vendió la mitad de los aparatos porque necesitaba efectivo.


“Me enteré de que había ganado mientras jugaba billar con un amigo. Pensé: ‘¿Cómo así? Si en Colombia no entienden esa obra’. Ahí empezó el terror y la búsqueda durante una semana de las grabadoras que había vendido, pero no me las devolvieron. Fui a un San Andresito y en un almacén vi una caja del modelo que necesitaba. Le pregunté al dueño si tenía 15, pero me dijo que había comprado todas las existencias y las había enviado para Vichada y Vaupés. No lo podía creer… pero (algo más increíble) él me hizo el favor de traerlas devuelta”, recuerda.


La resonancia de la obra permitió que la presentara en la Bienal de la Habana, en Medellín y Montería. “Después, no pasó nada de nada. Luego de cuatro meses, la gente no se acordaba”, dice Uhía, quien intentó que Masa crítica fuera adquirida por una institución como el Banco de la República o por alguna colección privada.

 

“No les interesó. Creo que Colombia está en los años 40 en términos de recepción del público. Quieren productos lujosos, que sean ‘VIP’. Tal vez es un problema del mundo. Las bienales muestran arte de vanguardia y las ferias cosas pequeñas para comprar. Es muy difícil que una obra así se venda y tenga un impacto desde acá”, critica.

Frente a su impacto, cree que “No tenemos ni músculo critico ni la cabeza para entender que tenemos el potencial de estar en un mercado más grande simbólicamente y económicamente. Es un referente acá, pero por fuera no dice nada”.


Pese a ello, Uhía invita a participar, pues es la oportunidad de tener un proyecto grande con apoyo estatal. “Chévere que participen para mostrar que pueden hacer algo de calidad, con todo el sentido semántico, digital y lingüístico; cosa que no pasa en las ferias”.

 

Seguridad artística


Luis Roldán (Cali, 1955) ganó en el 2001 con Qué estoy haciendo aquí, más de 500 dibujos que contaban la historia de un mico llevado de Brasil a Escocia, en 1829, en un barco de carga y que, al acabar con sus raciones terminó alimentándose de cucarachas.

 

“Estaba viviendo en Nueva York y me pareció interesante seguir con mi participación en Colombia. Además, tenía un proyecto de dibujo en el que quería hacer énfasis y que se ajustaba muy bien a la Galería Santa Fe”, recuerda Roldán, desde Nueva York.


Cuando ganó, ya era reconocido. “Fuera de la validación de cómo trabajo, no me cambió el mundo. Un premio es un paso en el reconocimiento de tu trabajo, pero no va a cambiar tu carrera”, expresa.


Al caleño le preocupa que desde que el premio se abrió a otros espacios, algunos artistas pueden estar en desventaja. “El planetario no era ideal, pero era igual para todos. En este momento, si te equivocas de espacio, te toca luchar contra la corriente”, advierte Roldán.


Distanciarse del medio del arte


Víctor Laignelet (Barranquilla, 1955) ganó la primera edición del Premio. Era 1996 y el artista de 42 años se había distanciado de las galerías. Le había interesado disponer de un lugar específico para desarrollar una narrativa en donde la arquitectura eravital y por eso participó, pero, paradójicamente, al salir triunfante, se alejó más del medio del arte.


Su problema fue con la idea de concurso, “que pone a los artistas a competir. Esto no sirve sino para halagar el ego de uno a costa de la envidia de los demás. ¿Qué tiene eso que ver con el arte? una distorsión de la que no tomé conciencia sino al ganármelo”, explica. 

 

Este malestar, sumado a lo que describe como la irrupción de la mafia en el mercado del arte y al desacuerdo con las galerías, hicieron que se retirara del medio. “Me sirvió para cuestionar el sentido de la autoría, la rapacidad descarnada en el medio del arte por nichos de existencia o mera subsistencia, en medio de las circunstancias de un país sumido en la corrupción, la bancarrota, el imperio de las mafias, los paramilitares y las guerrillas. Consideré que debía retirarme y reinventarme”, dice Laignelet.


Pese a esto, cree que es bueno que el premio siga existiendo. Aclara que el premio debe ser “participar y no poner a competir a los artistas como reinas de belleza o deportistas. Una buena bolsa de trabajo y un espacio es suficiente para la finalidad del arte, pero, claro, ¡pierde espectáculo! El supuesto aliciente de quién lo va a ganar o no es inútil para el arte, indigno para los artistas y desvía la atención de lo importante que son las propuestas en sí mismas en tanto experiencia sensible y poética y todo lo demás que el arte pueda ser”, aclara.

Así será la décima edición

  • Gabriel Zea: ‘Monumento al tornillo desconocido’. Monumento a los Héroes. 5 de septiembre al 9 de octubre.

 

  • María Elvira Escallón: ‘Iluminaciones’. Museo de Arte Moderno de Bogotá. 14 de septiembre al 10 de noviembre.

 

  •  Eduard Moreno: ‘Provocarse el archivo’. Museo Santa Clara. 19 de septiembre al 10 de noviembre.

 

  • La Decanatura (Elkin Calderón y Diego Piñeros): ‘De la mula al avión’. Monumento a los Héroes. 7 de noviembre al 8 de diciembre.

 

  • Delcy Morelos: ‘Moradas’. Galería Santa Fe. 28 de noviembre al 24 de enero.

 

  • Carlos Bonil: ‘Suelo turboso’. El Parqueadero, Museo de Arte Miguel Urrutia. 28 de noviembre al 24 de enero.

 

  • María Buenaventura: ‘Alguna vez comimos maíz y pescado’. Galería Santa Fe. 13 de febrero al 12 de abril.

 

  • Edwin Sánchez: ‘Torcido’. Galería Santa Fe. 13 de febrero al 12 de abril.

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