Eduard Moreno 'abre'

un salón de uñas en el Santa Clara

Eduard Moreno, finalista de la décima edición del Premio Luis Caballero, presenta en el Museo Santa Clara su propuesta, titulada ‘Provocarse el archivo’, la cual se exhibe hasta el primero de noviembre.

Septiembre 29 de 2019

“La realidad se define por muchas capas y una pieza artística debería ser una serie de velos y de desvelos de esas capas. Santa Clara es obviamente un sitio con demasiadas capas y así mismo exigía una propuesta que tuviera muchas capas.”

 

Eduard Moreno presenta en el Museo Santa Clara su propuesta como finalista del décimo Premio Luis Caballero, titulada ‘Provocarse el archivo’. La propuesta está compuesta por tres obras, o “actos”, como los llama el artista: Peso muerto, Hábitos de recogimiento y Ornamento, confesión y tocado.

 

Peso muerto es una instalación de páneles de tela jackard pintados con clorofila y aceites vegetales, sostenidos por una estructura metálica que permite correr los telones, los cuales cubren los cuadros usualmente expuestos a los costados de la nave central del museo.

 

Los telones cambian con el tiempo, como explica Moreno: “al principio se han vuelto muy negros, he visto que empiezan a tomar unos colores oxidados. Pero también, cuando se mueven, por acción de las personas, empiezan a aflorar los mismos aromas de la pintura con que se hicieron, los aceites y el aroma del vegetal”.

 

De acuerdo a Moreno, el primero aspecto que buscan resaltar los telones es la censura: tapar el archivo. “Lo tapamos con muchas capas de lectura. Una primera lectura, para mí, era que en estos cuadros acontece la idea de lo antropocéntrico y difícilmente aparece paisaje en esos cuadros. Entonces pensaba que estas pinturas pueden desvelar una condición del pensamiento con el que nos formamos y ese pensamiento tiene que ver con que nos negamos la posibilidad del territorio, del otro, de tocarnos, lo político, realmente. Cuanto tapamos con estos telones, ejercemos aquí un poder territorial diferente. Eso para mí es fundamental”, explica el artista.

 

“Si no se teje una red alrededor de ese dispositivo, y esa red tiene esa lectura de capas, termina siendo una obra muerta. De alguna manera estos telones son peso muerto y dejan de serlo en el momento en que cobran relaciones: correrlos, desplazarlos, ponerse bravo porque no dejan ver los cuadros del museo”, dice Moreno. 

 

Hábitos de recogimiento dispone una mesa con microscopios en el coro bajo del museo, junto al cuadro La piedad con donantes, atribuido a Baltasar Vargas de Figueroa. Bajo el lente del microscopio se encuentran los residuos que el artista recogió del piso del museo durante meses previos a la exposición. “El cuadro quedó supremamente ajustado ahí. Yo preferí que quedara en ese lugar, evidenciando también lo escatológico, la caída, la muerte, la entropía. Como una capilla de velar objetos, banales, muertos”, refiriéndose a la reliquias religiosas que usualmente consisten en restos de cuerpos, atribuidos a santos o personas influyentes.

 

 “Yo hacía un ritual de venir acá todos los lunes para recoger basuras, como una excusa para seguir acá entendiendo qué es todo esto que pasaba y entre eso descubrí un parecido entre las imágenes de Santa Clara (las flores, los tocados, los arabescos, etc.) con el desarrollo también floral y de arabescos y de ornato que se hace en las uñas en los salones de belleza”, explica Moreno.

 

Ornamento, confesión y tocado consiste en cinco puestos de trabajo para pintar uñas, atendidos por las manicuristas Abigail Fernández, Emelina Chaverra, Adriana Suárez, Diana Pulido, Diana López, Nancy Guerrero y María José González, quienes, dentro de la obra, consignan sus vivencias en los Libros de horas muertas cuando no están atendiendo a nadie. Los libros se sitúan sobre los puestos de trabajo para su lectura.

 

Al respecto de incluir los puestos de trabajo Moreno dice: “Yo siento que la posibilidad plástica contemporánea no se basta con la obra, que la obra incluso ya no existe. Lo que existe es un dispositivo y este teje relaciones. El artista debe hacer parte de estas relaciones en su discurso, sus propuestas y en su mediación con todo. Esta obra es mediación total y necesita de los mediadores y que la obra sea también la mediación. 

 

“Hay una cosa con la que yo peleo un poco y es que las obras actuales se han convertido en un fortín para la mediación y esta se ha vuelto un apéndice de la pieza. Está la pieza y buscamos unos mediadores. Yo lo que me peleaba era un lugar en donde la obra misma es la mediación. Todo lo que ocurre acá es una mediación y obviamente nos apoyamos también de los mediadores para que eso suceda, pero la obra en sí es una mediación.

 

“Lo que yo quise hacer fue asociar las imágenes del Santa Clara con las imágenes que ellas están haciendo. Ellas han ido apropiándose de iconografías que les parecen interesantes, las interpretan y son las que se pintan en las uñas. De alguna manera, lo que le estamos diciendo a los visitantes es que el patrimonio es intocable, pero en manos de ellas sí se puede tocar. En ese tocar, ellas van hablando con las personas”.

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