El tejido tiene su propio espacio en el 45 Salón Nacional de Artistas

En 'La fábula de Aracne', Adrián Gaitán, Juliana Góngora, Julieth Morales, Delcy Morelos y Alba Fernanda Triana exponen obras que dan cuenta de la relación entre el arte y el tejido. Abierta hasta el 4 de noviembre en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. 

Publicado: octubre 28 de 2019

La fábula de 'Aracne', narrada en Las metamorfosis, de Ovidio, y referenciada en el cuadro de Velásquez conocido como Las hilanderas, fue el punto de partida del director artístico del 45 Salón Nacional de Artistas, Alejandro Martín, para desarrollar la curaduría del mismo nombre, que revisa la relación entre el tejido y el arte.

Desde el momento en el que los visitantes entran a esta muestra, ubicada en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, se encuentran con la historia de 'Aracne', una tejedora famosa por su talento y belleza, quien es retada a una competencia por Atenea, para castigar su soberbia.

“'Aracne' no se inmuta, y con los tapices que realiza no solo triunfa, sino que aprovecha para cuestionar la posición y el abuso de poder, tanto de la diosa como del resto del Olimpo. Atenea castiga su actitud transformándola en una araña y condenándola a tejer eternamente el hilo del que cuelga”, se puede leer en el texto curatorial.

Según Martín, “en analogía con distintos momentos de la fábula y de su instanciación en el cuadro de Velásquez, exhibimos una serie de instalaciones que elaboran la idea del tejido, en particular del hilado y de la trama, dando énfasis a la materialidad de sus piezas, sus posibilidades estructurales y sus connotaciones simbólicas”.

Desde el punto de vista tradicional del tejido, se exhiben tres piezas de la artista Julieth Morales (1992), quien invitó a jóvenes de la comunidad Misak, de Silvia (Cauca), en donde creció, a realizar una performance de hilado colectivo.

 Este proceso fue grabado y se ve en Srusral Mora Kup, obra compuesta por un video, así como en una instalación formada por 30 puchicangas (huso para hilar) que cuelgan del techo; y en la pieza Na muy pirø wan Wøtøtrantrap, trutøkømø srøtøpaun, tejido que recoge todas líneas de color que marcan las faldas de cada familia.

Para Martín, obras como estas, en contraste con la escultura de luz y sonido visible (Música en una cuerda templada n°2, de Alba Fernanda Triana (1969)) “evoca los múltiples modos en que la tradición y modernidad conviven en la idea del tejido, y cómo allí podemos entender el espacio común de las múltiples culturas que nos configuran, explicitando la cantidad de fibras, muchas veces contradictorias, de las que estamos hechos”.

Como parte de un proceso de experimentación sobre “cómo todo en la naturaleza puede reducirse a un estado vibracional”, Triana, artista sonora, creó esta escultura en 2015, con el propósito de hacer uso de materiales intangibles, como las ondas visibles y los rayos de luz.

En la muestra, en un cuarto oscuro, un parlante emite un sonido inaudible para el oído humano, que se revela a través de la vibración de una cuerda. Luego, esa cuerda es iluminada por una proyección que, a su vez, revela los elementos de la luz y su refracción natural.

“Desde la percepción, estos elementos intangibles podrían considerarse como tejidos, pues ves esas líneas que se forman cuando la onda sonora difracta la luz. Pero, a diferencia del tejido tradicional físico, acá las fibras son una construcción del cerebro”, explica Triana.

Para la artista bogotana, una de las cosas más interesantes de la muestra es que "Martín reunió a un grupo de artistas que están usando algo que tiene que ver con el hilado. Todas las obras son muy distintas, pero logran un diálogo”, expresa Triana.

Para Adrián Gaitán (1983), quien expone la obra Moebius Machine, hecha con colchones usados, más allá de las conexiones entre las obras, al ser el único hombre dentro de la exposición, “es ver que ese oficio de tejer, que en la historia del arte se le ha atribuido a la mujer, aparece mediante reflexiones mucho más potentes y desligadas totalmente del género”.

En el caso del artista, su obra con forma de una onda es una especie de desafío a la alta cultura, pues la figura es representada con objetos usados. “Es como una máquina escatológica, pues en el colchón quedan fluidos corporales, sudor, orín, semen y sangre”, explica Gaitán.

 

Por su parte, Juliana Góngora (1988), ubicó 300 granos de arena sobre un hilo de más de seis metros de largo hecho de telaraña que ella misma recogió; y Delcy Morelos (1967) creó una trama de acrílico con fibras de hierro, que es una continuación de otros trabajos mediante los cuáles ha hablado de la violencia ocurrida en Colombia. 

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