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Colombianos en el exterior. Le quita la hazaña a la hazaña.
Por: Maríangela Méndez.

Uno de los “top diez” sugeridos por ARTERIA es la presencia de varios artistas colombianos en exposiciones y bienales importantes en el ámbito internacional. Corriendo el riesgo de dejar a muchos por fuera, la lista empezaría con Alberto Baraya y María Teresa Hincapié, quienes participaron en la 27 Bienal de Sao Paulo; Jaime Ávila, que fue invitado a la exposición “C on Cities”, en la X Bienal de Venecia de Arquitectura; Mateo López se ganó uno de los tres premios en la Novena Bienal de Cuenca; Juan Fernando Herrán participó en la Bienal del Fin del Mundo, en Ushuaia; la Revista Valdéz y Esfera Pública están invitadas para el segmento Magazines, de Documenta 12; Rosario López, Óscar Muñoz y José Alejandro Restrepo, al Pabellón Central de la 52 Bienal de Venecia y Mario Opazo al pabellón Latinoamericano en la misma bienal.

También se podrían incluir las exposiciones individuales de colombianos en institutos y museos. Nadín Ospina expuso “Colombialand” a principios de año en el Instituto Cervantes de París; Carlos Jacanamijoy participó en la exposición “Off the Map: Landscape in the Native Imagination”, en el Smithsonian National Museum of the American Indian, en Manhattan; Federico Uribe expone actualmente su instalación “Human Nature” en el Chelsea Art Museum de N.Y. y Laura Ribero está exponiendo en el MAK de Viena, como parte de la colección Der Verbund, de la compañía eléctrica de Austria. La lista es larga y se podría volver interminable, si además incluimos la participación de artistas colombianos en galerías y ferias de arte internacionales.

Para los colombianos exponer por fuera dejó de ser una hazaña, porque algo que hacen muchos le quita hazaña a la hazaña. Eso fue lo primero que pensé cuando me invitaron a escribir esta nota, que además coincidió con la noticia de que tres colombianas habían subido al Everest y que otro paisano había llegado a la cima por primera vez sin oxígeno. Ojo, la nota no decía los cuatro primeros colombianos, sino las tres primeras mujeres y el primero sin tanque de oxígeno. ¿Y entonces? Es evidente que durante los últimos años se ha incrementado notablemente el interés por lo que pasa en nuestro país, y varias exposiciones han adoptado el llamado “arte colombiano” como punto de referencia en sus consideraciones, revisándolo en ocasiones como una categoría entre las producciones intelectuales del arte.

Sin embargo, esta calificación presenta un carácter teórico dudoso, ya que realiza un intercambio de palabras, reemplaza “arte colombiano” por “artistas colombianos”, lo cual nos obliga a repensar algunos de los puntos en el debate entorno a identidad y representación. Así pues, lo que me animó a escribir este “top diez” fue darme cuenta de que aunque sigamos haciendo asociaciones noventeras de identidad, que se articulan en función del país de origen del artista, muchos de estos escenarios artísticos que proveen oportunidades de desarrollo y visibilidad internacional, han cambiado sus modelos de inserción social y participación.

Aunque la presencia colombiana en el escenario internacional está marcada tanto por la urgencia de su condición social, política y económica, como por algunos estereotipos de su tradición cultural (como los trabajos de Ospina y Jacanamijoy), la hazaña de la invitación se debe a que varias de estas propuestas artísticas se inscriben dentro de los temas e iniciativas de ciertas curadurías recientes, como la propuesta por la Bienal de Sao Paulo ”¿Cómo Vivir Juntos?”, o “Think with the senses, feel with the mind. Art in the present tense”, de la 52 Bienal de Venecia, o el segmento de Magazines de la Documenta 12, que reflexiona sobre los espacios y mecanismos a través de los cuales circula el arte en el mundo. Lo valioso está en que la participación de algunos, y sólo algunos, de los artistas arriba mencionados, no se debe a una denominación de origen, ni son la cuota colombiana en eventos políticamente correctos que deben garantizar la inclusión y la diferencia. Por el contrario, se debe a trabajos que evitan las nociones estereotipadas y rompen con el círculo de oferta y demanda, al introducir un nuevo contenido al sistema dominante de representación. La hazaña está en recuperar lo que es importante en arte: las propuestas artísticas, ese “objeto” de mediación e intercambio para nuevas formas de diálogo.

¿Qué pueden significar las identidades nacionales en un tiempo de coproducciones multinacionales y exposiciones tipo Bogotá-Kassel o Bogotá-Río Branco-Sao Paulo? Así como lo ha hecho la curaduría, es necesario que desde la crítica se revisen estos contextos para repensar las definiciones estéticas y las prácticas artísticas actuales. Hay que asegurar el impulso, así como la forma y la calidad con que nuestras producciones culturales actúan y participan en el mundo contemporáneo. Hay que hablar de los artistas a la luz de lo que hacen sus obras dentro del contexto en el cual han sido invitados a participar, pero también hay que revisar la importancia que se le concede a estos eventos como interlocutores. El problema que nos queda es que el tema da como para otras diez reseñas.

 

 

 

 

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