Carlos Bonil: la vida, como un ‘Suelo turboso’

El artista expone este proyecto en el Museo de Arte Miguel Urrutia hasta el 24 de enero de 2020, como parte de la más reciente edición del Premio Luis Caballero.

Septiembre 10 de 2019

Entrar a la exposición ‘Suelo turboso’, finalista de la décima edición del Premio Luis Caballero, es adentrarse a una especie de museo pequeño, pues las obras allí exhibidas, que no tienen una relación directa entre sí (pensando desde los materiales y las temáticas), parecen hechas por artistas diferentes y no por uno solo: Carlos Bonil (1979).

 

Ese es parte del objetivo del artista, quien pretende meter al espectador en una atmósfera que parece tranquila en un principio, pero que muestra un lado ‘oscuro’ cuando este se acerca a cada una de las obras.

 

“Esta es una compilación de piezas que vinculan prácticas que he tenido desde hace un buen rato y que va desde la pintura hasta la producción de objetos sonoros. El fundamento es la producción de objetos con capas de sentido, si uno lo piensa eso es lo que hace el arte, usar varias capas de sentido en un solo objeto. Yo lo quise hacer más explícito y hablar de materiales que se juntan, es superponer capas de materiales y de tiempo; eso quise vincular en cada una de las piezas”, explica Bonil.

 

Para el artista, esta muestra es un espacio surreal al presentar objetos reconocibles, pero con una ‘torsión’. Por ejemplo, al entrar a la exposición ubicada en la sala ‘El Parqueadero’, del Museo de Arte Miguel Urrutia, se ubican dos tanques de guerra hechos en cartón y envueltos en papel de regalo con imágenes religiosas. “Tienen esa dualidad, la sacralidad, la paz y la guerra”, dice Bonil.

 

Justo al frente de esta pieza se ubica la obra ‘Barricada del nuevo año’, un parapeto hecho con pañales que se refiere a “los nuevos nacidos. A las personas que van a nacer en 2020. Es una forma de pensar quiénes son ellos y a quiénes van a representar en el futuro. Habla de guerra, pero yo no quiero tener una posición concreta sobre eso, no estoy a favor y me gusta pensar en que todo va a estar mejor”.

 

La muestra está ambientada por la pieza de Beethoven, Para Elisa, que allí recibe el título de Paraliza, como una manera de referirse a la música usada en el interior de las estaciones de Transmilenio. “Supuestamente relaja, pero es súper estresante, puede enloquecer”, dice este egresado de la Universidad Nacional, en 2004.   

 

Cada una de las doce obras, que se pueden ver hasta el 24 de enero de 2020, tiene ese doble significado: un escenario no óptimo para la vida, pero que podría estar a punto de volverse fértil. 

 

“Suelo turboso, en última instancia, se ha convertido en una manera de hacer objetos de arte: crea contenidos nuevos a partir de desechos sólidos producidos por la ciudad, objetos que fueron usados y desechados por habitantes y visitantes. Elementos domésticos que, aunque son inertes, hicieron parte de algunas vidas y por eso están cargados de historia personal”, expresa Bonil.

 

Para el artista, estos objetos son sobrevivientes de otras épocas. “En las manos correctas pueden ser desmembrados y recompuestos en capas traslapadas unas sobre otras, armando objetos que no están vivos, pero, al parecer, tampoco están muertos”, se puede leer en el texto que le da la bienvenida al público en la exposición.

 

Aunque exista esa dualidad, el artista tampoco quiso que cada pieza tuviera una única interpretación, aunque trate temas como la violencia, la drogadicción, el poder y la industria, entre otros. “Hay un lenguaje doble, que es como lo suave, lo limpio, lo puro, y por otro lado lo oscuro, pesado, denso, guerrerista, macabro. Traté de combinar conceptos que fueran en contravía, pero que en la lectura plantearan unas preguntas sobre el bien y el mal, incluso sobre la religión… pero que la interpretación sea la que cada uno quiera darle”, manifiesta Bonil.

 

Por ejemplo, según el artista la obra vMmD Tour ha sido confundida con una virgen, aunque en ella se ve es la imagen del ‘bebé Gerber’, que tiene atrás varios carteles similares a los que se usan para promocionar los conciertos y dice “próximas apariciones, enero 4, lugares por confirmar”. “Todo partió de un video en el que la Virgen de Fátima llegaba al aeropuerto de Barranquilla”.

 

Para el artista, esta muestra podría parecer una retrospectiva, pero hecha con obras nuevas (excepto la obra Eccemono), pues habla de cosas que ya había explorado en su carrera, pero “cada una cuenta su propia historia”.

 

El Eccemono es una especie de criatura construida con varios ‘aparatos’ electrónicos, que reacciona a la luz y al movimiento de las personas. “Funciona analógicamente y electromecánicamente, y se llama así porque es como un ‘chivo expiatorio’: hasta dónde podemos llegar y hasta dónde queremos llegar. ¿Cuál es el asunto con llegar al espacio? Este mono es como un primate, un humano y un ciborg”, señala Bonil.

 

Por último, el artista aclara que trata de absorber conocimiento de otras fuentes, de ahí que mezcle diversas técnicas en una misma muestra. “De otros artistas, de mi familia… por eso hay tanta pluralidad”.

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