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EVENTOS
Cuatro eventos para destacar. De fotografía y arte contemporáneo.
Por: Julián Serna |
Fotográfica Bogotá, Fotología, Artbo y La Otra, fueron, en concepto de este artista e historiador, lo más destacado de lo que ocurrió en el ámbito del arte durante los últimos 12 meses.
Afrontar la tarea de reseñar los eventos producidos a lo largo de un año y, más aún, si se trata de escoger un par de ellos como los mejores o peores del año es algo que siempre resultará problemático. Siempre se corre el riesgo de herir susceptibilidades. Por eso antes de entrar de lleno a hablar sobre mi selección, quisiera hacer un paréntesis para especificar que no me voy a referir a ningún tipo de evento de orden académico (que pienso, deberían estar reseñados en otro aparte) y que para escribir esta reseña estoy basándome fundamentalmente en la memoria —una fuente muy poco fiable—, de esta manera me disculpo por no poder siquiera nombrar todos los eventos que se hicieron en el país a lo largo de este período. Los eventos que recuerdo son cuatro que, extrañamente, si (como en todo) no estuvieran atravesados por una serie de tensiones personales e institucionales hubieran podido ser dos, los cuatro son: Fotográfica Bogotá, Fotología, Artbo y La Otra.
Respecto a los dos primeros, abiertamente quiero decir que no me interesaron por el énfasis desde el cual se plantean, que en Arteria No. 11 se recoge bajo el título de “¿Existe aún la fotografía?”. Una pregunta que está en la base de ambos eventos y que se limita al medio fotográfico en sí mismo. Una pregunta que huele a naftalina modernista y que hace que yo mismo me cuestione ¿hasta qué punto es necesario llenar buena parte de las salas de exposición y determinados espacios públicos de Bogotá, con propuestas que están cohesionadas solamente por el medio en que están hechas? ¿Acaso hay tantos fotógrafos en Bogotá trabajando sobre los problemas del medio en sí, como para hacer dos eventos de esta naturaleza?
Acerca de los otros dos eventos también quisiera hacer un paréntesis. Elogiar o hablar mal (desde el resentimiento) siempre será muy fácil. Por mi parte, en uno de estos eventos expuse en la sección de “arte joven” y en el otro —como historiador que ha trabajado los años 50— la oportunidad de recorrer la editorial de Canal Ramírez junto a la “niña especial” resultó ser una de las experiencias más felices que he tenido en mucho tiempo. Por eso reconozco que mi mirada al respecto está muy viciada y, por eso mismo, más que hablar de las múltiples virtudes de ambos eventos quisiera hacer una pequeña crítica a estos que, espero, se tome de manera constructiva.
Personalmente, encuentro las ferias muy interesantes, porque pienso que son el mejor termómetro para medir lo que se entiende por arte —por lo menos en un ámbito comercial— en determinado momento. Resulta atractivo recorrer los diversos stands de una feria para poder darse cuenta cómo, entre uno y otro, la construcción cultural de la definición de arte varía enormemente. Es muy enriquecedor ver en acción en un solo lugar la pluralidad del arte colombiano y darse cuenta cómo cada actor responde ante determinada competencia y ante determinado público. En resumidas cuentas, la virtud de estos eventos radica en darse cuenta de que en un país como Colombia existen muchos mundos del arte. Desde esta perspectiva quiero encaminar mi crítica.
La falencia más grande que encuentro en ambas ferias es el irrespeto por la pluralidad de propuestas, que deberían ser propias de los eventos de esta naturaleza. Por un lado, en la última edición de Artbo se creó un comité de selección con el pretexto de plantear —en palabras de Andrea Walter, organizadora del evento— “una feria de mayor calidad para satisfacer las necesidades de los coleccionistas y del público.” Como se redujo el número de stands, por medio de una convocatoria, de las 70 galerías “aspirantes” a pagar su lugar en la feria, se dejaron 26 por fuera. Por el otro lado, La Otra surge bajo la premisa de que no se creía que en la feria “oficial” —en palabras de Jairo Valenzuela, su organizador— “el enfoque hacia lo decorativo que ha tenido Artbo fuera a cambiar mucho.” Desde esta postura, en los comunicados de prensa La Otra se presentaba como “la primera feria de arte contemporáneo en Bogotá.” Entonces cabe la pregunta: ¿un óleo o una fundición en bronce fechada del 2008 o, para el caso que nos compete del 2007, de cualquier artista representado por Arte Consultores —por ejemplo— no es una obra contemporánea?
En las declaraciones de ambas ferias lo que se puede detectar es, a mi juicio, una noción de lo que debería ser una feria muy sesgada por la definición que cada uno de estos personajes tiene de arte. ¿Calidad según quién? ¿Cuál público?¿Cuáles coleccionistas?¿Contemporáneo? Debo reconocer que recorrer La Otra fue una experiencia muy grata, por las razones previamente descritas, y porque la muestra colectiva —aglutinada por la música del DJ que tocaba en el bar del segundo piso, afirmando el tipo de contemporaneidad trabajada por el evento— según mi propia definición de arte, fue una exposición muy buena. Pero como feria de arte, tal vez por el mismo propósito de “incentivar propuesta audaces”, podría cuestionarse porque en la selección de las 15 galerías presentes no se dejó ver los matices involucrados en las propuestas de cada galería. En ese sentido, comparto la pregunta formulada por Beatriz Esguerra — directora de Arte Consultores, galería que fue excluida de la feria “oficial” y también de la “independiente”— “¿Artbo [o La Otra] es una feria o un salón de artistas?”
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