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¿Hasta dónde llegan las fronteras en las artes? La respuesta puede buscarse por medio de alusiones a diferentes maneras de abordar todas las especialidades que agrupa la palabra “arte”. Escénicas, plásticas, visuales, musicales, literarias o cinematográficas, cargan con la responsabilidad de tener las cualidades determinantes y diferenciadoras que establecen una disciplina, conocimiento o especialidad en cada una.
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Podría entenderse que los límites entre las manifestaciones en las artes se evidencian en el uso de procesos de exploración técnica, que producen, por ende, resultados diversos; distinciones entre lo que se conoce como expresiones culturales que en últimas se agrupan en una determinante artística preocupada por la estimulación de lo sensible tras la presentación, representación o interpretación.
Al hablar de artes plásticas los medios tradicionales, como la pintura, el dibujo y la escultura, se mantuvieron vigentes a través de lo siglos, y solo hasta el siglo pasado se permitió la vinculación de nuevas técnicas, hijas de la tecnología de la modernidad, como la fotografía, el video y otras ramificaciones de las artes electrónicas y del tiempo a nivel de las acciones performáticas. Fue a partir de esos momentos, en los que nuevas alternativas se desplegaban para los artistas plásticos, que las delimitaciones comenzaron a desdibujarse y la pregunta sobre las fronteras del arte se hizo cada vez más pertinente. ¿Desde y hasta dónde el video estaría más ligado a las artes cinematográficas; el performance a las escénicas y las expresiones sonoras a las musicales?, ¿estaríamos hablando de un proceso interdisciplinario en el que la permisividad y el intercambio serían emblemas?
El punto de quiebre bien podría establecerse en el rompimiento del modelo tradicional que caracterizaría a la modernidad artística y sus vanguardias desde finales de 1800 y a través de buena parte de 1900. La aparición de una nueva vanguardia se daba como reacción o como propuesta de perfeccionamiento estilístico frente su antecesora (pero siempre con constancia de técnicas y medios); una línea de continuidad estética que aún al mantenerse dentro de los lineamientos de lo que ya la historia conoce como modernidad, llegaría a pronosticar la necesidad de comuniones entre distintas disciplinas a través de medios como el collage y su presentación. Durante la segunda década del siglo XX artistas como Max Ernst hablaban del collage como el medio de “encuentro entre dos realidades distantes en un plano ajeno a ambas”.
La incursión del término contemporáneo en la historia de las artes plásticas llegaría entonces con nuevas maneras de transgredir el orden imperante y determinado en el tiempo bajo el nombre de modernidad. La estética contemporánea se volcaría a una libertad permisiva de experimentaciones, incursiones y adopciones de los lenguajes y medios ya usados por sus otros parientes del arte. De la tecnología como nueva técnica, de la práctica del arte como idea y referente de progreso, de los medios de comunicación como semejantes en la transmisión y del abandono de los límites tradicionales comenzó a evidenciarse la amplitud de territorios a descubrir, explorar y conquistar.
Hoy día, interdisciplina y transdisciplina van y vienen a sus anchas por los espacios de la expresión artística contemporánea; y es justamente a nivel de las “visuales” en donde la efectividad exploratoria se hace ilimitada; la apropiación se ha hecho como método y las categorías o leyes quebrantables y agrupables. Aun en la entropía actual, lo que queda en evidencia es la presencia cíclica del recurso de laboratorio como construcción.
Desde el interior de ARTERIA y a través de sus 14 ediciones publicadas, hemos procurado abordar diferentes manifestaciones de esta contemporaneidad, entendida en el más estricto de sus significados como hija de la época actual. Así, la presente edición abarca desde diferentes perspectivas algunos de los muchos ejemplos de la actualidad artística y su tendencia discontinua. Agradecemos la colaboración de quienes desde diferentes disciplinas han contribuido en la elaboración de documentos que ratifican la transdisciplinariedad; agradecemos también al artista Mateo López, nacido en Bogotá en 1978, ganador de la IX versión de la Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador en 2007 y recientemente del Grant Program de la Cisneros Fontanals Art Foundation CIFO, por su participación en la sección Colección de Arte Arteria y que ya va en su novena entrega.