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Profesión: Galerista. Trabajo exigente.
Por: Gloria Samper. |
Por definición, una galería es el lugar donde se exhibe arte con el fin de venderlo. El galerista desarrolla una serie de tareas vinculadas con el mercado (compra, venta y reventa), la formación del público, la promoción de sus artistas, el desarrollo de publicaciones, el trabajo con curadores y, en general, el posicionamiento del arte con que trabaja tanto en el mercado como a nivel académico.
Podríamos decir que un buen galerista es aquel que logra mantener un balance adecuado entre la venta y la promoción de sus artistas. Se convierte en el punto de engranaje entre el artista y el público (llámese compradores, coleccionistas, instituciones o académicos). Tratándose de un negocio, las galerías tienen perfiles diferentes y, entre más se especialicen, más afinada tiende a ser su labor.
Históricamente, los grandes galeristas han logrado desarrollar y mantener unas relaciones estrechas, estratégicas e inteligentes con sus artistas y los demás agentes del mercado. Se trata de un trabajo de acompañamiento en el proceso productivo, el cual puesto en la plataforma comercial, se materializa en la generación de ingresos para el artista para que éste pueda seguir creando. El galerista debe ser un negociante hábil, debe poder anticiparse a las tendencias de interés en arte y debería lograr influir en el mercado a través de su labor profesional. De ahí que deba también ser un excelente relacionista público y cultivar unas relaciones cercanas con los coleccionistas, a la vez que con las instituciones museales. En ellas, además de buscar incluir piezas importantes de sus artistas, busca para ellos oportunidades de exhibición o participación en eventos.
Este esquema general, se aplica a nivel internacional en el mundo de las galerías de arte del mejor perfil. El periódico ARTERIA me ha pedido que evalúe cómo se aplica para las galerías de arte en Colombia, especialmente para aquellas de arte contemporáneo. Sin querer ser crítica sino más analítica, he revisado algunos de los aspectos del funcionamiento actual de las galerías, especialmente en Bogotá, para los cuales doy algunos ejemplos que no pretenden ser excluyentes.
La primera observación es que para poder conocer el arte contemporáneo en Colombia es necesario hacer un recorrido periódico por las principales galerías comerciales y estar pendiente de la programación anual que cada una maneja. Son ellas las que presentan, a veces de manera única, el trabajo más reciente de los artistas contemporáneos colombianos. Con mucha frecuencia es en las galerías comerciales donde se logra ver la primera muestra de algún artista. Sin embargo se debe ser cuidadoso y asesorarse bien, pues hay varias galerías con una programación muy variable en la cual no se maneja siempre la misma calidad de muestras. Fuera de Bogotá, la labor de las galerías es fundamental y casi quijotesca al recaer en ellas funciones más amplias de creación de públicos y desarrollo del mercado.
En algunas de ellas, como en Cuarto Nivel o Galería La Cometa, resulta interesante ver los trabajos dentro de muestras que han pasado por la mirada de curadores asociados, lo cual da argumentos y criterios adicionales para acercarse a las obras.
En cuanto a la labor de formación de públicos y publicaciones, las galerías colombianas tienden a desarrollar una labor más bien básica. La galería Casas Riegner tuvo una iniciativa interesante, Access-Arte, de charlas paralelas a las muestras (con fólder para tomar notas y pequeña guía impresa de cada muestra), la cual, tristemente, se vio interrumpida más por escasez de público que por constancia de la galería. Algo similar ha querido desarrollar la recientemente inaugurada Galería La Localidad en Usaquén. Hay galerías como Mundo, Nueveochenta o Alcuadrado que han desarrollado una serie de publicaciones consistente e igual para todas las muestras. La primera, a través de la Revista Mundo, que trata en diferentes columnas los temas relacionados con cada muestra. La segunda, produce un video documental con entrevistas y registro de la producción de las obras, proyectado en paralelo a la exposición. La tercera, acompaña cada exposición con una publicación de dos páginas con reproducciones de las obras, vistas del montaje y uno o dos textos de referencia. En muchas galerías no se producen catálogos de manera sistemática y con frecuencia se hacen con financiación importante de los artistas. Seguimos viendo aún que la única bibliografía que se termina teniendo de alguna muestra es la invitación a la exposición. Así, se podría complementar esta labor con el apoyo en el futuro de proyectos editoriales externos sobre los artistas de cada galería o de eventos académicos que reflexionen alrededor de los temas que le interesen a cada una.
El perfil de las galerías es uno de los criterios que desde la plataforma de las asesorías, revisamos permanentemente. Un gran artista, inclusive siendo buen negociante y estratega, necesitará siempre de un buen galerista para encontrar un lugar adecuado dentro del circuito del mercado. Un buen coleccionista, además de buenos asesores, necesitará siempre de buenos galeristas que respondan a sus intereses de manera informada.
Es definitivo que en la última década se ha visto una profesionalización de las galerías. Hay nuevas galerías más especializadas y galerías tradicionales que han afinado mucho su proceder. Hemos visto un entusiasmo por la presencia en ferias internacionales y por recibir con brazos abiertos a curadores y administradores de colecciones internacionales que han puesto sus ojos en el arte colombiano. De ahí se han explorado vínculos con el mercado internacional, pues todos somos concientes de que en ese punto aún falta mucho camino por recorrer. La labor de la Galería El Museo con su hermana en Madrid Galería Fernando Pradilla, ha sido exitosa, logrando generar entre ellas un flujo de artistas colombianos hacia un coleccionismo no local. Sin embargo, el mercado sigue siendo reducido. Se ve una especie de homogeneidad en el perfil de nuestras galerías las cuales tienden poco a promover el arte contemporáneo de vanguardia, o sectores especializados del arte, y se quedan con propuestas más comerciales y complacientes con las exigencias poco informadas del público.
Dos fenómenos se manifiestan de manera abierta e inquietante: la venta de obras en los talleres de los artistas sin acuerdo con las galerías y el cambio permanente de galería de los artistas colombianos. Estos dos aspectos resultan muy dicientes del manejo de las relaciones de los artistas con la plataforma comercial, pero también del manejo de las relaciones entre los galeristas y sus artistas.
Una última reflexión se orienta a señalar que son pocas las galerías en Colombia con perfiles restrictivos a épocas o artistas específicos, lo cual lleva a que de alguna manera el mercado se confunda en las mismas manos y sea poco especializado: ¿Donde adquirir obras del arte colombiano de la primera mitad del siglo 20? ¿Y de los grandes nombres del arte moderno colombiano? No es que no tengan mercado. Es que tal vez el mismo se mezcla con el de propuestas más jóvenes que se confunden entre sí en el pequeño universo de las galerías comerciales del país.
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