El artista que creó 99 libros en menos de una hora

Con un 'software' creado por él, David Medina produjo la instalación 'Seis segundos de frenesí', que expone en la Biblioteca Nacional, en el marco del 45 SNA.

Septiembre 26 de 2019

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

 

El título y el primer párrafo de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, fueron modificados cientos de veces por el venezolano David Medina para crear 99 libros que componen la instalación Seis segundos de frenesí –que se expone como parte del 45 Salón Nacional de Artistas-. El artista creó un software que produjo las piezas en menos de una hora.

“Tomé la noción de hiperfunción del software y la llevé hacia un lugar donde se anula esa función y se vuelve inútil. La idea de la biblioteca es una ‘mamadera de gallo’, a partir de una obra que para mí es tan importante, así como para Colombia. Ese primer párrafo es fundacional y por eso creé 99 nuevos mundos”, explica Medina, quien nació en Valledupar, creció en Maracaibo (Venezuela), y vive hace 15 años en Bogotá.

Este ejercicio obsesivo, como lo define el artista, tuvo una sola regla: no repetir ninguna de las palabras originales de Cien años de soledad, sino cambiarlas por sinónimos o paralelismos.

 

“En este caso hay cosas interesantes, como que, a pesar de que en cada página cambia cada palabra, sigue siendo García Márquez, la estructura profunda de su escritura, la forma cómo él desencadena los adjetivos; hay música y ritmo. En cada párrafo cambian todas las palabras y sin embargo continúa esa música y estilo particular de él”, manifiesta el artista.

 

Al mirar la pequeña biblioteca, de tres filas y tres columnas, -ubicada en el segundo piso de la Biblioteca Nacional frente a la escalera principal- se asoman títulos como Dos domingos de tentación, Un domingo de desesperación, Sesenta y nueve decenios de malparidez y Cuarenta y ocho ratos de júbilo. 

 

“Tiene que ver con una escritura probablemente más conceptual o menos expresiva, porque yo no pude predecir ninguno de estos párrafos, fue una serie de reglas que simplemente determiné y el sistema se encargó de producirlos. Se expone el texto como un material estético, pues no son libros diseñados para ser leídos, nadie va a leer página por página. Es la idea de abrirlo, ojearlo, leer un párrafo”, dice Medina.

 

El artista aclara que su intención no es la risa y que la instalación ha causado reacciones variadas: algunos se quedan en “la noción de tiempo que se estira” (por la mutación del título) y otros en los textos que pueden llegar a ser cómicos.

 

“Son cambios radicales y eso también me interesa al ser un laboratorio de sentido. Nosotros hemos heredado tantas formulas lingüísticas, que pensar en su plasticidad y en todos estos espacios evitados del sentido es fascinante”, comenta Medina.

 

“Nadie le quita lo bailado a uno”

 

A sus 40 años, Medina dijo “no más”. Se sentía triste, estaba cansado de los trabajos que hacía día a día al ser ingeniero en computación y decidió vender lo que pudo. “Tomé un sabático y estudié la maestría en artes plásticas en la Universidad Nacional.  Los últimos tres años han sido emocionantes, precarios, pero nadie le quita lo bailado a uno”, expresa el artista.

 

Para Medina, el arte fue “una purga de usar estas máquinas hiperfuncionales y para mí, siempre debe apuntar a la perversión de la razón y al cortocircuito de la información”.

 

El artista no solo quiere que se les pierda el miedo a las máquinas y confrontar la idea de que el mundo va a ser controlado por la inteligencia artificial, también le interesa hacer visibles los algoritmos, pues “vivimos en una cultura que es algorítmica por definición. Lo que hacía la cultura en el pasado era decidir qué era lo bueno o lo malo, qué era lo conservable o no, qué merecía ser preservado en el tiempo. Todas esas funciones ahora las hacen los algoritmos en niveles profundos, qué amigos tener, qué libros comprar, qué música oír”, dice.  

 

Como parte del 45 Salón Nacional de Artistas, Medina también presentó la instalación sonora De la palabra sol al sol hay un movimiento que enceguece, en la Cinemateca de Bogotá, que fue construida por software. Al cerrar este evento, el artista hará su primera comisión en el extranjero. “En Winnipeg, Canadá, instalaré un videowall compuesto por seis televisores enormes, que durante cinco años creará imágenes a partir de colecciones de periódicos de ese país”, cuenta Medina.

Afiliado

Copyright © 2020 Periódico Arteria. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de cualquiera de sus contenidos, así como la traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. www.periodicoarteria.com. Pet friendly